felicidad-del-interior

Buenas noches:

Ahora llega el descanso de la guerrera. ya he cenado y me he medicado. Espero poder dormir esta noche. El día ha sido de altibajos de trabajo, tranquilidad, emociones y sobresaltos. He madrugado con gran dolor de ojos y en el cuerpo, he trabajado en el grupo como todas mis compañeras, creando, conociendo a más personas, respondiendo, etc, he dialogado con la hija de Pablo -muy bien porque parece que ya está más concienciada de las cosas y habla con más madurez y menos rencor-, he whassapeado con la ex-mujer de Pablo en un muy buen tono y le he dicho que creía que deberíamos intentar sentarnos a hablar porque los niños van creciendo y hay que cerrar heridas para que no se salgan de madre, me he vuelto a medicar después de almorzar, he seguido trabajando en el grupo toda la tarde. María fue con Pablo a buscar a Inés y cuando llegaron Inés estaba guapísima pidiéndome que le pusiera los dibujos aquí conmigo mientras yo trabajaba (es ella quien lo llama así). He seguido trabajando hasta la cena, cenamos mientras Pablo me contaba unos avances que había visto en las células del cerebro, que habían encontrado células madre y que tenían una particularidad muy especial.

Ahora aquí, esperando que venga de sacar a los perros, noto que mi cuerpo me pide descanso, que mi ser, todo el día batallando, necesita desconectar pero de forma profunda, no sé explicarme, jo, qué rabia!!!! Ha sido un día fantástico de productividad, de tranquilidad, de visitas, de whatssap, de respeto a la pareja, de disfrute con mi hija, etc. Ha sido un día pleno con mis perros, en una ocasión parecía que Vincent quería bailar conmigo, y ha sido, sobre todo, un día de comunión conmigo misma; un día de quitarme lastres y hablar con el corazón, un día donde he conseguido hablar con la madre de los hijos de Pablo y que las cosas fueran bien; a ella la noté receptiva en lo que le escribía, comunicativa contándome cosas vividas en su casa, preguntándome cómo veía a los niños, etc, sorprendentemente teníamos muchos puntos en común de lo que habíamos visto.

Estoy cansada. Feliz pero muy muy cansada. Mi cuerpo empieza a caer en un extraño letargo en el que las articulaciones se van parando, los brazos empiezan a pesar, las piernas no me llevan a donde quiero sin tambalearme un poco, los dedos no encuentran las teclas que tienen que encontrar con la misma facilidad que las encontraba antes, mis manos se enrojecen dando paso a esa sensación de molestia por casi todo lo que te roza, mis músculos reconocen haber recorrido cuatrocientos kilómetros en bici -para los crédulos, ojalá- mis tobillos prefieren que no les de una vuelta más para ver si me duelen, me dejan claro sin vuelta que sí, que me duelen, y mi cerebro, mi cerebro parece que ha puesto el cartel de cerrado por vacaciones.

Aún sintiéndome como me siento, no puedo descansar todavía. El problema es que mañana operan a Belma, mi labradora, y, aunque sé que todo va a ir bien, nunca te quedas del todo tranquila cuando de uno de tus cachorros se trata. Es increíble cómo amamos a estos bichitos que llegan a nuestras vidas víctimas del azar.  Belma llegó porque un perro grande que acogimos del Albergue mordió en la cara a mi hija Elba. La llevamos a urgencias y la atendieron regular, pero ella salió sabiendo que Kant iba a tener que volver al albergue. En la puerta del centro de salud me dijo:”mami, yo sé que Kant se tiene que ir de casa, pero por favor, si no quieres que le coja miedo a los perros grandes, tráeme otro”, Y allá que fue su madre con su marido a buscarle otro perro a la niña. Pues así fue como la vida nos hizo encontrar a Belma, la labradora negra más cariñosa que he conocido, más fiel y más leal. Estoy absolutamente segura de que todo saldrá bien mañana.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas