Buenas noches:

Hoy es uno de esos días en los que te das cuenta de para qué, y ese para qué abarca tantas cosas….. Ha sido un día complicado de incomprensión y de no saber cómo sacar las cosas adelante. 

Me he levantado muy tarde, pero con dolor, dolor en el cuerpo -sobre todo en la espalda- y dolor en el alma – sí, sé que suena cursi, pero así es-. A veces, sólo hace falta un momento para darte cuenta de lo sóla que estás; de que por mucho que estés con pareja, con hijos, con amigos, etc, estás absolutamente sola, y más te vale empezar a ponerte en marcha porque la vida te cambia en un chasquido y ni cuenta te das.

Es un día triste donde me planteo tantas cosas, tantos errores cometidos, tanta falta de amor propio, tanto aguante en distintas ocasiones, tantas humillaciones, tanto tener que comprender, para que!!! No, no es fácil gestionar este tipo de emociones. Es complicado y a veces te cansas de tener que gestionarlas. A veces me gustaría desaparecer y no mirar atrás. Siempre pienso que no iba a importarle a casi nadie y quiero creer que me equivoco, pero me encantaría desaparecer. África, ese sí que es un buen destino rodeado de animales salvajes y de personas de las que aprender, a las que ayudar y de las que no esperas nada, porque realmente ese es el problema, que esperamos cosas de las personas a las que nos damos y no debe ser así, pero creo que no esperarlo en absolutamente imposible. No creo que nos hayan educado para eso.

No sé si es esta enfermedad, la cantidad de pastillas que me tomo o la edad, pero ya no me planteo las cosas como antes de este último brote. Ahora empieza a tomar más importancia mi yo tranquilo, mi yo “espiritual” que dicen algunos. Yo no creo que sea espiritual sino un yo que busca paz interior -muy complicado cuando aparece la rabia derivada de la propia enfermedad- un yo que quiere un silencio sano, un silencio que no implique frialdad, un silencio de recogimiento, un silencio nada distante, que me deja comulgar conmigo misma y que me hace crecer en armonía y amor hacia los demás. 

No sé si me estoy asalvajando. Ya no soporto las tonterías de antes, ahora las veo insignificantes y no quiero vivir con ellas. Ya no soporto los desplantes. Antes, imagino que a muchos les sonará -me refiero a las mujeres con Fibromialgia-, me esforzaba por gustarle a todo el mundo -desde luego no lo conseguía ni de broma-, y cuando veía que no le gustaba a alguien, que le “caía mal” como se suele decir, me hacía daño, pero un daño salvaje, un daño que superaba con mucho lo que yo creía que me hacía, y por qué? Pues muy sencillo, porque nos enseñaron que todo teníamos que hacerlo bien, que lo normal en una mujer era hacer bien las cosas, calladitas y gustarle a todo el mundo, para lo que te tenías que arreglar, y te tenías que comportar de una manera determinada. Mi vida tenía que seguir un patrón “lógico” en el proyecto que habían determinado para mí: cuidar de mi hermano, atender la casa, estudiar, sacar una carrera y salir adelante. Pero lo que realmente me enseñaban era que lo de estudiar y salir adelante, dependía mucho de si encontrabas un buen marido y tenías hijos con él. Entonces te darías a ellos hasta que fueran mayores y podrías comenzar a hacer algo con tu vida – y como ya el punto de cruz, las agujas, y todas las modalidades del coser las tenías controladas- pues podías dedicarte a ir de compras o a deprimirte porque ya no encontrabas nada que hacer y tu vida se volvía insulsa y vacía. Ese más o menos era el proyecto. Me obligaron a creer que por ser mujer tenía que cuidar de los demás, que era mi obligación, y yo me lo creí.

Pero ahora que la vida me ha puesto esta dura prueba delante, he podido medio entender que el sentido de la misma no es darse siempre a los demás, que yo también soy importante, que tengo que tener mi espacio y mi tiempo, que si alguien se molesta por ello es su problema, que no todo en la vida es trabajar y cuidar a los demás. Qué lástima!!! Me he dado cuenta cuando estoy enferma y cuando mi autonomía se ve absolutamente tocada y hundida, cuando mi cuerpo no me acompaña en el viaje, cuando mi miedo -ya sé que ese lo puedo trabajar- es mucho mayor que la confianza que puedo tener en mí misma.

Ahora sueño. Sueño muchas veces con escapar de esta realidad. Sueño que soy ágil y valiente y me voy a vivir a África con los animales salvajes y con las personas realmente necesitadas. Sueño que vivo absolutamente sola en mi silencio y mis pensamientos, sueño que soy valiente y realizo lo que realmente quiero realizar sin miedo a equivocarme, porque para qué estamos aquí sino para equivocarnos, aprender y seguir adelante, y sueño, sueño,sueño. Incluso a veces te sueño a mi lado, mirándome, respetándome y pidiéndome disculpas a la vez que me animas a ser yo, sin más críticas ni reproches, simplemente yo y que además sientes y te llenas de orgullo por haberme convertido en una persona libre y sin ataduras emocionales. Por ello casi siempre quiero dormir para sumirme en ese sueño y en las aventuras de una vida paralela que me he construido para lograr algo más de felicidad y poder seguir adelante.

Amo con toda mi alma a mis hijos, por eso sueño, sueño y sueño…….

Gracias por leerme. Les mando besos enormes y abrazos de algodón.