Buenos días, otra vez por aquí.

Hoy es un día cualquiera en mi vida después del último brote. Son las diez de la mañana y me encuentro aquí,en el sillón, tapadita como una persona mayor (que empiezo a serlo) y llena de unos dolores que cada vez se animan más a entablar una gran amistad conmigo.

Me desperté bien, con bien quiero decir más o menos en hora. Al abrir los ojos ya empezaron a dolerme porque es como si tuviera granitos de arena dentro de ellos, creo que se llama síndrome del ojo seco y que solemos padecerlo los enfermos de fibromialgia (un regalo más de esta enfermedad). He desayunado leche de avena (he de abandonar los lácteos animales por el bien de mi cuerpo) y cereales integrales (no puedo permitirme seguir cogiendo peso que al final salgo rodando de paseo). Todo este desayuno viene acompañado de los dolores matutinos que tan bien conozco: tobillos, rodillas, hombros, brazos, cintura, etc., pero que sé bien que dominaré cuando empiece a entrar en calor y la medicación empiece a hacer efecto. Después de esto, he decidido ponerme a escribir a las personas que pueden y quieren seguir este blog para contarles lo que ya he contado y que a partir de las 11:30 más o menos, comienzo a ser persona, ya no me atacará tanto la fibroneblina (lo definiré en otro artículo) y los dolores irán menguando para darle paso a los mareos y vértigos que me esperan.

Sí señoras y señores, esta es la mañana que tiene un enfermo de fibromialgia que se encuentra en la fase en la que me encuentro yo, pero tengo muchísima suerte, tengo en casa (dependiendo del día) cinco hijos que me apoyan, tres de ellos paridos por mí que se están concienciando como no esperaba yo que fueran capaces; tres perros que son parte de mi familia y que yo llamo mis hijos de cuatro patas. No se  separan de mí para nada. me siguen hasta al baño si los dejo y me alegran cada día que paso con ellos con su cariño y sus travesuras; y tengo un marido que se ha querido informar, después de este último brote, de todo lo que ha podido sobre esta enfermedad y que se ha convertido en mis brazos y mis piernas. Deben tener en cuenta que desde este brote en febrero no he podido ni salir sola a la calle, ya que me da mucha ansiedad, me mareo, me agobio con tanto ruido y tantos colores, con la gente que va y viene, etc. El otro día fui valiente y lo intenté. Me emocioné y pasé la mitad del camino de ida llorando de la emoción, pero la vuelta fue agobiante y agotadora. No me quejo, quizás lo que debo hacer es comenzar por paseos más cortos. Eso sí, como anécdota volví a perderme y a no poder encontrar sola el lugar al que me dirigía, pero preguntando se llega a Roma y yo parecía que de allí venía.

Un beso enorme a todos los que me leen y abrazos de algodón para no dañar a nadie.