Buenas noches:

Pues como les dije esta mañana, ya están los niños aquí. Llegaron hoy después del colegio. Pablo medio malo igual que Carlota, Alberto llegó más tarde ya que creía que entrenaba y Elba tan cariñosa como siempre. Ah! También llegó Inés. La verdad es que es una alegría tenerlos a todos en casa, aunque están en la adolescencia y está costando mucho la comunicación con ellos. Enseguida se disparan o te dan un vaaaale, o tarden en meterse en la ducha 15 minutos para luego tardar 45 en salir de ella, o te dejan la habitación tirada sabiendo que tiene prisa.

Como dije antes, es una alegría que vengan, pero reconozco que yo no estoy en el mejor momento para afrontar la dura realidad de tener cuatro adolescentes en casa. Nada más pensarlo me agoto. Cada vez que van a venir me voy poniendo nerviosa hasta que en un momento u otro estalló sin más, es como si hubiera una especie de animal salvaje dentro que quiere salir y no me deja tregua. A veces me meto en mi habitación para intentar no escuchar tanta música, tanto canto, elevaciones de voz, tele, i-Pad, discusiones, etc y me sienta mal porque no comparto ese tiempo con ellos. Además, también lo hago porque en el momento que estoy presente Elba y Alberto aprovechan para pelearse más o me buscan para discutir. Pablo está ahora en plan te ignoro y Carlota, que sigue siendo un amor (como todos los demás), se quiere hacer notar hablando muy alto y llamándole la atención a su hermano por todo lo que hace. 

Sé que hoy no ha sido un buen día, me levanté con mucho dolor, sin ganas de hacer nada, aunque hice camas, pasé aspiradora y limpié algunos pisos; pero al terminar eso, ya me metí en el sillón a intentar descansar mientras escribía. Hacía mucho frío y yo no conseguía encontrar el equilibrio que encuentro muchas mañanas, tal vez porque sé que cuando vienen todos los niños, Pablo y yo no funcionamos bien, tal vez porque no tenía todo el silencio que quería, tal vez porque me dolía tanto el cuerpo que ni siquiera la medicación consiguió paliar esta agonía.

Después de almorzar me metí en la cama intentando encontrar un poco de silencio y ver un poco de tele tranquila mientras me quedaba dormida. Todo fue imposible. Bueno, todo no, vi la tele aunque no tranquila, no hubo silencio porque hubo varias entradas y salidas para cuadrar quedadas de última hora y para saludar el que más tarde llegó; también Inés se empeñó en venir a ver el i-Pad a la habitación pero “bajito mamá”. Me dolía tanto el cuerpo que no encontraba una postura cómoda para poder descansar. Mi cuello gritaba pidiendo auxilio mientras mis piernas no sabían dónde colocarse. Yo procuraba cerrar los ojos, pero me fue absolutamente imposible dormir algo. Lo necesitaba. Antes, cuando me dolía mucho el cuerpo, dormía después de medicarme y más o menos se me aliviaba un poco, pero ya ni eso; ya no puedo dormir para intentarlo, ya me despierto varias veces por la noche, ya el descanso va faltando a mi vida, por lo que la rueda negativa comienza a rodar otra vez. Ayer volví a amanecer con el herpes en el labio, es mi indicador de que las cosas no marchan. 

Me siento triste porque lo que realmente me apetece es salir corriendo y no parar, o coger un avión y perderme en cualquier lugar en el mundo donde no tenga responsabilidades -lo que tampoco me haría feliz porque no estaría con mis hijos-, o coger el coche y conducir y conducir hasta que no quede gasolina -y resulta que no puedo conducir desde febrero- y quedarme dormida en él, o cogerme un hotel e irme fundiendo la tarjeta de crédito y regresar cuando no quede nada o tenga cargadas las pilas, no sé a quién voy a engañar, la tarjeta ya está fundida y mis pilas poca carga cogen con esta enfermedad.

Hoy he sentido tanto dolor, que mis dedos encogidos casi no me dejaban escribir en el i-Pad, el trasero no sabe ya cómo colocarse para no seguir doliendo, los brazos me pesan como si hubieran engordado 10 kilos cada uno, los tobillos parece que se me van a partir de un momento a otro, el cuello no aguanta más el peso de la cabeza, tengo que apoyarla cada dos por tres, mis trapecios (Néstor, ya sabes lo que son) están como una piedra y yo lo único que quiero es huir. Para colmo, cuando estoy así debe ser que me pongo más seca o algo, que no hago más que tener malentendidos con Pablo, es increíble, no sé si es que llegan los niños o que soy yo como él dice, pero no hacemos más que discutir. Yo intento hablar bien, pero él siempre encuentra un matiz, por pequeño que sea, que me haga desagradable en la forma de plantear la conversación, o en la forma de decir las cosas, o en la forma de hacer referencia a alguien, o en lo que sea; el caso es que siempre es un problema mío cuando él decide dar una conversación por concluida sin que hayamos llegado a ningún consenso. Es horroroso. A mí me daña mucho y no tengo cuerpo para esto. Mira sí, igual soy yo, pero ya es que me da igual, no tengo cuerpo para esto. Esto no es lo que yo entiendo por construir puentes. Si he dicho algo que molesta, lo suyo es hablarlo para poder  arreglar la conversación. Si la manera de comenzar la conversación no te parece adecuada, lo dices, para pedir disculpas y aprender cómo comenzarla, aunque también puede tener más mano izquierda y no ser tan exigente con los demás. Creo que cuando uno es exigente debe empezar por serlo con uno mismo. 

Yo así no puedo. Así no puedo. Siento que mi cabeza da vueltas, que no estoy bien en ningún lugar, que mi casa se vuelve una trampa mortal para mis sentidos y para mi estado anímico, que no puedo salir corriendo porque salir sola me sigue dando miedo y más cuando me encuentro así, que no puedo huir porque solo me dañaría añorando a mis hijos, que tampoco quiero volverme una carga o un coñazo para ellos, ni para los hijos de Pablo, ni para Pablo. 

A veces me siento encadenada y ni siquiera puedo escaparme a mi mundo paralelo donde, no es que todo sea perfecto, pero por lo menos no estoy enferma.

Mantengo el ánimo arriba, pero hoy siento que estoy absolutamente agotada, y no sólo de esto, agotada de la vida, dolorida, sin fuerzas para nada, la palabra puede se exhausta, creo que sí.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón y les ruego que compartan para poder ayudar a más personas.