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Buenas tardes:

Otra vez por aquí, intentando hacer más claro el mundo de la fibromialgia, un mundo que algunos han querido que sea opaco por el simple hecho de no entenderlo, por el simple hecho de no sentirlo y de no vivirlo. Como creo que comenté antes, hoy me levanté con el ciempiés pegado en mi columna apretando cada vez más e intentando ganarme una batalla que a mí, desde luego, no me apetecía luchar. Mis ojos dolían y duelen, por más que me he puesto las lágrimas artificiales; mis brazos pesaban demasiado para poder levantarlos más arriba de la mesa en la que los apoyaba; mis piernas jugaron ayer el partido del Barcelona con el cuerpo de algún jugador despistado -y total para empatar- y hoy están absolutamente doloridas. ya, ya sé que esto no es más que la resaca de quien ha pasado las Navidades con los niños distribuidos en dos periodos, discutiendo con su marido por la falta de un idioma que podamos comprender los dos y deseando volver a despertar y encontrar que todo ha sido un mal sueño.

Un mal sueño, sí eso he dicho, un mal sueño. La cosa es que este mal sueño dura ya casi doce años en los que no se ha encontrado nada que haga pensar que está por aparecer en breve la causa de esta, nuestra amiga inseparable. Doce años en los que he visto como la involución de mi mente y de mi cuerpo no van acorde con la edad que tengo, doce años en los que mi vida ha comenzado a ser una bajada en picado hacia el infierno más profundo y del que no tengo escapatoria posible, porque nadie sabe la salida de este laberinto en el que estamos condenados a vivir. Doce años que comenzaron siendo un “esto no es nada” para continuar robándome la total autonomía de mi persona y no permitiéndome hacer una vida normal; doce años en los que parte de mi familia no sabía lo que pasaba porque nunca creí que fuera necesario preocuparlos, pero que, a la vista de los acontecimientos, han sabido casi todo lo que esto conlleva; doce años en los que una vida mejor que la que tuve en mi infancia no me ha hecho que pudiera escapar de las feroces garras de esta traidora enfermedad que nunca se presenta tal y como es desde el principio y que realmente ataca prácticamente a todo mi cuerpo, debilitándolo y haciéndolo cada vez más dependiente de medicamentos y de familiares que piden el regreso de tu alegría, de tu cariño y de tu chispa.

Todo eso es lo que te da y todo lo que te roba el tener una hermana siamesa de esta categoría.Todo esto es el día a día de cada uno de nosotros y de nuestros familiares, que también sufren, y mucho, las consecuencias de los malignos rejos de nuestra querida fibromialgia.

Hoy mi marido me trajo una charla de un psicólogo muy agradable en la que hablaba, entre otras cosas, de la soledad. Argumentaba que la soledad mata, que termina por sacar miedos y que al final es como los cigarrillos, y mata. Pues sepan ustedes, que la incomprensión familiar, médica y social hacia esta enfermedad está haciendo que muchos pacientes se queden solos, por lo que acabaran muriendo antes de tiempo ya que, como todos ustedes saben porque lo han leído aquí, la soledad mata. Bueno, no sé si es eso lo que están esperando o es que no se utiliza mucho dinero para el estudio de esta enfermedad, o es que no la creen, o es lo que no tienen conciencia ninguna y todo les da igual, pero les digo algo? Doce años, doce, y siguen diciéndome que no tienen ni idea de qué es lo que causa esta enfermedad y cómo hacerle frente así que me voy haciendo a la idea de que la fibromialgia, al igual que la soledad, mata.