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Buenas noches:

Hoy a vuelto a ser un día de dolor, pero no por ello vamos a parar, verdad? Hoy, cierto es, ha habido momentos, sobre todo de la tarde, donde me ha costado respirar, el llanto me lo impedía. He llorado, sí pero por múltiples cosas y sensaciones. he llorado de alegría porque mi hija Elba no se tiene que operar por ahora, he llorado porque hacía tiempo que no sabía de mi tía y me he puesto en contacto con ella (se me mezclan muchas sensaciones con mi tía, la quiero tanto), he llorado porque me dolían hasta las uñas, he llorado porque mi hija Inés ha venido del cole absolutamente cariñosa abrazándome hasta fundirse conmigo en una sola persona (ha sido fantástico aunque doloroso), he llorado por el miedo y la incertidumbre, he llorado por las palabras de mi ángel Christian en mi artículo de ayer. Sí, he llorado y no me da vergüenza decirlo, porque llorar me alivia, hace que mi cuerpo se relaje, libera tensiones y, además, me hace más humana y sienta de puta madre”

He publicado un artículo (yo los llamo así pero igual tienen otro nombre) de alguien a quien sigo que habla de la autoestima. Muy bien. Autoestima se supone que es la estima que nos tenemos cada uno, no? Pues bien, resulta que esa autoestima no suele ser tan auto, o eso creo yo.

Por qué si es “auto” tiene mucho que ver con lo que lo demás piensan de nosotros? Porqué los padres tenemos que tener cuidado al decirle las cosas a nuestros hijos no vaya a ser que se vea tocada su autoestima? Por qué si Mango dice que lo genial es llevar la talla 36 las que estamos por encima puede que nos pongamos a dieta? y sobre todo, por qué una enfermedad puede hacerte caer tanto la autoestima?

Bien, creo que esto es así porque estamos totalmente confundidos, desde mi punto de vista, con lo que realmente entendemos por autoestima. Pero no los psicólogos, los diccionarios y quiénes los hacen, sino las personas que ponemos la autoestima en manos de los demás, en manos de las empresas, de los compañeros de trabajo, en manos de las parejas, en manos de todos excepto en nuestras manos.

A ver, a todos nos encanta que nos digan cosas bonitas, es gratificante, sin embargo nos molesta casi siempre que alguien nos diga que algo no nos queda del todo bien (aunque nos guste a nosotros). Por qué nos molesta? Ponemos nuestro estado de ánimo en manos de lo que piensa el otro porque no estamos seguro de nosotros mismos.

Pues creo que en una enfermedad es exactamente lo mismo. Yo no me tengo por alguien con una autoestima alta, más bien todo lo contrario, pero sí tengo muy claro que la fibromialgia no me hacer ser ni peor persona ni más gorda (bueno, eso si), ni más baja, ni más fea. La fibromialgia no me deja moverme de forma ágil, es cierto, pues me muevo como pueda!; la fibromialgia no me deja centrarme mucho y me confundo al leer, pues tardo más tiempo en devolverle los libros a mi hermano!; la fibromialgia no me deja hablar con claridad, pues pareceré finlandesa, y qué, con lo que me gusta viajar!; que tu hija de cuatro años dice que a mamá se le olvidan las palabras, pues sí, y ella te las recuerda y te alegras de todo el vocabulario que tiene -para algo le pagamos el colegio coño-! (para quien no me conozca es broma); que la fibromialgia no me deja correr con lo deportista que era ates, pues camino con las manos en los bolsillos!

Una cosa sí tengo muy clara, la fibromialgia nunca me hará ser peor persona -peor no se puede ser (también es brooooma)-, ni me hará más guapa ni más inteligente. Nunca me hará más tonta ni menos atractiva. Todo eso lo haces tú misma. Te lo haces a ti y a tus familiares y amigos. Te lo haces de una manera tan cruel que es que no sabría ni como calificarla!!! Tenemos fibromialgia sí, pero somos personas tan encantadoras o tan poco como antes, no nos puede servir de excusa para justificar lo desagradable que hagamos.

A ver, la vida con fibromialgia es muy, pero que muy complicada. Llorar es necesario, caer está permitido, levantarse es obligatorio (y difícil por los dolores) y seguir viviendo es el único camino. Sí, es cierto que muchos maridos o esposas no aguantan al lado de alguien con fibromialgia, pero eso es así, la vida sigue, para ellos/as tampoco es sencillo aguantar cambios de humor, gritos, llantos, quejas y todo esto sin saber lo que está ocurriendo (porque en principio tardan demasiado en diagnosticarlo) y sin saber cómo pueden ayudarnos. Imagino (porque soy buena) que muchas parejas se habrán ido del lado del enfermo por no saber cómo ayudarlo o por no estar preparado para ello. Quién dijo que todos teníamos que ser enfermeros, psicólogos, internistas, fisioterapeutas, masajistas, oculistas, neurólogos, digestivos, otorrinos, psiquiatras, etc?? porque todos esos profesionales son los que necesita un enfermo de fibromialgia y aquí, en España, te ve simplemente el psicólogo, por lo que la pareja, prácticamente sufre el abandono institucional que vivimos los enfermos de fibromialgia. Y lo mejor de todo es que nuestros familiares tampoco tienen ningún apoyo.

Bueno no voy a seguir porque mi amiga Ana dice que a veces me enrollo mucho y que entonces no los lee.

Hoy se lo dedico a mis hijas que me han alegrado el día y a ese maravilloso traumatólogo que es Pedro Montesdeoca que se ocupa de las piernas de Elba desde hace muchos años y tan buena noticia nos ha dado hoy.

Les mando muchos besos y abrazos de algodón.