Buenas tardes:

Pues sí, al final me animé y fui a la acampada de mi hija. Antes de ir tuve discusión en casa, la incomunicación es lo que tiene, y luego tuvimos que pasar por el centro comercial a comprar unas cosas. Qué aventura!!!

Como íbamos enfadados me hice la valiente y decidí que yo iba sola a comprar, que él se esperaba en el coche con Inés. Qué error por mi parte. Ya subiendo la escalera me encontré con una compañera de trabajo y su familia lo que hizo que saltaran mis primeras lágrimas al preguntarme qué cómo estaba y al saludarme con un abrazo. Después estré en el supermercado y había muchísima gente, para mí muchísima; iba caminando por los pasillos, mejor dicho, vagando por los pasillos, pegada a un lado temiendo cualquier cosa que me pudiera encontrar. Desquiciada, mareada, desesperada por salir, con vértigo, con el cuerpo tenso, con miedo, atolondrada; así es como me sentía. Estaba totalmente aturdida sin tener muy claro qué tenía que coger y entonces el torrente de lágrimas comenzó a brotar de mis ojos sin parar. 

Acabé de comprar lo que necesitaba y salí pensando que él iba a dar la vuelta y a esperarme fuera pero no fue así, cuando llegué a donde me espera otras veces con el coche no estaba. Lo llamé desesperada al móvil y me dijo que se había quedado aparcado dentro, que ahora salía. Su frialdad al verme no me sorprendió en absoluto, no fue capaz de preguntar absolutamente nada, ni cómo me sentía, ni cómo me había ido ni nada. Lloré hasta llegar al lugar de la acampada, donde volvimos a tener palabras serias en uno con el otro. 

La cosa se fue relajando a medida que pasaba el tiempo. Estuvimos con Elba que nos comentó que se había divertido mucho, jugamos con Inés, comimos, escuchamos misa y nos volvimos a casa más relajados. Al llegar saqué un momento a los perros y me cambié de ropa para abrigarme y tumbarme un poco en la cama a escribir. 

Qué dura me pareció la experiencia en el supermercado. Qué sensación de impotencia, de desolación, de debilidad, de miedo, de angustia, de agobio…. Y qué duro llegar con tu marido y que pueda más el estar enfadado por una situación anterior que el cómo me ve en ese momento. Me siento absolutamente incomprendida. Hay momentos en los que el baño de soledad es absolutamente helado y duele el alma cuando te cae encima. Es una soledad acompañada que yo no sé y no quiero aprender a vivir. 

Después de llegar de la acampada me siento más cómoda y tranquila. Voy a ver si soy capaz de descansar un rato para que se pase el mal trago y poder seguir el domingo de la mejor manera posible.

Gracias por leerme. Les mando besos y abrazos de algodón y les ruego que compartan para poder ayudar a más personas.