img_5290Buenas noches:

Al final salió bien el cumple de la enana. Al final lo disfrutó, aunque me vio llorar pero le dije que era de la emoción que estaba sintiendo -no sé si lo creyó- pero al llegar al restaurante, ver a María, ver a Pablo, saber que venía Carlota, sus hermanos allí; estaba feliz, estaba contenta, estaba bien,. Yo seguía nerviosa porque la sorpresa, su amiga, no daba señales de vida. Al final, tuvimos que pedir porque no sabíamos nada de ellas. Alberto y Pablo querían salir y no era plan de dejarlos allí mucho tiempo esperando, por lo que empezamos a pedir aunque Pablo padre se fue a buscar a Carlota a Tafira y llegó cuando ya habíamos terminado la cena. Les trajeron sus platos y nosotros alargamos el tema del postre hasta ver si, por fin, aparecía su amiga; y así fue, Con dos horas de retraso pero así fue, llegó Kira con su prima Andrea y con su regalo tarta para Los sentidos de Elba. La cara de mi hija era un poema. Ella no se podía creer que su amiga estuviera allí, delante de ella, el día de su cumpleaños, con un regalo en la mano y esperando a que reaccionara para darle un abrazo.

Después del emotivo encuentro en el que mi hija me abrazó como si no fuera a verme mañana, nos tomamos el postre y nos vinimos a casa a donde trajimos a Kira y a Andrea para que estuvieran un rato más con Elba ya que se les había hecho un poco tarde. Y ahí están, en el salón de casa sin dejar de gritar y totalmente desconectadas de la realidad de que yo estoy escribiendo sobre ellas. Qué gracia me hace escucharlas hablar, o qué poca. Me gusta ver cómo Inés es partícipe de la reunión sin que parezca que a las demás les moleste mucho. Kira parece una niña callada, tímida, incluso sufridora; su prima es echada para adelante, sin temor ni vergüenza a la hora de hablar. Hacen un trío muy extraño donde a la menos que se escucha es a Kira.

Yo ya me encuentro metida en mi habitación, con mi pijama y en la cama escribiendo estas líneas dedicadas a mi hija Elba, mi hija, qué fuerte suena, qué relación tan maravillosa se puede tener con una hija, qué bonito es poder decir que la tengo, que tengo la suerte de que la vida me la ha dejado en custodia para que le entregue lo mejor de mi, lo mejor que yo tengo para intentar ayudarla a ser una persona libre, autónoma e independiente. Qué responsabilidad tan grande, qué suerte que me hayan tocado los que me tocaron, pero que responsabilidad la de tener que darles unas cosas a unos y quitárselas a otros; la de tener que corregirles unas cosas a unos y otras a otros. Qué amor tan puro, qué amor tan limpio, qué amor tan inmenso; pero siempre partiendo de la base de que no son míos, de que son personas a parte y de que sólo debo ayudarlos a ser lo que ellos decidan ser.

Lo único que me tiene un poco estancada es mi hermana. A veces me ataca tan fuerte que ellos ven el deterioro físico y cognitivo que estoy sufriendo y siempre, sobre todo Elba, están pendientes de lo que me sucede. Son exigentes y lo van a seguir siendo, pero a su manera, se preocupan y se ocupan de que las cosas estén dentro de los parámetros que deben estar para que nuestro mundo funcione más o menos como debe funcionar y como tenemos costumbre de que funcione. Son egoístas pero porque es así como les hemos criado, es así como hemos enseñado a nuestros hijos a responder ante las cosas que el camino les va poniendo delante; son egoístas pero son mis hijos, los parí yo y los parí de una manera consciente, de una manera libre y para educarlos de la única manera que sé, que es dejándolos cometer errores y ayudándolos a levantarse para que sientan que siempre que me necesiten ahí estaré.

A su manera, cada uno sabe dónde está y lo que debe dar. A su manera, cada uno sabe lo que debe hacer y cómo. Para ellos tampoco es fácil crecer, pero yo, cada vez que los veo, siento un inmenso orgullo de ser su madre y de poder pertenecer a este rato de sus vidas donde me quieren seguir dejando lugar. He tenido la gran suerte de haber tenido una maestra impresionante y tengo ahora la satisfacción de tener a tres hijos que pueden ser el orgullo de cualquier madre. Qué más le puedo pedir a la vida. Sólo la salud que le falta a mi hija Elba, se la cambio por una involución mía absolutamente repentina y arrasadora; se la cambio por todo lo que yo pueda darle de mi ser. Verla conseguir librarse de todo lo que ha pasado y lo que le queda por pasar lo cambio, lo cambio por cualquiera de mis partes, cualquier parte de mi maltrecha salud. Te regalo lo que me queda TODO LO QUE ME QUEDA SI LE AHORRAS CUALQUIER SUFRIMIENTO QUE TENGA QUE PASAR.

Gracias por leerme, les mando besos o abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a otras personas.

María Díaz