Buenos días:

Hoy hace frío, hay humedad, he descansado poco así que me duele todo, absolutamente todo el cuerpo. No sé cómo lo voy a hacer, pero hoy es la representación de mi hija en la parroquia del colegio y no me la voy a perder aunque tenga que ir en silla de ruedas (para quien no me conozca es una exageración). Bueno, todavía no estoy en ese momento, pero lo que sí haré será ducharme, vestirme, maquillar mis ojeras y ponerme mi mejor sonrisa para que mi hija disfrute de su día. 

Hoy también he quedado con mi amigo Eduardo, y saben qué? voy a ir. Me da igual el frío, me da igual la humedad, me da igual el dolor, hoy voy a vivir. Seguro que mañana me pasará factura, pero hoy voy a salir, después de mucho tiempo, a pesar de mi maltrecho cuerpo. Voy a ser persona, voy a relacionarme. Lloraré mi dolor antes y después, al regresar, pero en medio aplaudiré a mi hija y disfrutaré con mi amigo; y saben por qué? Simplemente porque me lo merezco, igual que nos lo merecemos todos los enfermos de Fibromialgia, y todos los enfermos a los que su enfermedad no les deja realizar una vida normal. Desde mis letras, que es mi humilde aportación a mis queridos compañeros de padecimientos, les animó a todos a que por un momento, y sólo por un momento, se visualicen donde quieran estar, en el paraíso que quieran vivir. De verdad, háganlo. Procuren mantenerse allí, pese al dolor, un rato cada día. Sientan la felicidad de poder vivir en sus pensamientos como si fuera en su paraíso particular, acompañados de las personas que quieras, sólos, o como quieran. Es su mundo perfecto, es su mundo paralelo al que tienen aquí. Escápense un rato cada día, aunque sea antes de dormir, y verán cómo se afronta la vida de otra manera. Visualicen por favor, y después cuénten las experiencias, las emociones sentidas, lloren, rían, griten, sientan, disfruten cada momento a su manera y dejen por esos minutos el dolor aparte. 

Sí, sabemos que el dolor va a volver cuando volvamos a nuestra realidad, pero y esos minutos de felicidad en tu paraíso cada día? Inténtenlo por favor. No importa que las primeras veces no salga, que no lo logremos, que no hayamos buscado el momento idóneo, que hayamos errado en el paraíso buscado, seguimos intentándolo para engañar a nuestro cerebro y hacerle sentir algo placentero. De verdad, funciona. Tienen mi blog abierto o mi página de Facebook para contar lo que han sentido siempre que les apetezca.

El día estaba frío y lluvioso, pero ella tenía que salir, tenía que escapar de aquella jaula de oro que habían construido ella y su marido. No podía más, se asfixiaba, le faltaban la felicidad y la alegría. Ella siempre había sido muy risueña, con mucho carácter, pero muy risueña, ocurrente, alegre; y todo eso sólo lo vivía ciando sus pequeños estaban en casa. La pasión se había acabado, ya no esperaba su regreso porque en realidad prefería que no regresara. Nunca se había planteado por qué se fue apagando, hasta que un día, escuchando una canción, lo comprendió todo, es lo que tiene Joaquín Sabina, que explica las cosas a su manera, pero muy bien.

Fue entonces cuando se armó de valor y se lo dijo a él. Le contó lo infeliz que era, le contó que ya no lo amaba, le contó que no tenían nada en común, que ya no tenían nada más que compartir, le contó que cada uno había crecido hacia un camino diferente y que no existía puente capaz de unir la gran distancia que los separaba, le contó que estaba cansada de vivir en una soledad acompañada; le contó y contó. Fueron tantas cosas las que le contó, que se sorprendió cuando entendió que él no había comprendido que la situación estaba acabada. 

“Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido”. Así fue, puesto que ella no quería dañar a nadie. No quería que sus pequeños se alejaran de él y volvió a convertirse en una esclava de los desplazamientos para que los niños estuvieran con su padre. Volvía a casa para limpiar y recoger y al acabar, volvía a salir para recoger a los pequeños de la casa de su padre. No era vida, porque ella no tenía tiempo para nada, seguía viviendo en una jaula de oro pero ahora podía abrir la puerta cuando quisiera, pero no sabía cómo vivir. Siempre se había dedicado a cuidar a alguien y entendía que era para lo que había nacido.

Un día decidió probar algo nuevo, decidió coger las riendas de su vida y tomó una decisión que hizo que la peor de las iras cayera sobre ella. Se desató la tormenta por dos frentes y comenzó a diluviar en esa jaula que cada vez perdía más el oro pero tenía la puerta más grande y más abierta. Por mucho que no queramos y que intentemos que no suceda, la tormenta intenta mojar a todo el que coge debajo, por lo que los niños, por mucho que llevarán paraguas y chubasquero, terminaron empapados, viviendo una situación que debía haberse evitado pero él no estaba por la labor. Así que los niños se fueron empapando cada vez más hasta que cogieron un gran resfriado. La pequeña no importaba mucho a la otra parte, por lo que el resfriado fue pequeño, pero el mayor, ese es el que realmente importaba, ese es el que hubo que ingresar por neumonía, porque estaba tan mojado que su corazón empezó a fallar y dictaminar gracias a la parte que escuchaba. Fue doloroso. Tan doloroso que  espero que ningún niño tenga que volver a pasarlo porque se le rompa el corazón por la tormenta desatada por la incomprensión, la incomunicación y el sentido de posesión unido al capricho de no saber asumir que ya no quieran acompañarte en tu camino.

Pero las cosas siguieron rodando ella ha llegado a un estado en el que, en ocasiones vuelve a tener episodios de explicaciones, o episodios de tratos poco agradables de su envenenado cachorro (envenenado no porque sea malo, es un ser espectacular) al que siguen dándole dosis muy sutiles de desaprobación con lo que vive con su madre. Ella aguanta en silencio y dialoga mucho con él, pero sabe que desde que deje de ser “pequeño” desde que deje ser necesitar tantos “cuidados”, desde que deje de necesitar tanto “seguimiento” se le invitará a vivir en la tranquilidad de la casa de su padre para seguir dañando a su madre. 

Así es la vida y así es cómo debemos tomárnosla. Ella entiende que no lo ha hecho todo bien y que, como humana que es, sigue equivocándose cada día, qué bendición, saber que te equivocas y no pasa nada, cambias el rumbo y sigues adelante. La vida te pone en unas situaciones con las que tenemos que lidiar de la mejor manera posible. Ella ha aprendido que no tiene que luchar por la perfección, ni por la excelencia; sólo debe luchar por ser una persona y por hacer las cosas lo mejor posible. Ha aprendido que no es culpable del daño que los demás se hagan con ella, sólo es responsable de vivir su vida lo mejor que pueda y procurando no hacer mal a los demás. Lo bueno de esto es que la vida pone a cada uno en su sitio y te devuelve toda la maldad y la soberbia que has ido cultivando.

Gracias por leerme. Me despido con besos y abrazos de algodón y pidiéndoles que compartan para que podamos ayudar a más personas.