marioneta

Buenos días:

Cómo va saliendo este lunes? Cómo nos encontramos? Bueno, yo estoy mejor. Un poco excitada porque nos quedamos dormidos y las niñas llegaron tarde al colegio, una prisa, corriendo el desayuno, preparar cosas para meriendas en el cole, dientes, etc. Y saben lo que pasó? NADA. Y saben lo que va a pasar? NADA. He aprendido que no rengo por qué hacerlo todo bien, que no tengo que tenerlo todo preparado con antelación para ahorrar tiempo, porque al final, el tiempo pasa igual y las cosas se quedan hechas o no.

La vida nos va enseñando muchas cosas y nos va haciendo encontrar el camino que debemos llevar. Y digo debemos porque llega un momento en el que aprendemos qué es lo que queremos y es entonces cuando debemos visualizarlo y seguir ese camino.

La fibromialgia me ha enseñado mucho, es más, muchísimo. Ya no ahorro tiempo sino que procuro vivirlo; ya no dejo de hacer las cosas que quiero si puedo, si no, no las haré nunca; Ya no me ahorro un te amo, se me escapan de la boca con las personas a las que amo y es fantástico, arregla muchas cosas; ya no quiero tener compasión por mi, nunca he tenido tiempo de tenerla, pero a veces -muy pocas- la he sentido-, prefiero volcarme en intentar ayudar a quien quiere ayuda; ya no me siento culpable por no ayudar a todo el mundo, he de reconocer quien quiere realmente salir de su situación y quien no; Ya no me culpo por lo que pasa, las cosas pasan y debemos asumirlas, si no las hemos generado pues igual podemos solucionarlas; ya no como a las horas establecidas, mi cuerpo tiene ganas de comer en momentos determinados, me cansé de estar metida en el horario estándar de quien lo impuso; Ya no me quedo con las ganas de decir las cosas, prefiero no atragantarme con las palabras aunque procuro ser asertiva; en definitiva, intento vivir la vida que elijo, errando, solucionando los errores y no sintiéndome mal por ellos, porque son parte del aprendizaje diario que la vida nos brinda.

Cuando yo vivía en el núcleo familiar de mis padres, la vida fue, como he dicho en otras ocasione, muy complicada. Una de las cosas que más recuerdo son las exigencias por tener que hacerlo todo bien, cómo te abordaban las mujeres de la familia para que fueras por el camino recto y cómo los hombre criticaban cuando no lo hacías. Por el camino recto. Por el camino recto que ellos habían marcado. Por el camino recto que ningún hombre tenía la obligación de seguir, por el camino recto que las mujeres debían llevar para poder ser “respetadas” incluso dentro de tu propia familia.

Yo fui una jovencita un poco rebelde y reivindicativa, pero eso me costaba las críticas que, aunque yo intentaba rebatirlas y dejarlas atrás, las iba colocando en la mochila de una espalda cargada de exigencias, críticas y responsabilidades, así que un día, gracias a una doctora de cabecera que tuve muy buena, decidí escapar de esa casa donde el machismo imperante ahogaba mi ser no permitiéndome ser quien yo era. Esa mochila llegó a pesar tanto que yo me caía cada dos por tres. Un día decidí que la mochila había que empezar a vaciarla y eso comencé a hacer. Lo que pasa es que no es tan fácil, porque quien menos te lo esperas, intenta llenarte la mochila de nuevo con formas sutiles u obligaciones o imposiciones. Tenemos que estar muy atentos para que nadie pueda meter nada en ella. Nos responsabilizamos de lo que queremos y cuando queremos. Así debe ser la vida y así es como debemos llevarla.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.