Buenas tardes:

Día de Reyes, día de ilusión, día para los niños, día agotador. Estoy agotada, mucho movimiento y mucho madrugar porque mis hijos no podían esperarse más. Es fantástico verles las caras, ver su alegría, sunerviosismo, cómo quieren abrirlo todo, como bajan las escaleras gritando gracias Reyes Magos. Qué bonita, pero qué bonita es la inocencia.

Hemos madrugado después de acostarnos a las tres de la mañana preparándolo todo. He comido algo y me he vuelto a acostar no sin esperar a que mis hijos abrieran sus regalos y después de grabar un par de vídeos de la emoción de la benjamina de la casa. Luego hemos ido a almorzar a casa de la tía de Pablo y hemos pasado un rato en familia. Ha sido un almuerzo encantador, siempre es estupendo ver a Ambrosina y a su familia, son muy atentos y agradables. Pero después de salir de allí, ya estaba desinflada. Me sentía extenuada y le dije a Pablo que no podía ir a casa de su madre porque mi cuerpo no daba para más. Así que aquí estoy, en casa, con mis perros y esperando que lleguen. 

Es increíble cómo la enfermedad te respeta si la vas rodando y le vas explicando que este es tu momento, pero entonces ella, celosa de su tiempo, te recuerda que va a superarte en un momento determinado y no hay nada que hacer, es su momento y punto. Es el tiempo de que le dejemos el espacio de nuestro cuerpo y nos entreguemos a ella sin contemplaciones -si nos oponemos duele más- dejándole fluir por cuerpo y mente a sus anchas para que vea que sigues ahí, que no te has ido, que no la has abandonado, que vas a volver. Creo que es en ese momento en el que debes dejarte caer, debes meterte en la cama y respetar su tiempo en ti. Hacerle espacio para que ella transite, procurando que mediante la respiración, la relajación y tu fortaleza mental  te moleste lo menos posible. 

Creerán que es una locura, creerán que hablo como si fuera un astronauta, pero hablo desde el convencimiento de que se puede hacer. Habrá momentos en los que te coja desprevenido o en los que te levantes y ya estés dolorida. Esos momentos existirán y tendrás que aprender a combatirlos y a sobrellevarlos, pero necesitas conocer tu cuerpo, tu mente y tu enfermedad para lograr poder pactar con ella. Pero a esto no se llega desde el principio. Primero hay que creerlo para entonces aprender a hacerlo y ver cómo mejora nuestra calidad de vida.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para ayudar a más personas.