20 de febrero de 2017

la-fuerza-esta-en-tue-ganas-de-lograrlo

Buenos días:

Hoy no parecía que iba a hacer un buen día; llovió por la mañana y hacía mucho frío, pero el tiempo ha cambiado ahora ha salido el sol iluminando el salón con la luz que entra por la puerta de la terraza. Es fantástico ver esa luz que da vida, que me reconforta mientras estoy en el sillón tapada y escribiendo estas líneas para compartirla con ustedes.

Así como el día se levantó me he levantado yo. Absolutamente dolorida, con mucho frío, el herpes que vuelve a asomar en mi labio y anuncia una bajada de defensas que se ha convertido en décimas de fiebre e imposibilidad de mover bien las manos; me está costando mucho escribir porque no puedo controlar mis dedos y el temblor ha aparecido de repente para tocar las teclas del ordenador cómo y cuando quiere. Siento un gran mareo, como si estuviera en un barco, con ese movimiento de va y ven que lo caracteriza y la mandíbula me duele como hacía tiempo que no lo hacía -cierto es que se me rompió la férula y no la he repuesto-, dándole paso a un enorme dolor de cabeza que no me deja pensar con claridad. Mis piernas se tropiezan a cada paso que dan, esperando que las pare y les de un respiro porque no son capaces de seguir aguantando mi peso corporal ni de seguir el rumbo que mi mente haya marcado con anterioridad. Vuelvo a tener las manos hinchadas y la mente llena de humo; un humo que entorpece cualquier cosa que quiero hacer o decir; me cuesta mucho escribir, los espasmos van por todo mi cuerpo como si de una descarga eléctrica se tratara y cuando he intentado descansar ovillada en el sofá mi mente se ponía en mi contra pensando cosas que no me dejaban descansar, por lo que preferí levantarme y escribir el día que llevo hoy. Sé que pasará, lo sé, pero hasta que pase lo único que quiero es poder dormir y no ser consciente de esta realidad que me supera. La rigidez con la que mi cuello se mueve y el dolor que siento por todo el cuerpo pero sobre todo en la cabeza hacen que me recuerde a cuando era pequeña y le contaba estos síntomas a mi madre y se preocupaban porque creían que podía tener meningitis. Qué dolor tan desagradable, qué  incomodidad no poder hacer las cosas con la soltura que tenía antes y con la seguridad que caracterizaban mis actos, porque antes de este último brote, yo hacía las cosas con seguridad, sabiendo quien era y disfrutando de ello. Ahora hay momentos en los que no me reconozco; hay momentos en los que sé que no soy la persona que está viviendo en mi cuerpo, y me da miedo que esa persona se quede siempre ahí, que no quiera irse y permanezca en este maltrecho cuerpo hasta el final de mis días. Sí, así es, yo también tengo miedo.

Me gustaría dejar una cosa clara; hay personas que me han acusado públicamente de querer vender un reality show por el blog que escribo. Las hay que tampoco entienden cómo puedo escribir sin problemas cuando me siento mal. Bueno, lo único que intento es contar la realidad y para mí no sería honesto no contar lo que siento los días que estoy mal, creo que estos días son los que ayudo a las personas a entender que lo que les ocurre es cierto, que no es producto de su imaginación y que no es invención, que esto es realmente así -nada de reality-. Por otra parte informo de que puedo escribir borrando muchas veces lo que pongo porque no tiene sentido o porque las letras se duplican por la imposibilidad de controlar el movimiento de mis dedos. Pero saben una cosa esas personas que solo quieren dañar? Soy una persona que se esfuerza, que se levanta cada día intentando dar lo mejor de sí, intentando mejorar lo que hice el día anterior y exigiéndome no darle tregua a la fibromialgia, que se hará conmigo y me ganará en algún momento, pero que intentaré que no me gane la partida por mucho miedo que yo tenga, que les repito, lo tengo.

Pero como les decía hoy ha salido el sol y por ello tenemos un motivo de alegría. Nuestra compañera Manoli Rodríguez ha conseguido lo que quería. Escuchar el mensaje que envió con ese llanto de persona feliz y emocionada ha hecho que recuerde que tengo una misión en este momento mucho más importante que mi malestar y es el ayudar a que las personas puedan llegar a sentirse como ella de emocionadas y felices así que manos a la obra.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz