23 de febrero de 2017

cuando-eres-positivo-la-existencia-continua

Buenas noches:

Aquí estamos una noche más intentando describir cómo me siento. Y digo intentándolo porque realmente en ocasiones no sé si soy capaz de explicarme realmente.

Hoy ha sido un día extraño, Pablo estaba malo y tenemos a Inés en casa porque no se mejoraba del todo, aunque está bastante mejor preferimos no forzar la máquina ya que mañana tiene la fiesta de disfraces del colegio y nos gustaría que pudiera ir.

Me levanté como me estoy levantando estos últimos días, muy cansada y con muchísimo dolor. Hoy me levanté antes y gocé de un rato de esa tranquilidad que necesitamos en la mañana los enfermos de fibromialgia. Esa tranquilidad silenciosa que te permite ir despertando tu cuerpo y tus sentidos a tu ritmo, sin que nadie perturbe tu paz con el sonido de su voz o con los ruidos que se hacen. Hoy pude disfrutar de ese momento hasta que se despertó la enana. Como decía me levanté muy cansada y muy dolorida. Los ojos me picaban y me dolían -es la primera vez que encuentro que los ojos duelen, no me había pasado hasta hace unas semanas-. Mis manos inflamadas hacía que mis torpes movimientos me hicieran temer por las cosas que cogía. qué inseguridad tan grande hasta para coger un vaso de café. Mis manos siguen trabándose al escribir y repito muchas letras por lo que todo me cuesta el doble. Sigo con los espasmos musculares y con lo que parecen ataques de epilepsia, pero que no lo son porque en todo momento estoy consciente.

Yo notaba que Pablo tardaba en levantarse y que no había ido a la oficina, pero no me imaginaba que era porque estaba malo. A las tres lo vine a despertar y me comentó que había pasado muy mala noche y que tenía fiebre. La verdad que el pobre tenía mala cara. Fue entonces cuando me dispuse a hacer la comida con esas manos de mantequilla que caracterizan mi ser este último tiempo. Al terminar con la comida decidí pasar la aspiradora, pero fue entonces cuando mi cuerpo cambió por completo pareciendo que estaba en el Caribe a 42 grados y con unos sofocos poco dignos de este tiempo de invierno. Cuando terminé de pasar la aspiradora, me senté y empezaron los mareos y los dolores en los brazos como si hubiera nadado cuatro piscinas seguidas. En este momento no los puedo levantar bien y no consigo que las cosas y las letras se pongan en su sitio a la primera. Como decía ayer, yo intento escribir en castellano, pero mis manos han decidido inventar un nuevo idioma que se parece bastante a él.

Por otra parte estoy contenta; se cierran ciclos y se abren otros que funcionan mejor de lo esperado y de lo que funcionaba anteriormente. Un equipo entregado a la ayuda y a la colaboración; un equipo entregado al diálogo y a la honestidad; un equipo entregado a amar a las personas que lo forman, porque este tipo de amor es un amor tan, pero tan desinteresado que hace que las cosas funcionen. Partimos de la premisa de que el diálogo es la parte fundamental de una unión, y el respeto hacia las diferentes opiniones que podamos tener los componentes del mismo. Sabemos cual es nuestro sitio y que todas somos absolutamente iguales dentro de nuestra diferencia y nuestras rarezas. Creo que ahora sí vamos a poder salir adelante salvando los problemas con los que nos encontremos, lidiando con las conversaciones en tonos poco apropiados que pueden salir en cualquier momento y, como diría mi madre, en cualquier familia. Sabemos lo que queremos, y sabemos que lo que queremos es muy parecido. Tenemos unos valores tan semejantes que reconozco sorprenderme de haber dado con un grupo tan humano y entregado a la ayuda desinteresada hacia los demás. Me siento orgullosa de todas y cada una de ellas; me siento orgullosa de todas y cada una de las personas que componen el grupo de Gran Canaria; me siento orgullosa de haber vivido todo lo que hemos vivido porque nos ha fortalecido como equipo; me siento orgullosa porque las personas del grupo de Gran Canaria me tienen en cuenta de día y de noche, y mi whatssap está abierto para ellas y el de ellas para mi; me siento orgullosa de ver que los familiares de las personas que llevamos la red respetan nuestro espacio y, en ocasiones, lo comparten con nosotras, pero dejado que nos realicemos en un proyecto que nació de una mente necesitada de darse a los demás y de recibir el cariño que está recibiendo.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogando que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz