13 de febrero de 2017

arquitectura-natural

Buenos días:

Hoy ha amanecido un día frío, pero ahora empieza a salir el sol. Aquí estoy, con mis hijos de cuatro patas pegados a mi y yo mientras recibo su calor intento escribir algo de lo que yo llamo mi vida.

Hoy madrugué y reconozco que me está costando mucho, me tomo la medicación sobre las ocho de la noche, pero no me hace efecto hasta las doce por lo menos y después, por la mañana, me cuesta mucho ponerme las pilas. Bueno, como iba diciendo, madrugué para bajar al médico porque quería comentarle lo de las convulsiones. Me dijo que creía que era por una medicación que me estaba tomando, lo que me sorprende porque me la estoy tomando desde el principio y esto ha aparecido hace un par de meses; bueno, lo que hemos hecho es bajar la dosis para intentar quitarla a ver si así mejoro, pero que de todas maneras, no queda mucho para que me vea la neuróloga (llevo pensando cinco minutos hasta que me ha salido la palabra), así que cuando me vea le contaré todo lo que me ha pasado.

Por lo demás me he vuelto a levantar con los dolores de siempre y con el agotamiento típico del poco dormir. Yo no sé si a los demás le pasa, pero para mi es poner los pies en el suelo y los tobillos parece que se me van a partir, un dolor tan, pero tan intenso que hace que sienta el despertar en todo su esplendor. Ponerme recta es un logro importante, y como intento hacerlo rápido, pues me dan mareos, así que a levantarme despacito y a notar todos los dolores que van pasando por mi cuerpo hasta ponerme recta y empezar a caminar, dar unos buenos pasos y empezar a ser persona.

Hoy bajé con Pablo a la zona del médico, no me acompañó porque tenía cosas que hacer y es una zona de confort mía; aún así, mientras me tomaba el cortado con él, me sentía muy despistada. Era como si la cabeza estuviera llena de humo y no fuese capaz de atender a lo que él me decía y a las cosas que estaban pasando. Todo era un sueño y yo no me había despertado. Algo así parecía que pasaba.

Cuando iba caminando al médico volví a notar que iba haciendo eses por la calle, algo que me da mucha vergüenza porque las personas me miran como si estuviera borracha, drogada, o algo así, por lo que me pego a las paredes y camino como si tuviera miedo. Es algo tan desagradable!!!, pero bueno, lo tenemos que vivir porque nuestras parejas no van a poder acompañarnos siempre.

Me está costando mucho escribir. Los dedos siguen trabándose en las teclas, y la cabeza se me va a otros sitios con lo que me cuesta mucho concentrarme. Sin querer cometo muchas faltas de ortografía y muchos errores. De algunos me doy cuenta y de otros no. Es tan jodidamente frustrante.

La Red sigue su camino y va abriéndose huecos despacito. Vamos a ver si conseguimos impulsarla para poder tener la ayuda que necesitamos. Depende de a implicación que tienen los enfermos de fibromialgia y familiares o amigos. De vedad que es algo que, si no aprovechamos, vamos a perder mucho, sobre todo en descargarnos nosotros y a los familiares que nos ayudan y acompañan en cada momento. También sabemos que hay muchas personas con fibromialgia que están o se sienten solas porque su familia no la entiende o porque no quieren vivir su malestar; para todo esto está la Red de Ayuda que estamos intentando sacar adelante con mucha ilusión y mucho trabajo del que no se ve. Sólo espero que los enfermos de fibromialgia de todo el mundo  quieran formar parte de este equipo de soñadoras-luchadoras que intentamos hacerlo posible.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón regándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz