Buenas tardes:

Sé que ayer no fue muy alegre el artículo, pero me gustaría explicar que esta enfermedad tiene eso, esa montaña rusa en la que estamos subidos los enfermos de Fibromialgia. 

El día de hoy ha sido y está siendo duro en cuanto a dolores, de hecho me levanté temprano para despedirme de Inés y poder desayunar con ella – que le encanta – y después de medicarme tuve que volver a la cama porque el dolor era absolutamente inaguantable y, además, venía acompañado de ese fuego que te quema por dentro que no tengo ni idea de lo que puede estarlo provocando, pero que es muy, pero que muy desagradable. Me volví a levantar a eso de las 12:00 y el cuerpo me dolía un poco menos. 

Después de mucho pensar en lo que me está pasando llego a la conclusión de que quizás tenga que hablar más con el psicólogo sobre mi trabajo, porque no es muy normal que sienta miedo por ver un grupo de adolescentes con piercings. Reconozco que yo nunca tuve grandes problemas con los jóvenes con los que trabajaba, a mí me parecían chicos muy faltos de cariño, normas y autoestima, pero no tuve nunca problemas irresolubles o inquietantes, más bien al contrario, me solía llevar muy bien con ellos aunque me llamaban la “normativa”.  

Pero si es cierto que tuve otra serie de problemas en el trabajo que me marcaron muchísimo, sobre todo por no hablar con quien debía, por aguantar que se abusara de mí durante más de dos años -y reconozco que es una visión absolutamente subjetiva- en cuanto a volumen de trabajo, por aguantar las habladurías de la gente contaminante que sólo pretenden dañarte y no enfrentarme personalmente para acallar las bocas de los mentirosos y manipuladores, por aguantar abusos de “compañeros” que sí iban a quejarse de mí a la superior jerárquica con sus mentiras, por no saber hablar y poner más de una cosa en su sitio, por esperar que la verdad saliera a la luz sin darme cuenta de que quien debía velar por esa verdad en primera instancia era una persona hipócrita a la que no le interesaba que la verdad se viera porque entonces saldría también a la luz su ineptitud y su incapacidad para coordinar las cosas con honestidad, por aguantar la manipulación de información que había, por esperar a que cada uno se responsabilizara de su cometido sin darme cuenta de que yo era la única persona que no veía su cansancio del tema y seguía creyendo que lo haría, por creer que el sistema sería justo y que pondría cada cosa en su sitio, por creer que las personas se responsabilizarían realmente de sus trabajos en bien del menor, por sufrir hasta el último momento lo inhumano de no saber si iba a poder cuidar a mi hija después de su operación porque la conciliación familiar existía de aquella manera o para los elegidos; JA!!!

Sí, creo que tendré que hablar más con el psicólogo porque al ver a ese grupo de jóvenes, lo que me viene a la mente no son ellos, los del centro; lo que me viene a la mente es el temor de encontrarme un cuadrante donde estuviera absolutamente desbordada de trabajo y que cuando las chicas de prácticas o las que sustituían lo leían, me decían que por qué no hacían ellas alguna de las funciones que me tocaban a mi, que lo que estaba plasmado era absolutamente abusivo. 

Después del trabajo llegaba a casa dolorida, sin ganas de moverme, confundida, irritable, etc. No podía ser madre pero ni si quiera persona y eso ha hecho que yo me haya vuelto tan gris y haya supuesto una involución en mi enfermedad. Una involución que se iba a dar en algún momento, pero que se vió acelerada por el estrés, por el abuso, por la falta de descanso, por la falta de tiempo para hacer bien las cosas y por la falta de comprensión y de justicia que se impartía desde algunos estamentos del centro. 

Pido disculpas a los adolescentes que veo y me transportan a esa realidad vivida, no tiene nada que ver con ellos. También pido disculpas a los compañeros que sí estaban y los aburrí con mis quejas o sufrimientos, pero sobre todo me pido disculpas a mi, porque soy la primera que me he maltratado en esta situación, por ser cómplice de la mala sangre y de la envidia, del no saber hacer y del no querer hacer, del querer quedar bien en vez de poner las cartas sobre la mesa para que todos pudiéramos sentirnos a gusto y cuidados en el centro y por último, pido disculpas a los jóvenes del centro a los que no me dejaron dedicarles más tiempo por tenerme siempre del tingo al tanto y porque el tiempo que les dedicaba no era de mucha calidad porque no me permitían prepararme las sesiones que tenía que impartirles por lo que hubo que improvisar mucho.

Dedicado a ellos, a los que saben que están dañando al resto, porque tarde o temprano les llegará su momento. Y dedicado sobre todo a los jóvenes que han pasado por el centro y he conocido. Ha sido un placer.

Les mando besos y abrazos de algodón.

PD: Si alguien se siente aludido es posiblemente porque se le alude