Debió pensar que estaba sola. No se percató del hombre que estaba sentado en la última fila del teatro, con sombrero y fumándose un pitillo. Ella lo único que quería era una oportunidad, una oportunidad para poder demostrar su valía, una oportunidad para decirse a sí misma que eso era lo suyo, que no debería abandonar porque amaba más el ballet que su propia vida.

Anduvo y anduvo por el escenario cuando de repente comenzó a escuchar una sintonía en su mente. Era la sintonía que ella había elegido para cuando le hicieran la prueba; era su sintonía de la suerte. Mientras la escuchaba su cuerpo empezó a contonearse con movimientos sugerentes. Movimientos que llevaban a otros movimientos y que iban trenzándose hasta hacer un baile totalmente diferente al que conocía el hombre sentado en la última fila del teatro.  Ella siguió bailando y bailando; el escenario parecía pequeño gracias a su gracia y su sinuoso movimiento. El hombre que estaba sentado en la última fila del teatro empezaba a ponerse nervioso; sudaba y se retorcía las manos mientras ella, ajena a los nervios de aquel hombre, seguía su baile con su música imaginaria.

Cuando terminó de bailar, el hombre tuvo que ponerse en pie y empezar a aplaudir como si estuviera poseído por el alma de aquella bailarina que estaba en el escenario. Ella se sobresaltó y lo miró. Al verlo, se sobresaltó aún más porque reconocía aquellos rasgos claramente, era el director de la compañía, el hombre que le podía haber dicho que bailara un poco para que tomara una decisión, el hombre que acababa de tirar todo su futuro por la borda no dejándola actuar porque ella se empeñaba en hacerlo descalza, ya que tenía que familiarizarse con el suelo de aquel maravilloso teatro.

-No entiendo sus aplausos, estoy descalza y he bailado así, tal y como usted me lo impidió.

-Todos cometemos errores, pero te aseguro que si vienes mañana a las 10 en punto, formarás parte de nuestro espectáculo.

– Pues hasta mañana entonces

– Hasta mañana.

Ella recogió toda su ropa y todas las cosas que tenía que recoger, y salió corriendo para contarle a su madre que tenía un hueco en el espectáculo al que se había presentado. Iba pensando en ello y corriendo como las locas. No lo vio. No vio el coche que venía por la carretera que ella iba a cruzar corriendo. Él intentó frenar, pero iba muy deprisa y no pudo hacerlo a tiempo.

Mientras estaba en el suelo esperando que viniera a buscarla la parca se sentía feliz, porque sabía que lo había conseguido, sabía que el director de aquel maravilloso espectáculo había contado con ella desde que la vio bailar; sabía que el no haber cedido ante la obligación de ponerse los zapatos de baile, la había convertido en una pequeña rebelde mujer con carácter y también sabía que se hubiera terminado casando con aquel director que le dijo primero no y que cuando la vio bailando, no pudo contener las emociones que le hacía sentir. 

Ahora estaba en aquel suelo de asfalto esperando a que viniera una ambulancia, un señor trataba de reanimarla, pero no había manera.. Cuando llegó la ambulancia ya era demasiado tarde. En ese mismo instante pasaba el hombre que estaba sentado al final del teatro y vió lo que todo el mundo estaba observando. Fue entonces cuando se dio cuenta de que la amaba. De que la empezó a amar desde el mismo instante en que la vio, que la empezó a amar como él era capaz y sabía hacerlo,de forma desesperada. 

Todo fue demasiado tarde, o fue en su justo momento. No sabemos si es que está escrito que tenga que ser así, o así lo convertimos nosotros. El caso es que ella voló lejos de él sin saber que él la amaba de forma desesperada. Por su parte, él también se quedó sin saber que ella lo amaba, así que la muerte es injusta y caprichosa. Nos hace vivir. Unas cosas que nunca entenderemos, pero las viviremos.

Gracias por leerme les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.