Buenos y soleados días.

Voy a retomar una historia que le ha sucedido a una compañera para ver, si entre todos somos capaces de empezar a pensar en los demás, si empezamos a sacar la empatía que tenemos dentro, que yo estoy segura que es mucha porque, pese a lo que está ocurriendo en el mundo, yo sigo creyendo en el género humano.

Está es la historia de mi compañera:

“Buenos días y feliz sábado!

Os quiero contar una cosa que me ocurrió anoche.

Muchas de nosotras, llevamos como condición el síndrome de las piernas inquietas, yo particularmente lo llevo padeciendo mas de 10 años, muchísimo antes de que me diagnosticaran la fibromialgia.

El ir conmigo al cine se convierte en una locura, ya que soy incapaz de dejar las piernas quitas, muchas me entenderéis.

Hace como un año, fui al cine y la pareja de al lado mío me pidieron de mal humor que dejara de mover las piernas, les dije que lo sentía mucho pero que no podía ya que padecía síndrome de las piernas inquietas, por lo visto no se lo creyeron y buscaron en internet desde sus móviles, obviamente me volvieron a mirar mal.

Desde entonces no me gusta ir al cine a no ser que vaya en grupo y algún amigo mío quiera pasar un rato desagradable aguantando a mis piernas, eso o me tengo que poner en el pasillo.

Anoche fuimos al cine, le comenté a la taquillera mi problema, y en la sala a la que íbamos había una butaca “rota” la chica, me puso al lado de esa butaca y me pidió disculpas por lo desconsiderada que puede llegar a ser la gente.

La verdad, no me esperaba que esa chica me entendiera, y me dijo que iba a intentar no dar asientos a la gente cerca de nosotros para evitar que me pudieran ofender.

Ojalá y me encontrará por la vida mas personas como esa chica!”

Bueno, qué opinan? Qué suerte tuvo ayer cuando se lo explicó a la gran persona que le vendió las entradas.

Me emociona saber que seguimos encontrando personas así, que están dispuestas a ayudar a los demás porque, además, no cuesta nada y podemos darle un rato de felicidad a cualquier persona que vayamos encontrándonos en el camino.

Gracias Jenifer por compartirlo con quien quiera leerlo, es fantástico.

Besos y abrazos de algodón (de azúcar por ser fin de semana)