albert

Buenas tardes:

Ayer no escribí nada y es que me encontraba totalmente abatida. Lo explico, tengo un hijo de 16 años, un chico absolutamente encantador -no sólo es que sea la madre, es que realmente es así- un chico del que me siento absolutamente orgullosa por su capacidad de adaptación, su capacidad de lucha, por cómo está llevando todos los cambios que le han ocurrido a esta familia en tan poco tiempo, por su capacidad de amar en silencio y de respetar lo elegido por los demás y por su capacidad para buscar lo que a él le hace feliz. Es un chico sensible que necesita que se le dedique tiempo y que necesita aprender a volar. Bueno, después de esta descripción de mi hijo Alberto, les voy a comentar que ayer me dijo, después de una discusión provocada por mí, que quería irse a vivir con su padre, que él quería ser feliz y que aquí, en esta casa no lo era.

Entendamos que Alberto es un chico al que le gusta mucho pasar tiempo solo y no tener ruidos alrededor, y al igual que los niños de su edad, egoistamente, le gustaría ver siempre en la televisión lo que él quiere, escuchar la música que a él le gusta, que se le haga la comida que él quiere más veces, etc. Si tenemos eso en cuenta, y que aquí tiene que compartir con cuatro niños más, pues empezaremos a entender su incomodidad.

Alberto fue un bebé muy apegado a mí, ya que su padre estaba muy ausente por su trabajo. fue un niño muy bueno y muy tranquilo, no recuerdo ninguna anécdota desagradable con él o de él. Al separarme de mi primer marido, se vio muy responsable conmigo -si me veía despierta a deshoras me decía que tenía que descansar, etc-. Así pasamos un tiempo muy felices haciendo cosas los tres (Elba, Alberto y yo) ya que además, la enfermedad me dejó tranquila un tiempo después de la separación.

Cuando comencé una nueva relación con Pablo, Alberto estaba encantado porque era el padre de un amigo suyo del colegio y así lo veíamos más, pero una inundación en mi casa hizo que tuviéramos que mudarnos a casa de Pablo, lo que por supuesto no le hizo ninguna gracia al padre de mis hijos y a los niños les chocó a medida que iba pasando el tiempo, ya que no era fácil el engranaje. Siguió pasando el tiempo y el padre de mis hijos cada vez era más violenta contra nuestra relación, lo que hizo que los niños comenzaran a rechazarla porque era la culpable de que su padre estuviera triste, llorando y que no pudiera volver con mamá.

Así transcurrió el tiempo hasta que las cosas se calmaron desde que acordamos una custodia compartida y ya no tuvo que pasar nada de pensión alimenticia para mis hijos. Y yo feliz, porque por lo menos no tenía que aguantar sus continuos desprecios delante de los niños, sus malas formas, sus salidas de tono, sus amenazas, sus incumplimientos del acuerdo que habíamos firmado de mutuo acuerdo, etc. A partir de ese momento cesó en sus malas argucias hacia mi, o eso creía yo, porque hace un par de meses, mi hija Elba me dijo que no entendía como era posible que hablara tan tranquila con él con lo que él decía de mi ante ellos y cómo se burlaba de nuestra situación en su casa haciendo cómplice a nuestro hijo Alberto. Mi respuesta fue clara, yo no tenía nada que esconder y el tiempo pondría a todos en su sitio. Elba me decía que a ella le dolía escucharlo, pero que a Alberto le hacía crecer sus pocas ganas de estar aquí.

Sabiendo todo esto dejé que pasara el verano para encontrar el momento de generar una discusión con Alberto -sabía que si no era así no me iba a decir nada- y en medio de ella le planteé la posibilidad de irse a vivir con su padre si era lo que quería. Su respuesta fue clara: SÍ. Al principio me impactó, aunque sabía que así era, porque me sentí la peor madre del mundo y la menos querida por mi hijo. Después de hablar sobre el tema se lo comentamos a mi actual marido que tuvo también una conversación con él.

Hay que tener en cuenta una cosa, Alberto y su padre tienen muchas cosas en común, pero la que más les une es su amor al baloncesto. Dicho esto, también me siento súper contenta de haberme separado de él, porque así él se ha involucrado realmente en el papel de padre que le corresponde y no lo ha dejado a un lado porque lo tenía todo resuelto.

Bueno, que me enrollo, el caso es que después de todo el día de llanto de ayer, ahora lo que siento -aunque lógicamente me cuesta- es la alegría de que mi hijo ha sido capaz de decirme lo que siente, es decir, que me quiere mucho, que no quiere hacerme daño, pero que él también quiere sentirse feliz y que aquí no lo siente. Imagino que tendrá mucho que ver mi relación con Pablo, que somos muchos en casa, lo lejos que vivimos del colegio que lo obliga a ir en guagua, la tranquilidad y el silencio de la casa de su padre, poder ver en la tele lo que quiere, el baloncesto, las pocas tareas domésticas que tiene que realizar en casa de su padre ya que viene una señora a limpiar todas las semanas y aquí tiene que colaborar mucho más, y un factor determinante es que no debe ser fácil para él convivir con una madre enferma que esté de mal humor por los dolores o que no se puede levantar de la cama algunos días, o que se olvida de lo que le dices, o que llega tarde a los sitios porque le duele tanto que se mueve demasiado despacio o que necesita que todos se impliquen más en las ayudas de las tareas domésticas por falta de recursos económicos y de salud.

Así que hoy, después de mucho pensar, lo único que voy a sentir es orgullo por tener un hijo valiente, que lucha por lo que él cree que va a ser bueno para él y que su crecimiento madurativo le hace tomar difíciles decisiones aunque puedan dañar a un ser querido, pero siempre pensando en que él también tiene que ser feliz.

Si está equivocado o no, el tiempo lo dirá, yo siempre estaré para lo que necesita, para alegrarme de sus alegrías o para ayudarlo a levantarse si se cae y él sólo no puede.

Si algún día lees esto sólo decirte que te amo Alberto Almeida Díaz y que me tendrás para lo que necesites siempre y de forma incondicional.

Hoy quiero agradecerle a Yaiza Ramos su amabilidad al tomar su tiempo y dedicárselo a alguien a quien no conoce de nada, a mi, para darle una información que a ella le ha ido bien. Muchísimas gracias Yaiza y como te dije, siéntete libre de escribir en esta página lo que desees.

Me despido con besos y abrazos de algodón.