21 de enero de 2017

mama

Buenos días:

Hoy es un día especial para mi, hoy hace 21 años que mi madre se fue para no volver jamás. Hoy es un día diferente. No hay tristeza, hay nostalgia; no hay rabia, hay felicidad por su descanso; no hay adiós, sólo el hasta luego motivado por la seguridad de que nos volveremos a ver de alguna manera, ya que, como energía que somos, nos atraeremos estemos donde estemos.

Fue una noche después de acercarme a pasar con ella el día en el hospital, ya estaba muy malita, totalmente sedada y siendo la mitad de lo que era. Ya sólo quedaba la despedida de todos los que la amábamos con fervor. Cuando salí del hospital me fui a la casa de la persona con la que estaba en ese momento. Llegamos y sobre la marcha nos llamaron por teléfono para decirnos que teníamos que volver al hospital. Fue el viaje en coche con el mayor silencio que yo recuerdo. era un silencio del que está meditando, de la persona que está metida en si misma intentando comprender algo que, en ese momento se me escapaba de cualquier lógica posible. El por qué me machacó durante mucho tiempo, la sensación de incredulidad, de desaliento, de amargura no se iba a pesar de que intentaba llorar y expulsar el dolor que había dentro. Sí, dolor, un dolor que se te metía en el cuerpo y te iba comiendo absolutamente todo lo que podía generar el mismo; un dolor que te paralizaba y no te dejaba ver el resto de tus días de ninguna de las maneras; un dolor que hizo que me volviera cerrada, desnaturalizada y destructora de todo lo que me pudiera causar algo de felicidad. Un dolor con letras mayúsculas, un dolor que se te mete en el cuerpo y lo recorre hasta que te paraliza en tus pensamientos, es entonces cuando entiendes que tienes que comenzar tu vida dejando en el recuerdo a quien tan maravillosos momentos te hizo vivir, es cuando te das cuenta de que ya no la volverás a ver, que ya se ha ido para siempre, que, aunque demasiado joven, necesitaba descansar de todo lo negativo que podemos vivir en este mundo. Sólo tengo palabras bonitas para ella ya que era la persona más maravillosa que he conocido y que estoy segura que conoceré; asertiva, resiliente, empática, con una capacidad innata para ayudar a los demás, entregada, recta, con capacidad para adaptarse a los cambios que los tiempos le imponían, con un humor absolutamente perspicaz, negro y, en ocasiones un poco burletero. Era una gran persona, buena hasta decir basta, una gran mujer, una gran madre y una gran amiga. Fiel, honesta, leal y absolutamente sincera.

Bueno, pues las casualidades que la vida te tiene preparadas la tenemos hoy mismo, porque sin saberlo hemos llamado a nuestra sexta hija Inés, y hoy, precisamente hoy, es su santo. Coincidencia? no lo sé, lo único que sé es que lo celebraremos en familia teniendo en cuenta la presencia de mi madre, su abuela.

Sigo con los dolores de ayer, quizás más acentuados y más metidos en una espalda que no aguanta el peso de mi cabeza mucho tiempo. La tensión de estar escribiendo hace que mis inflamadas manos se confundan y tecleen las letra que no son, y mis brazos no quieren aguantar mucho más el tener que estar a la altura de la mesa para poder comunicarme con ustedes. Lo siento si este artículo es más corto (a lo mejor ustedes lo prefieren, jijiji) pero reconozco que me cuesta mucho aguantar los brazos y controlar mis manos.

Hoy el día está frío, hay humedad y amenaza con llover, así que iré a ver a mi padre y volveré a casa a taparme con la manta y a acostarme en el sillón que es donde puedo descansar la cabeza mejor y más calentita con los perros alrededor. El mareo que noto imagino que será de la contractura de la zona cervical y el dolor de los tobillos entiendo que es el no tan nuevo inquilino que piensa quedarse en mi cuerpo hasta que pase el invierno (espero).

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.