Cuando conoció que su destino estaba ligado al de aquel profesor de piano, empezó a pensar que su suerte había cambiado; para bien o para mal?

Ella era la hija única de un matrimonio bien avenido de la zona de Vegueta. Vivían a unos pasos de la Catedral de Santa Ana. Cada tarde al regresar del colegio, paraba en la plaza del mismo nombre a jugar con las palomas que allí estaban. Era una muchacha feliz. Estudiaba música en el conservatorio, pero le resultaba una metodología excesivamente estricta con la que le costaba mucho comulgar. Ella era alegre, alocada, juguetona, en definitiva, demasiado”movida” para aquellos estirados profesores que lo único que tenían en la vida era la música. Frustrados compositores o intérpretes que buscaban siempre una perfección que ellos jamás habrían alcanzado ni en sus mejores sueños.

Habló con sus padres de la posibilidad de continuar sus estudios en casa, con un profesor particular y presentarse por libre a los exámenes que el conservatorio hacía cada año a las personas que se matriculaban en esa modalidad. Los padres estuvieron de acuerdo desde el principio, así la tendrían más tiempo en casa porque entre unas cosas y otras, no paraba allí. Comenzaron a hacer entrevistas a diferentes profesores de piano de renombre y con unas excelentes credenciales. Ella estaba presente en las entrevistas y también daba su opinión, cosa que sus padres agradecían y las tenían muy en cuenta. 

No sé si fue en la quinta o en la sexta entrevista cuando lo vio entrar. Aquel esbelto ser de ojos azules penetrantes que parecía más un jugador de rugby que un profesor de piano. Él no dejaba de mirarla hasta que por fin se sentó para comenzar la entrevista. Su voz, clara y fuerte, resonaba en la sala como si la música sonará en los oídos de ella. Era un hombre serio pero no parecía severo -como las fieras del conservatorio- tenía las cosas muy claras, los objetivos bien trazados, daba las explicaciones precisas sobre quién era y de dónde venía y sus credenciales eran magníficas. No hubo duda para ninguno de los tres. Decidieron sobre la marcha y desecharon la idea de ver a más candidatos para el puesto. 

La primera vez que entró en el salón y se dirigió al piano, miró a la s ojos a la joven estudiante y fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba totalmente perdido. Era la primera vez que se fijaba en ella, porque en la entrevista centró su mirada en el padre y la madre, no quería parecer descortés o inapropiado. La vio como quien ve a una Diosa del Olimpo que aún estaba esperando para despuntar y llegar a su plenitud de hermosura. Ella, sentada al piano, lo miraba con asombro y exitación. Sus labios se ponían tensos, carnosos y más rojos. Su piel se erizaba y no podía articular palabra. Fue él quien rompió el hielo presentándose y dándose cuenta de que ella ya sabía quién era porque había estado en la entrevista. Ella se presentó con un hilo de voz ininteligible que se asomaba al balcón de sus labios.

Comenzaron la primera clase intentando conocerse mejor e interpretando unas piezas que ella había seleccionado de un libro que tenía en su casa. Por su parte, él la observaba tocar y no podía ocultas la exitación que sentía. Se sentó al lado de ella para poder corregirle la postura de las manos, pero cuando la tocó, una descarga eléctrica se adueñó de la situación haciendo que los dos jóvenes entendieran que el destino los había unido por fin para no separase jamás.

Pasaron los días, los meses y ella tuvo que presentarse al examen del conservatorio. Fue la mejor nota del año. Una profesora que le había dado clases otros años le preguntó que cómo lo había conseguido y su respuesta fue clara y concisa; por fin había descubierto la pasión por tocar el piano. Otra metodología había hecho de ella la pianista que nadie había visto jamás, dándole seguridad, diversión y pasión por el instrumento. Le explicó que había descubierto la pasión necesaria para sentir cada nota y cada acorde que acariciaba con sus frágiles dedos.

Cuando regresó a su casa dió la gran noticia a su padre y a su madre, que comenzaron a saltar de alegría. Su profesor también se encontraba allí y al oír la noticia se acercó a ella, la tomó por la cintura y la besó apasionadamente. Sus padres se quedaron atónitos al ver la escena, pero en el fondo se dieron cuente desde el principio que estaban enamorados desde la primera vez que se vieron, así que encontraron otro motivo para celebrar esa misma tarde.