Buenas noches:

La vida sigue igual….” Es parte de una canción, no? Creo que sí, seguro que si le pregunto a Pablo me dice cual y me la canta en varios idiomas. Pues en este caso así es, la vida sigue igual. Sigo bastante dolorida, lo que hace que me sienta muy triste. Hoy he llorado, pero he llorado de desconsuelo, de incomprensión, y hoy , durante un rato, me atacó el por qué a mí. Ya sé que no hay respuesta y que no debo invertir tiempo buscándola, pero hay ciertos momentos en que te ataca la dichosa pregunta y te entristeces. 

Sigo bastante dolorida, mi cuerpo, por ahora, no quiere reaccionar de forma positiva al medicamento, lo que hace que siga teniendo las manos y los pies hinchados sobre todo por la mañana. Después de dos días acostada pensé que hoy iba a estar mejor, pero no ha sido así, estoy mejor que ayer, pero no lo mejor que yo esperaba. 

Aún así, por la mañana me levanté temprano, aunque me costó muchísimo y fui a la piscina. Hoy hiciste la clase más corta porque tenía que asistir al médico, así que hice 45 minutos. Lo bueno es que hoy he caminado mucho más que otras veces. La ida a la piscina fue dura, muchísimo mareo, muchísimo vértigo, iba de un lado a otro de la acera y me desorientaba con facilidad. Para no seguir así entré en un comercio donde me sentía más “segura”. Cuando conseguí salir seguí caminando hasta la piscina. Llegué y me tomé un cortado porque era muy temprano. Luego hice los 45 minutos de la clase y volví por el mismo camino para ir al médico. Saben una cosa? Me perdí. Otra vez, no pude encontrar el camino del médico con facilidad y tuve que dar varias vueltas, pero llegué. Con el médico estuve bien, hablamos un poco de cómo había avanzado en cuanto a salir sola, de cómo había intentado salir de noche con el perro y lo que me sucedió y de cómo ha influído de forma negativa en mi algunas de las relaciones de trabajo que tenía, lo abusivo de la situación según mi perspectiva y la poca capacidad mía para informar en tiempo y forma de lo que me estaba sucediendo. También hablamos de que la medicación no me estaba haciendo efecto y que tendría que hablarlo con el médico de cabecera.

No les voy a engañar, sé a ciencia cierta que mi nueva crisis tuvo muchísimo que ver con la operación de Elba y con la falta de espíritu que se quedó una niña que se pasaba el día riendo y saltando; pero el trato recibido en el trabajo -como ya hablé en el artículo “se acabó con el silencio que acabó conmigo”- y mi aguante durante dos largos años, también ha hecho que yo cayera en el más profundo agotamiento mental y físico. Imagino que tendré que aprender a gestionar mejor las cosas, pero creo que si cada uno se responsabiliza de sus actos, el mundo sería mucho más llevadero incluso para los fibromiálgicos.

Después del médico también caminé y sola, increíble hasta hace sólo unas semanas. Llegué hasta la calle Venegas donde me esperaba Pablo y sólo me perdí en una ocasión. Fuimos a una reunión que teníamos y comimos algo para ir a recoger a Inés. Yo ya sentía que llevaba mucho tiempo fuera de casa y comenzaba a sentir ansiedad; me costaba respirar, no podía parar de mover las manos y necesitaba terminar ya la ruta para llegar a casa. Recogimos a la niña y Pablo me dejó con ella en casa para que me tomara la medicación y me intentará relajar mientras él iba a recoger a Elba. Intenté hacer unas manualidades que tenía pendientes pero no pude, me ponía más ansiosa, así que lo guardé todo, y me vine a la cama a escribir -hay que ver cómo me tranquiliza y me ayuda el estar aquí en silencio escribiendo y comunicándome con ustedes-  

Hemos quedado con los niños para ver una peli cenando pizza (ellos, claro, yo no me lo puedo permitir ya). Vamos a ver qué tal sale porque las pelis que les ponemos ni siempre les gusta pero son absolutamente incapaces de decirte un título para que lo busques. 

No dejo de sentir tristeza y melancolía y no sé por qué. No sé si a mis compañeros de partido, los fibromiálgicos guerreros, también se sienten así en ocasiones. Yo no es que ponga la caseta de campaña en esos sentimientos, pero joder, la verdad es que me es muy complicado luchar para no sentirlas. Esa frase “cualquier tiempo pasado fue mejor” tiene mucho poder para un enfermo crónico, sobre todo para el que siente un dolor tan intenso que, sin pensarlo dos veces, se abriría en canal si supiera qué es lo que tiene que sacar y sacarlo. Esta enfermedad es muy dura, pero mucho, lo que pasa es que, como te dicen muchos médicos, los avances en su investigación no son tan rápidos porque no mata. A veces no sabes si es peor que no lo haga o no, dudas tanto en seguir adelante, pero luego ves a tus hijos, a tu marido, a tus hijos de cuatro patas, a tus hermanos, a la gente que se ocupa y se preocupa por ti y quieres seguir, pero esto se vuelve un círculo vicioso donde cada vez gana más tiempo el dolor y se va apoderando de ti volviéndote un ser destructivo, desagradable y agresivo y así es muy difícil obtener lo que necesitas que no es ni más ni menos que comprensión y cariño y es por esto que le estoy tan agradecida a Manchitas, Pablo, porque aunque me vuelva ese monstruo, sus ojos no me juzgan, su mirada no me devuelve la frialdad que me merezco, él sólo sigue ahí, esperando a mi lado a que se me pase y dándome besos hasta sea yo la que pueda devolverle a él ese cariño.

Dedicado a todas las personas que han sufrido circunstancias parecidas en el trabajo y le han afectado de una manera u otra. 

Me despido mandándoles muchos besos y abrazos de algodón y rogándoles que compartan para que podamos ayudar a más personas.

Gracias.