Buenos días:

Aquí estamos un día más para saludarles y contarles cómo van las cosas. Es gracioso, yo nunca había escrito un diario y esto es como si fuera uno y además público. No importa, lo bueno es que me siento bien haciéndolo, que los comentarios que me hacen en Facebook y por wordpress me nutren como persona y me enseñan a vivir de una manera diferente, porque es curioso, yo seguramente me siente con alguien a dialogar y no sea capaz de contar tantas cosas como las que cuento aquí. Es que el anonimato de la escritura es fantástico -esto me recuerda que tengo que decirle a Emilia que debería seguir con su blog-.

Saben lo que creo? Creo que las personas que padecemos Fibromialgia somos unas personas muy fuertes. Muchas veces he escuchado a quienes la padecen que no es justo, que con la vida tan difícil que han llevado, y muchas veces me lo he escuchado a mí misma dentro de mis pensamientos (a mí me cuesta expresar si me parece justo o no). Creo que en el fondo, cuando estamos pasando una espantosa crisis, cuando nuestro cuerpo se retuerce, cuando se nubla nuestra mente y no podemos leer o salir a la calle, cuando gritamos en silencio y nuestras lágrimas brotan por dentro para que nuestros familiares no vivan nuestra desesperación; TODOS Y QUIERO DECIR TODOS, HEMOS PENSADO POR QUÉ A MÍ!!! Y creo que la respuesta es muy sencilla -que seguro, y por llevarme la contraria, la ciencia mañana descubre la causa y no tiene nada que ver con lo que yo digo-, es tan sencilla que la nombramos en esos momentos de desesperación, por la vida tan dura que hemos llevado, porque de manera u otra, hemos vivido cosas que no hemos sido capaces de quitarnos de encima el dolor que nos han hecho sentir, porque aunque hayamos perdonado no nos hemos perdonado, porque no hemos entendido que perdonarnos significa pasar página con el corazón sin herida, y eso es muy complicado. Porque, muchas veces, perdonar implica ver que quien nos ha dañado ha pagado por ello y eso en muchas ocasiones no pasa. Porque no todos sabemos perdonar, implica mucho más que decírnoslo o decírselo a alguien. Creo yo que si nos analizarán a las personas que padecemos Fibromialgia nos daríamos cuenta de que tenemos mucho que ver, de que nos parecemos mucho y afrontamos las cosas de la misma manera. 

Una de las cosas que he aprendido con el neurotrainning es que el organismo sabe perfectamente cómo responder ante las circunstancias que van apareciéndo os en la vida. No es menos cierto que en alguna ocasión podemos resolver algún conflicto de alguna manera que no sea adecuada, porque no respondamos como nuestro organismo lo haría sino como hemos visto a alguien resolverla, por ejemplo. Bien, pues nuestro cerebro asume que a problemas determinados le vamos a dar respuestas determinadas, que pueden venir condicionadas por lo que hayamos aprendido de la observación, de la imitación, de apresurarnos a querer solucionar las cosas, etc. Si a un tipo de problema le damos una respuesta equivocada cada vez que surge vamos haciendo de nuestra vida un caos y nuestro organismo se va agotando porque esa no es la respuesta o el camino que él cogería para solucionar el conflicto.

Creo que ahora debemos mirar para atrás y ver si en algún momento nos ha pasado algo de esto o si tenemos en nuestra mente algo que no hemos resuelto que pueda estar machacándonos el cuerpo. Si es assí, debemos buscar ayuda para dejar de dañarnos con nuestras respuestas erróneas. 

También hay otra cosa, me he fijado que las personas con Fibromialgia somos personas muy fuertes, somos personas luchadoras, que hemos sacado a nuestras familias adelante, que seguimos luchando por ellos, que mantenemos nuestras crisis en silencio, que no queremos que nuestros hijos nos vean pasándolo mal, que no les contamos a nuestros amigos el verdadero daño que sentimos por alguna situación, que no queremos que nadie nos vea en plena crisis. Así somos y así debemos deja de ser. No se trata de que tengamos ahora una crisis y nos vayamos a la calle llamando a todos los vecinos para que nos vean retorcernos de dolor, no. Se trata de actuar como seres humanos, que es lo que somos. Si seguimos actuando como superhéroes van a seguir tratándonos como superhéroes. En este momento me viene a la cabeza las palabras de mi madre poco tiempo antes de morir (ella desconocía el alcance de su enfermedad):”María, yo debo estar muy mal porque todo el mundo me trata con cariño); también recuerdo las palabras de una amiga enfermera, Raquel, que nos reunió y nos dijo: “ahora es el momento de que ella vea que la quieren, pero no porque les hace un huevo frito, sino por cómo es ella, por el ser que es”. Qué cierto era, que mal estaba ya mi madre cuando todos le demostraban lo importante que era en sus vidas. 

Eso no nos debe pasar. Nuestros familiares deben saber cuándo estamos mal, deben poder venir a ayudarnos, nuestros hijos deben ser conscientes de que estamos enfermos, adaptándoles a cada uno la información y las consecuencias a la edad que tienen -siempre lo digo, mi hija de cuatro años me dá las palabras que me faltan cuando tengo niebla mental y comenta que a veces mami se olvida de algunas palabras-. He aprendido que muchas veces el rechazo familiar o el rechazo de los verdaderos amigos es por el desconocimiento de la fuerza de esta enfermedad; para explicarme mejor, los humanos somos un poco como Santo Tomás, si no lo veo y meto mis manos en sus heridas, no lo creo. 

Intentemos darle la oportunidad a nuestros seres queridos de conocer la realidad de nuestra enfermedad (que no digo que no lo hayamos hecho) y quedémonos con lo bueno que esa experiencia nos pueda dar.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.