Buenas noches:

Hoy ha sido un raro, un día solitario, un día en el que realidad, imaginación, sueños y realidades se han mezclado en el mismo sillón que me ha visto estar durante parte de la semana pasada y esta. Estoy mejor, sí, pero estoy mejor porque lo he asumido (creo), porque no lucho contra ella, porque espero pacientemente a que se me pase el dolor para darme prisa y hacer algo antes de que llegue el siguiente, porque en vez de desesperarme me río con ella y he hecho de la Fibromialgia mi mejor amiga, porque es cierto que, al igual que la vida, parece que nos dice no cuando en realidad nos dice espera. Estoy mejor porque he pasado las mañanas escribiendo y porque no me obligo nada a recordar, sólo plasmo en mi lienzo, que es el i-Pad, las verdades, los sueños, las ilusiones y todo lo que mi imaginación quiere dejar volar. Estoy mejor porque me permito llorar casi cada día para que mis ojos saquen de dentro toda la contaminación que tienen y puedan ver la belleza que hay en la vida y en los seres humanos. Estoy mejor porque mi alma -no sé si por la medicación o no- siente una paz tranquilizadora y no sé si es por haber sucumbido, por apatía o por concienciación. Estoy mejor porque he aprendido a que sólo va a estar quien quiere estar y no estará quien no quiera y eso me da una gran tranquilidad porque no me compromete con nada ni con nadie; estoy mejor porque mi mente viaja con las lecturas que hago o con los documentales que veo -llego muy lejos, no sé si es porque no quiero seguir aquí-, estoy mejor porque cuando hablo soy capaz de hacerlo con más calma y no acelerada como si tuvieran que entenderme en dos segundos, o a lo peor, que simplemente tuvieran que entenderme porque ya eso no me preocupa. No quiero que me entiendan, quiero simplemente que me escuchen y si encima me entienden, qué afortunada soy. He aprendido que muy pocas personas me van a entender, no importa, no es fácil vivir así, pero como ya estoy mejor me lo tomo de otra manera y no me agobia tanto. 

Es verdad -voy a hacer una reflexión- antes me preocupaba muchiiiiiiiiiiiiiiisimo que me entendieran, poder encajar aunque fuera forzándome a mí misma, tenía la necesidad de que no tuvieran nada malo que decir de mí y eso me hizo pasar por encima de mí en muchas ocasiones. Qué perdida estaba, que poco me valoraba, sólo era capaz de ser yo misma con muy poca gente por si me rechazaba el resto, y resulta que con quien he sido yo misma es con quien más querida me he sentido. Recuerdo una anécdota de mi cuarenta cumpleaños. Era una fiesta sorpresa que mi marido me había preparado, pero como era sorpresa me dijo que invitara yo a los amigos que quisiera el domingo -la fiesta sorpresa era el sábado-. Por supuesto yo, pensando que la gente iba a estar ocupada en sus cosas, preparé un mensaje y se lo mandé por whatssap a las personas que creía no les importaría venir a mi fiesta. Yo estaba bastante desanimada porque pensaba que nadie iba a esforzarse por venir. Mi marido me preguntaba que si no iba a invitar a Chicho y yo le decía que no, que él seguro que no vendría, en realidad siempre pensé que yo le importaba una mierda. El sábado era la gran sorpresa. Cuando llegué al lugar de la fiesta, una de las primeras personas a las que vi fue a Chicho. Él, al rato me preguntó “por qué no me invitaste?”  Y le respondí que porque él siempre estaba ocupado. Se rió y me dijo, “já, esa es tu excusa para no invitarme?”. Me dio tanta vergüenza decirle que yo pensaba que le importaba una mierda, que creía que hablaba conmigo en el centro porque no le quedaba otro remedio. Y no es que él me tratara mal -ni de coña!!!- era simplemente que yo era la que creía que era una mierda, pero como reconocerle eso el día de mi cumpleaños. Después nunca más me atreví a decirle nada, pero empecé a creerme que algo de cariño sí que me tenía. Creo que ahora es el momento de que lo sepa, así que le mandaré este artículo cuando me seque las lágrimas y lo pueda terminar.

Saben lo que se suele determinar un “juguete roto”? Es ese deportista que cae en las drogas por lo bueno que era, lo rápido que le llegó un reconocimiento que no supo asimilar y se endiosó, por ejemplo Maradona; seguro que ya saben a qué expresión me refiero. Pues bien, yo me sentía así. No por ser absolutamente sobresaliente en lo que hacía, sino porque era la niña que entraba por el ojo a algunos adultos muy poco recomendables. Eso fue rompiéndome e hizo que me sintiera tan mal conmigo misma que no quería ser yo. Un día me di cuenta de que no era mi culpa, pero creo que fue demasiado tarde, ya me había hecho todo el daño que había podido a mí misma. Así que ciertamente hoy estoy mejor porque no tengo que aguantar esas manos, porque no tengo que sonreír para disimular, porque no tengo que llorar en silencio, porque no necesito que todo el mundo me quiera, porque tengo claro a quién querer incondicionalmente y porque me repito una y mil veces que no fue mi puta culpa!!!

Gracias por leerme. Les mando besos  y abrazos de algodón y les pido que compartan para poder ayudar a otras personas.