Nunca lo había visto, pero nunca lo había visto porque a su edad no estaba ella preparada para fijarse. Su tía le pidió que la acompañara a ver a sus primos a un partido de voleibol, y ella fue encantada porque era con una de las personas con las que más segura se sentía. Al llegar al partido su tía le comentó algo así como: “mira que niño más bonito juega con tu primo”. Esa fue la primera vez que lo vio. Era bonito sí, pero era algo más. Su cara trasmitía alegría y mimo. Cuando sonreía los pequeños ojos achinados se cerraban y no se les veía. Era bonito, pero tramitía dulzura y algo de timidez. 

No volvió a saber de él hasta un día que hubo una fiesta en casa de un amigo. Allí lo vio y se saludaron como si los dos hubieran estado esperando el momento de volver a verse. Daba la impresión de que él también se había fijado en ella. Pero a medida que la noche pasaba, él, que estaba en edad de experimentar, tuvo un pequeño problema con el alcohol que lo llevó directamente a la cama del dueño de la casa. Ella se acercó para ver cómo estaba y él le cogió las manos explicándole que estaba bien aunque se había excedido con las copas. 

Pasaron largo rato hablando y él no le soltaba las manos, ella tampoco quería que se las soltara. Llegó la hora del fin de la fiesta y volvieron a casa.  Al día siguiente escuchó a su primo hablar por teléfono y apareció en la habitación con él pegado en la oreja; le dijo: “es él, llama para invitarte esta tarde al cine” pero ella directamente contestó un simple “no”. 

No debió ser fácil para él asumir un no sin ningún tipo de explicación y por mediación de un tercero, a esas edades un rechazo no se lleva bien y menos si es por mediación de otra persona. Ella siempre se arrepintió de esa respuesta. Lo cierto es que no estaba preparada para responderle a su primo que se moría por volverlo a ver. No es menos cierto que durante la noche, después de haber llegado de la fiesta, ella vio que no tenía nada que ofrecerle a él. Venían de mundos totalmente diferentes en los que él iba a colegios caros y ella muchas veces no tenía comida en la nevera; su padre en paro y una madre ama de casa y vivían de lo que algunos vecinos les daban y de lo que sus hermanos y ella sacaban en haciendo diversos trabajos. Ella sabía que no estaba a la altura y, casi sin querer, se sentía rechazada de antemano por su condición. Posiblemente él creería que la familia de ella estaba al mismo nivel que la de sus primos, pero no era así. En este caso pudo más su complejo de inferioridad que las enormes ganas de volver a verlo. 

En realidad, lo juzgó sin saber y sin conocerlo del todo. A lo mejor a él eso no le importaba, a lo mejor ella tenía algo de lo que él podía carecer, como por ejemplo cariño (sólo a lo mejor), comprensión. A lo mejor, si hubiera ido con él al cine hubiera conocido a una persona con valores que nada tenía que ver con lo que ella creyó, porque fue absolutamente injusto que ella lo juzgará antes de conocerlo (aún no se ha perdonado haber sido tan injusta con alguien), a lo mejor….

El tiempo pasó y no volvieron a verse, aunque a ella le consta que preguntaban el uno por el otro en ocasiones. Él se casó, hizo su vida con una chica que tenía mucho que ver con él, colegios caros, fiestas, etc. Luego se divorció y ella se casó. Una vez coincidieron en un hotel en Tenerife y se saludaron con cariño. Los dos estaban acompañados por sus respectivas parejas. Pasaron los años y ella se divorció y se sentía serena y tranquila. Un día se encontraron en el supermercado, él con su pareja y ella con sus niños. Volvieron a saludarse con cariño. Sus vidas siguieron y él volvió a casarse y ella también. Se volvieron a encontrar en el supermercado él con su hijo y su mujer y ella con su marido. 

Con el tiempo volvieron a encontrarse en algunas redes sociales y contactaron. Chatearon alguna vez y ella lo disfruto, aunque le molestó que en alguna ocasión la llamara “chata”, pero por supuesto no se lo tuvo en cuenta. Y el tiempo sigue pasando y pasando, ella nunca ha tenido la oportunidad de decirle que lamenta no haber ido con él al cine, que lamenta no haberles dado la oportunidad de conocerse, que lamenta no haber sido más valiente y lamenta haberse avergonzado tanto de sí misma  y haberle dado un lacónico no.

Lo lamenta