11 de febrero de 2017

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Buenas tardes de sábado:

Hoy a amanecido soleado, un bonito día. Ha sido un auténtico regalo porque hacía días que el sol había cogido vacaciones por aquí. Mis hijos están en casa, lo que me hace estar más activa, pero hoy me he levantado a las once de la mañana. Es un problema quedarme escribiendo hasta tan tarde, después me dejo atrás la mitad del día y no me gusta nada perderme el sol.

Hoy vuelvo a notar que la fibroneblina está rondándome y no lo entiendo. He descansado, me he medicado, y no he hecho esfuerzos desmesurados; pero reconozco a esta parte de mi amiga cuando me ronda. Sus síntomas son claros, empieza con un mareo, una sensación de estar en un barco, luego se traba la lengua, no soy capaz de seguir una conversación de manera coherente -en esta ocasión corté a mi marido varias veces cuando intentaba hablar y ahora, después de un rato ya no me acuerdo de lo que me decía-, las teclas del ordenador se hacen pequeñas y mis dedos muuuuuy grandes por lo que no puedo escribir bien y tengo que borrar muchas veces. El dolor de cabeza es socarrón y me hace estar muy incómoda, es como si me clavaran algo que está entrando por el ojo y está llegando hasta la parte trasera de la cabeza.

El almuerzo no ha sido agradable. Antes de él discusión en el grupo nuevamente, y luego Elba y Pablo parecen no congeniar mucho y cuando intento explicarle a Pablo que ella no quiere que la trate como lo está haciendo, se ofende y yo me desespero; seguramente será porque yo sea muy bruta a la hora de explicárselo o porque esté un poco quemada de tantas discusiones del grupo. No lo sé. Lo único que tengo claro es que voy a seguir luchando por esta Red de ayuda y que nada me va a quitar la ilusión de seguir adelante. Qué complicado es tratar con un grupo y sobre todo con un grupo de personas con fibromialgia. Espero que las cosas se reconduzcan y que podamos seguir adelante.

Ya se ha ido el sol, y con él la alegría que, por un momento, apareció en mi corazón y en mi mañana. Son demasiadas rencillas, demasiadas cosas que dañan, demasiadas veces hablado y total para qué, ellos siguen adelante y la que se queda con la moral por los suelos soy yo y con el dolor de cabeza. Bueno, no es justo lo del dolor de cabeza, este ya había empezado antes de la rencilla del almuerzo.

Imagino que para ellos tampoco debe ser fácil vivir con una fibromiálgica. Debe ser complicado que me olvide de las cosas, que no escuche, que se me trabe la lengua, que no haga lo que debería hacer, etc. No debe ser sencillo y soy muy consciente de que Pablo está llevando una gran carga encima. Bueno, hago lo que puedo y no debo hacer más. Si estoy cansada voy a descansar, si he de decir algo lo voy a hacer y si tengo que escaparme me escaparé.

Con lo bien que había empezado el día….

Bueno, en otro orden de cosas quiero hacer un llamamiento a todos los fibromiálgicos del mundo -y no voy a cesar en mi empeño-. Tenemos que luchar, tenemos que conseguir tener unas condiciones dignas, que se nos reconozca la enfermedad, que se nos reconozca el derecho a la incapacidad, que se investiguen las causas de esta enfermedad, que dejen de tratarnos como si fuésemos locos, porque la fibromialgia duele; duele y duele mucho, mucho más de lo que cualquier persona se puede imaginar; no sólo duele, sino que aísla, destruye familias, nos vuelve seres dependientes, etc. la fibroneblina no nos deja entender, expresarnos bien, oír, hablar, orientarnos, recordar, no nos deja ser personas normales, no nos permite entender lo que leemos, lo que hablamos, en definitiva, no nos deja.

La verdad es que creo que es uno de mis peores artículos, pero voy a publicarlo porque quiero ser honesta, quiero que vean lo que también hace en mi esta enfermedad que no me deja expresarme como normalmente hago, que no me deja ser quien soy, que no me deja recordar, que no me deja sentir muchas de las cosas que sentía antes, que no me deja salir sola a la calle, que no me deja…..

Gracias por leerme (sobre todo este lamentable artículo) les mando besos y abrazos rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz