03 de febrero de 2017

pipi-calzaslarga

Buenos días:

Hoy es el día después del agobio en la calle. Mira hacia atrás y lo tengo como un sueño, como algo que has vivido pero entre nieblas. Hoy es el día después de una situación desagradable, una vivencia absolutamente incómoda para mi y miro hacia atrás y la veo como en sueños. La veo como si estuviera recordando una película que vi hace años de la que me he olvidado pero tengo su sensación muy presente.

Y así es, tengo la sensación muy presente de haber vivido un mal momento, de haber pasado un mal trago, y esa sensación se traduce en dolor. Sí, en dolor; desde el cuello hasta la cintura está mi querido ciempiés abrazándome la columna, tirando hacia fuera como si quisiera arrancármela sin piedad. Pero mi columna resiste y es ahí donde empieza la lucha sin cuartel que hace que el dolor llegue desde la cabeza hasta mis pies paseando por toda mi anatomía y dejando bien claro que hoy, en principio hoy, va a intentar controlarme.

Ya veremos si lo consigue o no, por el momento no me deja escribir con  soltura y mis dedos se traban en las teclas del ordenador, pero eso es todo lo que ha conseguido de mi a parte de una especie de rigidez en el cuello que no me deja moverlo con facilidad pero que, en breve me dejará.

Hoy es hace un día soleado en Gran Canaria. Mi perros están acostados en la terraza tomando el sol mientras yo escribo y los observo. Hoy me cuesta concentrarme en la escritura; hoy me cuesta concentrarme en casi todo, las cosas que vivimos diariamente nos van marcando y nos van poniendo en nuestro sitio, un sitio que después tenemos que saber defender con argumentos y con actos. No es fácil, no lo es. Espero empezar a ser mejor persona y aprender a ser más paciente con las actitudes de personas a las que aprecio.

Necesito reunirme conmigo misma y revisarme, aunque creo no haber dicho ni hecho nada malo sí sé que alguien se ha sentido mal por lo que he dicho. De sobra sé que no puedo gustarle a todo el mundo y que no todas las personas se van a expresar como a mí me parece que deben expresarse, pero también sé que, dentro de la dureza de mis palabras existe una gran enseñanza para lo que nuestra sociedad quizás no está preparada. Tengo muy claro que soy una persona directa y clara y eso puede dañar a quien en ese momento no está de acuerdo conmigo, pero nunca jamás hay maldad en lo que digo. He sido educada con cuatro hermanos varones y con ellos todo era claro y directo; así me he criado y así soy.

Ahora he de meditar sobre algunas cuestiones que me tienen el cerebro ocupado y que me impiden seguir escribiendo. Espero poder aclararlo en mi mente lo antes posible para que no me corte tiempo ni fuerzas ya que soy una persona que se toma las cosas muy a pecho. El cariño y el respeto siguen existiendo, nunca lo he dejado atrás y no lo haré, pero cada persona debe elegir su futuro y estar donde se sienta bien y donde esté a gusto. Eso es primordial para ser feliz. Admiro la forma de trabajar de cada una de mis compañeras y el corazón que cada una tiene y le pone a las cosas. Me hace feliz.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas

                                                                      María Díaz