Buenos días: 

Hoy me siento inspirada. A lo mejor no es inspirada la palabra, quizás sea eufórica; por qué? Ni idea, pero tampoco importa, lo importante es que, como sé que se puede evaporar en cualquier momento, voy a aprovecharlo ahora que lo estoy así.

Ella esperaba que llegara de su viaje, anhelando sus palabras, sus mensajes, sus labios… Él regresó de lo que debió ser un viaje no sólo a una maravillosa ciudad, sino un viaje al interior de su alma donde descubrió que la compañía que tenía era la más adecuada y la que realmente le reconfortaba. A su regreso ella le preguntó si había llegado bien y él respondió que sí, por lo que ella entendió que todo estaba acabando, de otra manera no hubiera hecho falta que le preguntara si había llegado. 

Cada uno en su lugar seguían sus vidas de la mejor manera que sabían y podían. En varias ocasiones ella le dijo que lo añoraba, pero no obtenía respuesta a su mensaje, lo que había era una preocupación por su bienestar con la típica frase de amistad cercana, por lo que ella entendió que todo estaba acabado, que ya no habría más conversaciones, ni paseos, ni mensajes ni nada.

Comenzó a seguir su vida como se sigue en estos casos, como estaba antes de que él apareciera pero con una experiencia más. Vivió metida en su jaula de oro mientras los demás hacían entradas y salidas en ella. Pero por qué, en qué momento ella cedió todo su espacio hasta el punto de no encontrar dónde sentirse tranquila en su propia jaula. Cómo era posible que no tuviera escapatoria, cómo había llegado a eso?

Los días fueron pasando mientras conocía personas a través de la red con las que se sentía identificada, con las que podía compartir vivencias, miedos, angustias, remedios, etc. Eso iba haciendo que no estuviera tan sola, que su vida fuera más amena y tranquila cuando podía tratar ciertos temas y ayudar siendo ayudada.

Si ella hubiera podido escoger su realidad, ésta hubiera sido otra. Pero estaba en la realidad en la que se había colocado, aunque se repite una y otra vez que no sabe muy bien cómo. Su falta de fe le había dejado bien claro que no había sido voluntad de Dios el que ella estuviera ahí, así que tenía que entender que era su responsabilidad y de nadie más. A veces intenta pensar y concluye que las secuelas en su alma han ayudado a que su mente se detenga en la falta de fuerza para seguir avanzando en la vida, para coger de manera responsable lo que quiere, para probar y equivocarse, para, en definitiva, vivir, pero VIVIR en mayúsculas, porque así es como se tienen que hacer las cosas, en mayúsculas, sintiéndolas, amándolas, soñándolas…

Fue entonces cuando llegó la añoranza de él. No sabe muy bien por qué, pero llegó, y de la misma manera que llegó, se fue; así, sin más. Para ella fue sorprendente cómo se produjeron las cosas, pero lo aceptó como acepta las decisiones que las personas quieren tomar, con la tolerancia que espera se tenga también con ella. No hubo más palabras, no hubo más explicaciones, no hubo despedida, fue así, sin más.

En un momento determinado ella pensó que por qué, pero luego decidió entender que la respuesta era porque sí, y si no era esa, no importaba hasta que él quisiera explicársela, que nomparecía el caso. Así que decidió seguir adelante con su vida, entregada a la colaboración y ayuda a quienes lo necesitan, pero había aprendido algo, primero se iba a ayudar ella para poder ayudar mejor a los demás.

Las personas hacemos a veces cosas de las que nos arrepentimos o de las que no estamos seguros. Está bien lanzarse sin miedo y aventurarse en una vida deseada, pero no está bien que para ello vayas pasando por encima de otras personas como si no tuvieran importancia. Debemos ser responsables de nuestros actos y afrontarlos con valentía y claridad. Esa es mi forma de pensar y espero que sea mi forma de actuar.

Este relato se me ha ido ocurriendo según lo iba escribiendo. Espero que no les aburra mucho. Es lo que les contaba de la euforia, igual mañana lo leo y pienso: cómo fui capaz de escribir algo asi!!!

Besos

                                                                                                                                                                                                                           María Díaz