24 de febrero de 2017

a-veces-hay-que-recorrer-u-camino-largo-para-entender

Buenas noches:

Ahora, después de una ducha, de haber madrugado para disfrazar a Inés e ir a su fiesta de carnaval, después de haber llegado y haber dormido, después de haber almorzado y haber vuelto a dormir, después de haber intentado compartir un rato con mi familia y no haber podido, después de todo esto, me doy cuenta de que no es un buen día. De que hoy me siento más sensible que en otros momentos, que necesito silencio, que necesito soledad, que estoy cansada de tanto ruido que forman jugando padre e hija, que no soporto en ruido, y digo ruido, no sonido -porque la escuchan altísima para mi gusto- de la televisión. Hoy es uno de esos día en que no sé cómo explicarme, ni si quiera sé si está bien sentirlo, hoy es uno de esos días en que hubiera desaparecido a todo el mundo de mi vida. Me he venido a mi habitación y hasta aquí me molesta el ruido de la tele. Lo que más me pone de mal humor es el comentario continuo de Pablo porque digo que hacen mucho ruido: “Por favor!” unido a ese suspirito desagradable que no puede más que trasmitir un: “no hay quien te entienda ni quien te aguante”. Muy bien, pues así será, pero yo tampoco aguanto el escándalo que tú quieres imponernos a todos los que aquí estamos, incluida yo, que ya deberías saber cómo me afecta esta enfermedad, pero es mucho mejor ponerse en plan víctima al que poco menos que maltrato por decirle cincuenta veces que baje la voz y la tele.

Bien, esta mañana, como he dicho, salí de casa y fui a la fiesta de carnaval de mi hija Inés. Bueno, creo que me viene muy bien salir, quizás esa zona no es la más adecuada porque desde que vi que podía encontrarme con gente de la fundación para la que trabajo, empecé a agobiarme y a llorar. Al principio Pablo parece que me entendía, pero después, reconociendo que yo podía haber sido más agradable, también sé que cuando fui a pedirle disculpas volvió a soltar una de sus desagradables frases y fue entonces cuando me di cuenta de que estaba perdida. Como bien supuse, me dejó sola en la fiesta dedicándose sólo a su hija mayor y sin darse cuenta de que aquel sitio lleno de gente y con el escándalo de los niños jugando y de la música, etc podrían afectarme y hacer que me pusiera nerviosa y que me sintiera perdida y casi incapaz de hablar con nadie. Pero bueno, es lo que hay, no? si no mimas 100% a tu marido te sientas como te sientas, lo vas a pagar caro. Incluso volviendo al coche sentí una absoluta soledad en un camino que, por sentirme abrumada, hacía de manera absolutamente insegura y por la inercia  de seguirlos a ellos. Lo único que me ha quedado claro es que primero me tengo que buscar personas con quien salir que me comprendan y que no se amulen como los niños pequeños si a mi, en un momento de llanto, me sale una frase desagradable o poco afortunada; y segundo que mejor dejo de salir con él a ningún sitio, quien no ha querido conocer mi enfermedad en siete años, no la va a conocer ahora. Me siento triste; me siento triste y enojada. Tengo miedo; tengo miedo de un incierto futuro en el que me veo sola pero con la compañía de mi fiel Manchitas.

Como ayer él estaba malo yo me ocupé de, prácticamente todo, Inés malita, su almuerzo, el de la niña, todo el rato disfrutando de la compañía de la enana y él durmió hasta las nueve de la noche que le dije que saliera a ver a Pablo y Carlota que no los había visto. No me importa hacerlo, le traje medicina, etc, pero reconozco que lo que siento hoy es un absoluto rechazo ante su forma de tratarme así cuando estoy llorando, desorientada, desubicada, y haciéndome pequeña porque no me atrevía a hablar con nadie ya que el nivel de estrés que yo estaba viviendo me abrumaba por completo. Sé muy bien que las personas que no padecen de fibromialgia no entienden esto, o no hacen por entenderlo. Yo no les pido que lo entiendan, les pido que, si van a estar a mi lado lo lleven a la práctica porque es mi salud lo que está en juego. Yo no sé lo que siente alguien que está en una silla de ruedas, sería incapaz de entenderlo, pero jamás se me ocurriría ponerlo de pie y hacerlo que camine hasta la silla.

Estoy fastidiada, estoy dolida, estoy desilusionada, estoy cansada de tener que demostrarle a las personas una cara que no es la que muestra lo que realmente estoy sintiendo, pero las personas que allí estaban me miraban con compasión porque debía notárseme lo desorientada que estaba. qué duro es!!! QUÉ DURO ES!!!!.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón regándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

 María Díaz