Buenas noches:

Aquí estoy un día más, un día de esos en los que mejor no te hubieras levantado,aunque, sí, mejor que me levantara y me quitara la venda de los ojos.

Este fin de semana están todos los enanos con nosotros, bueno menos María; y ya sabemos lo que sucede: llévame, tráeme, tengo partido, yo entrenamiento, yo quiero salir, no me apetece sacar a los perros, por qué yo, qué vamos a comer, y un largo etcétera.

Madrugamos para llevar a Elba a su partido que, aunque jugaron muy bien y lucharon como jabatas, terminaron perdiendo 3/1. A Elba le gustó mucho que las animáramos, no sé ni cuantas veces me dio las gracias por haberlo hecho. La verdad es que es una niña complicada por enfadona, pero tiene el mejor corazón que me he encontrado en los muchos años de vida que tengo. Es tan, pero tan buena. Tiene unos valores tan nobles y tan limpios. Es tan transparente que ojalá los mayores pudiéramos aprender de ella, es valiente, luchadora, intrépida, locuaz, imaginativa, inquieta, curiosa y nunca se ha sentido infravalorada, acomplejada o acobardada por su enfermedad. Es una tía con mucho tesón. Bueno, voy a limpiarme la baba y a continuar.

Volvimos del partido y por fin vi a Alberto ya que ayer llegó tan tarde que no lo ví. Pude hablar muy poco con él porque se iba a ver el clásico de fútbol y a comer con unos amigos. Es increíble cómo van haciendo su vida y cada vez cuentan para menos cosas con nosotros. Cuándo me desperté y mi hijo se había hecho casi un hombre? También me siento muy orgullosa de él. Es un tío de actitud limpia, deportista, buen estudiante, responsable, organizado, defensor de su opinión, capaz de escuchar y pensar en lo que le dices, maduro, le costó pero ha aprendido que no siempre gana, no pierde la ilusión, cuida a quienes ama, amigo de sus amigos, de claras convicciones que podemos compartir o no. Tengo una compañera de trabajo, Fabiola, que una vez me dijo que no podía hablar de mis hijos porque siempre lloraba emocionada (no sé si se acordará) y escribir sobre ellos no hace que me emocione menos.

Después del almuerzo, ya por la tarde, fuimos al cumpleaños de unos amigos de Inés (es una idea fantástica porque hemos cuadrado hacer los cumpleaños por trimestres y así celebramos el de cuatro o cinco a la vez). Y qué les voy a decir de la benjamina de la casa. Es una tía estupenda, divertida, juguetona, amante de los animales, cariñosa, guasona, dije cariñosas? me equivoqué, Inés es absolutamente amorosa. Es inteligente, sensible, le gusta la naturaleza, el reciclaje, conoce los planetas, es rápida en sus respuestas, imaginativa, qué más les puedo decir, estamos intentando inculcarle unos valores que son los que nos mueven a nosotros y por ahora los sigue. Espero que, como los demás crezca de forma sana tanto física como psíquicamente. Es tan madura…… Ya estamos otra vez con la emoción, ja! Pues me da igual, prefiero emocionarme con ellos que con el clásico Barça-Madrid como otras personas, para eso los parí yo.

Pues bien, todo este día entregada a mis hijos ha sido un día donde el dolor me ha acompañado, el físico y el mental, donde la incomprensión ha sido aún más evidente que en otros momentos de mi vida, donde la bifurcación de los caminos se ha hecho patente y las ganas de construir puentes se han agotado, donde se ha hecho evidente la desaparición paulatina de las fuerzas y de la confianza, donde ya no esperas nada, por lo que caes en un manto de negra oscuridad que no parece iluminarse con ninguna de las sonrisas con las que antes se iluminaba. Eso duele y duele tanto que lo evidencian mi maltrecho cuerpo, mi maltrecha mente y mi maltrecha alma. No sé cuál de los tres está más tocado. Siempre hemos sabido lo que afectan las cosas de los sentimientos a la Fibromialgia, pues imagínense como me siento hoy, es una mezcla entre aturdida, dolorida, desorientada, lenta de reflejos y de movimientos, desganada, deshauciada, desencantada. No tengo fuerzas ni para gritar y entre más lo pienso, menos fuerza me quedan. A veces me pregunto dónde estaba yo mientras todo se iba al carajo y luego pienso, dejando nuevamente de amarme.

He aprendido una lección que nos puede servir tanto a fibromiálgicos como a no. No creas que puedes amar a una pareja, a un amigo, a un animal, a una flor o a una simple cosa hasta que no sepas o puedas amarte a ti mismo. 

Gracias por leerme. Les mando besos y abrazos de algodón, y les vuelvo a pedir, por favor, que compartan para que podamos ayudar a más personas.