Buenas noches:

Pues el día de hoy terminó como empezó, húmedo, frío y lluvioso. Por la mañana fuimos a dejar a Elba en el colegioporque tenía   una acampada y luego bajamos a ver si llegábamos al partido de Alberto y si llegamos, pero tarde. Ya habían acabado perdiendo de mucho, aunque ya él me lo había advertido. Volvimos a casa a dejar a los enanos y fuimos al centro comercial. Al regresar tuvimos charla con los ellos, porque ninguno había limpiado su habitación. Es increíble como en la adolescencia te da todo absolutamente igual. Por más que les expliqué que no es lo mismo que limpien cada uno una habitación a que yo limpie cinco, dos baños, cocina, salón y dos terrazas; ellos lo seguirán viendo como algo que no está dentro de sus tareas.

Bueno, limpiaron y mientras Pablo hacía el almuerzo yo me vine a la cama a escribir. He escrito un minirelato que no he publicado en los grupos de Fibromialgia pero que pueden leer, si les apetece en mi página de Facebook “Conviviendo con la Fibromialgia”; el relato se titula Y la vida siguió…. Luego almorzamos y llevamos a Inés a un cumpleaños donde pasamos un poco de frío pero nos divertimos mucho.

En realidad a mí me costó tomarle el pulso al cumpleaños, porque, como estaba lloviendo, todas las actividades, el castillo hinchable y la música estaban metidos en la sala donde estábamos sentados y donde era la merienda, así que de repente, yo empecé a sentirme muy incómoda, me costaba identificar a la gente, estaba mareada, me costaba mantener el equilibrio, caminaba como hacia los lados, la música me taladraba los oídos igual que los gritos de los juegos de los niños. Por mi parte no escuchaba a los padres que hablaban y yo prefería no hablar mucho porque tenía la impresión que estaba torpe.

Salí fuera a que me diera el aire y Pablo salió conmigo. Le pedí que me llevará por favor a casa y él me dijo que por qué no me esforzaba un poco más. Un poco más; de verdad pensaba él que no me estaba esforzándo? De verdad creía él que era capricho mío? De verdad pensaba que estaba en plan mimoso “llévame a casa”? Le dije que me estaba esforzándo en tono enfadado y me dijo que él no lo había dicho a mal, que lo disculpara, pero que si quería leerlo todo mal. Leerlo todo mal; cuanta importancia tienen para mí esas palabras. Leerlo todo mal; no es que me sintiera nerviosa, insegura, con vértigo, ansiosa y a punto de perder los nervios por la cantidad de estímulos audiovisuales exagerados que había en aquella sala; no es que él, siendo el sano, puede empatizarse y entender de una vez cómo me puedo sentir en ese momento; no es que él puede buscar unas palabras más tranquilizadora a que las que dijo; no, no es nada de eso, es simplemente que yo me lo quiero tomar todo mal, como si yo estuviera encantada de sentir los agobios que siento para poder tomarme mal lo que él dice. En fin, corramos un tupido velo.

Al final, no me vine a casa, me quedé allí pero conseguí sentarme y entablar conversación con una de las madres que hablaba más alto de lo normal, así no parecía que me caía del mareo, no sentía tanto vértigo y no tenía que estar a cada rato preguntándole que qué decía.

Al llegar a casa nuevo malentendido y yo vuelta a la habitación a escribir. Me doy una ducha de agua caliente y me tapo bien porque me duele mucho la espalda, la mandíbula, los brazos, el cuello, los pies; pero he de reconocer que me alegro de haberme quedado en el cumpleaños y ver cómo disfrutaron los enanos. Pablo estuvo después más atento y cariñoso y eso es de agradecer. 

Gracias por leerme. Me despido con besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.