23 de enero de 2017

img_5529

Buenas noches:

Me siento mejor físicamente. Quiero agradecer todas las muestras de cariño, entendimiento y ánimos que me han llegado a través de la red y del whatssap.

No estoy bien del todo, me siento muy triste y con mucha ansiedad -tanta que la dieta se ha ido a darse un paseo pero bien largo-. Siento una tristeza que me invade todo el cuerpo, una caída en picado de la sensación de felicidad que he sentido en otros momentos, pero sobre todo, siento una incomprensión tremenda. Sé que no es fácil para quien no padece fibromialgia, y sé que nosotros nos entenderíamos del todo en todo momento, pero nuestra realidad es que vivimos con personas que no pueden entender lo que realmente nos pasa, personas que, por más que lo intenten, están pero no saben muchas veces cómo, o cómo deben hacer o qué deben hacer. Y es normal, muy normal, las personas con las que convivimos salen por la mañana despidiéndonos con una sonrisa y llegan a medio día con nuestros mocos esparcidos por toda la casa de tanto llorar por el dolor que sentimos y cansados de retorcernos sin poder hacer más que seguir llorando y esperando que una mano cálida te tome las tuyas y te reconforte con el cariño que sólo puedes esperar de una persona cercana a ti.

Cuando estamos en ese estado no podemos entender, no podemos dar, no podemos comprender, en definitiva, no podemos. Es muy probable que desquiciemos a cualquiera que está a nuestro lado con nuestros llantos y con nuestra ira que creemos interna, pero que nos sale por todos los poros. Nuestras familias no nos entienden, pero es que debe ser muy difícil de entender nuestro estado por alguien que no lo ha vivido. Es muy difícil entender cómo podemos dejar de comprender cosas porque la fibroniebla no te permite por ejemplo contar.

Nosotros también tenemos que entender eso, la dificultad que tienen los demás para comprender por ejemplo, que ahora no puedes conducir y tienen que encargarse ellos de todas las idas y venidas en coche de niños, médicos, etc., que ya no podemos asistir a las reuniones de los colegios de los niños porque no recordaremos de qué va, que nos tendrán que acompañar a todas partes porque no somos capaces de encontrar las direcciones o que nos da miedo caminar por la calle solos. Y en realidad sí, los empáticos nos guste o no, somos nosotros.

La verdad es que lo piensas y es increíble que encima tengamos que ser los empáticos, pero es que, si queremos que nuestras relaciones familiares funcionen no nos queda otro remedio. Yo miro el futuro y, no sé si será hoy, pero lo veo todo negro. No soy capaz de ver las cosas con positividad y mira que soy alguien positiva. Hoy todo se me ha hecho grande, todo. Pienso que no es justo que haga pasar a los demás por esto, que no es justo que haga vivir a otras personas con la involución que mi cuerpo y mente van a seguir experimentando hasta límites insospechados, porque nadie sabe dónde está el límite. Nadie sabe hasta dónde podemos llegar, ni siquiera nuestro médicos o los mejores médicos que se dediquen a investigar lo que estamos viviendo.

Seguro que mañana veré las cosas con otros ojos y que sentiré de otra manera. Sólo espero que el dolor me respete y que pueda hacer algo de “vida normal”

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas