Buenas noches:

Ahora un pequeño relato que se me acaba de ocurrir. Perdonen si no les gusta.

Cuando volvió a casa, no podía creer lo que sus ojos veían. En la entrada, en el espejo que siempre se mira antes de salir habían escrito “serás el siguiente” con lo que parecía sangre. Entró corriendo y gritando el nombre de su amada, pero ella no contestaba. No contestaba ni contestaría, ya que se había marchado lejos, muy lejos de las posibles miradas de él; lejos de sus manos, de su boca, de todo su cuerpo y hasta de su pensamiento.

Inmediatamente empezó a llamar al móvil de ella, pero no contestaba nadie. Llamó a casa de su madre, de su hermana, de su mejor amiga, pero nadie sabía nada de ella. Se había esfumado, el viento del norte se la había llevado igual que la había traído hacía ya cinco años. Preocupado por las letras escritas en el espejo y por no poder encontrar a su amada llamó a la policía comunicándo lo que ocurría. 

Es la casa se presentaron varios coches de la nacional y se bajaron de ellos agentes que venían a hablar con él. Cuando tocaron el timbre él les abrió y se precipitó sobre ellos con una avalancha de comentarios de un espejo, de letras, de desaparición, etc. Los agentes lo calmaron y le hicieron entrar en la casa. Entraron con él y le escucharon todo lo que tenía que explicarles, que se había ido al trabajo, que su mujer se había quedado, como siempre, en casa; que al llegar vió las letras del espejo y le parecía que estaban escritas con sangre, que había llamado a todos los sitios en donde ella solía estar si él no estaba,etc. La agente le preguntó que por qué se alteraba tanto, que lo que había escrito en el espejo era con pintura de labios y que su amada podía estar en cualquier lugar, que cuál era el motivo de su exaltación. Él no esperaba esa pregunta y su respuesta fue absolutamente reveladora; “porque ella no va a otros sitios sin mi”. 

La mujer policía sacó sus esposas del pantalón, le leyó sus derechos y se lo llevó a comisaría sin más explicación. Al entrar vio a su amada sentada en una silla prestando declaración. Le explicaba a una policía como su amor, el hombre que dijo protegerla, la violaba todas las noche, le pegaba siempre que se enfadaba, le hizo abortar cuando se encontraba embarazada de tres meses. El hombre que decía era su amor, la humillaba a diario, la insultaba, le decía que no sabía hacer nada, no la dejaba salir sin él salvó a casa de su madre o de su hermana, siempre que los moretones no se vieran. Ese hombre era el que le había dicho que sería hasta que la muerte les separara. Así que ese día se llenó de valor y huyó lejos de él, para que no pudiera dañarla más. Por eso escribió en el espejo “serás el siguiente” porque ahora él tendría que enfrentarse con el peso de la ley porque ella ya era valiente para denunciarlo. Ella ya tenía autoestima, ya sabía que podía y debía hacer algo. Sabía que tenía que huir y buscar verdadera protección y así lo hizo.

Después de juicios, psicólogos, cárcel y familia apoyando, ella es feliz consigo misma, él sigue cumpliendo condena en otra provincia porque,  con lo mal que los presos se llevan con los maltratadores han tenido que cambiarlo de prisión en varias ocasiones. Por lo que lo que ella le escribió en el espejo se estaba cumpliendo y ahora le tocaba a él ser el maltratado.
                                                                                                                                                                                                     María Díaz