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Buenas noches:

Les había preparado un artículo un poco técnico sobre el dolor de la fibromialgia, pero hoy no va a ser el día de publicarlo, hoy es el día de la felicidad pura, la mayor felicidad que se puede sentir, la que nunca jamás debe perderse, la que sientes cuando el mundo gira como debe girar y tú te encuentras en el cómodamente ubicada y con las cosas hechas y en su sitio.

Llevo dos noches hablándoles de mi hijo Alberto, de su ida a casa de su padre porque allí se siente más feliz. Bueno, pues después de unas cuantas charlas sobre la vida de cada uno donde, sobre todo yo pude, por primera vez, sincerarme en algunos aspectos de la mía, después de tener su escucha total, su curiosidad de saber quién había sido y por qué había llegado a ser quien era y cómo, y después de que hoy le regalara una foto con su hermana Inés para que se la llevara a casa de su padre y no la olvidara, me confiesa entre llantos que me quiere muchísimo, que lo ha pasado esta semana súper mal y que no se va a ir.

Lo han leído bien, no se quiere ir, lo único que quiere es pasar más tiempo de calidad conmigo, es decir, que por ejemplo, vayamos a caminar o a correr (como si voy arrastrándome) algún día con él. Me plantea que los lunes y miércoles podríamos hacerlo, o los martes y jueves después de entrenar.

Es eso posible? Como madre puedo haberme desorientado tanto que no me haya dado cuenta de que mi hijo quería pasar más tiempo a solas conmigo? Pensé que lo conocía pero nunca pensé que le gustara estar conmigo. Es posible que yo me valore tan poco? Es posible que me pase nuevamente ahora con mis hijos?

A medio día hablaba con Pablo y le comentaba una anécdota que tuve con mi madre y es que cuando yo tenía como unos 14 años ella me preguntó que si yo sabía que ellos (mi familia) me querían. Mi respuesta debió dejarla hecha polvo, porque le pregunté: SI?. No me imagino el dolor que debió sentir mi madre al darle yo esa respuesta, pero es que si les digo la verdad, nunca se me ocurrió pensar en que me quisieran. Sabía que mi madre me cuidaba, me atendía y me enseñaba, pero nunca se me ocurrió pensar que eso era amor. La verdad es que nunca me sentí querida por nadie más de mi familia hasta que pasaron muchos años más. Ahora guardo una discreta relación con dos de mis hermanos, una buena con los otros dos y una extraña con mi padre, donde, salvo que estemos malos o nos pase algo, no solemos llamarnos para nada.

Es así como yo quiero tener a mis hijos el día de mañana? La respuesta es muy clara: NO, así que debo seguir en mi insistencia de decirles cada día que los amo, los seguiré abrazando como si no los fuera a volver a ver, seguiré preguntándoles qué tal han pasado el día y lo más importante, empezaré a pasar más tiempo a solas con ellos para que me cuenten libremente lo que quieran, lo que les preocupa, lo que anhelan, etc.

Estoy feliz, muy feliz. Hoy ha sido un día de reencuentros de verdades, de compartir, de amor. Hoy ha sido uno de esos días en los que la esperanza vuelve a casa, donde puedo sentir que no lo he hecho tan mal como madre, que me he podido equivocar en cosas, pero que mi hijo me mire a los ojos y me diga que está muy orgulloso de mi y que él es quien es por todo lo que he hecho por él y por los valores que le he trasmitido, hace que una sienta el “oficio” de madre como el mejor del mundo como ya he dicho en alguna otra ocasión.

Me siento feliz y sé que mañana es otro día y tengo que seguir con la lucha diaria de educarlos, corregirlos, etc, pero ahora sé cómo hacerlo mejor; además sé que puedo confiar en ellos, que van a hablar conmigo porque les he enseñado a hacerlo, a confiar en que los voy a escuchar y voy a tener en cuenta sus preferencias.

Hoy ha sido un día de aprendizaje, donde mi hijo de 16 años me ha enseñado cómo se pudo sentirse mi madre, cómo debo hacer las cosas con él, cómo he de distribuir el tiempo para poder llegar a todos. Hoy es un día de comienzo, es el día después del miedo, del malestar, del por qué y de la angustia.

Hoy le dedico este artículo a mis tres hijos:

Alberto el responsable, el perfeccionista, el que sufre en silencio, el honesto, el racional, el cariñoso, el deportista, el luchador; Elba la temeraria, la empática, la amorosa, la enfadona, la sincera hasta el daño, la artista, la irracional, la luchadora; Inés la cuentista, la cariñosa, la resuelvetodo, la inteligente, la luchadora, la que envuelve todo con su carácter, la racional, la pizco, la burletera, la simpática, la de la palabra adecuada.

No quiero olvidarme de los tres hijos de Pablo a quienes también se los dedico:

María la líder, la justiciera, la defensora a ultranza de sus ideas; Pablo el despistado, el que construye con su imaginación lo inimaginable; y Carlota la amable, la cariñosa, la pensativa, la honesta, la colaboradora.

Todos forman un equipo que está enseñándonos cada día cómo podemos mejorar como personas, así que GRACIAS

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