28 de febrero de 2017

introspeccion

Buenas tardes:

Aquí estoy un día más para poner en este escrito parte de mi alma, como siempre, para intentar ayudar a todas las personas que lo leen. Un día más estoy aquí porque me gusta expresar sentimientos, aprendizajes, vivencias, etc. Un día más estoy aquí para comentarles lo contenta que estoy con el grupo de trabajo que tenemos en la red de ayuda, las tres maravillosas personas que han llegado a mi vida para enriquecer mi alma y ayudarme a ser mejor persona cada día. Un día más es un día ganado a la fibromialgia, es un día en al que hemos conseguido sobrevivir y hacerlo con alegría y tristeza, con esperanza y desesperanza, con el polo norte y el sur de cada persona. En unos habrá ganado el yin y en otros el yang, pero quién sabe cuál es el positivo y cuál el negativo? quién lo dijo? quién lo impuso? Cuándo? A qué propósito se debió?

Hoy chateaba con Erica, una de mis grandes descubrimientos personales de la que aprendo cada día, y nos preguntábamos quién puso las reglas, quién decidió lo que estaba bien y lo que estaba mal, quién nos enseñó que lo mejor era lo que debíamos darle al prójimo sin enseñarnos que debíamos reservar una parcela para nosotros mismos, porque realmente es muy importante que nos cuidemos y que nos premiemos. Por qué nunca nos enseñaron a reconocer nuestras emociones, porqué nunca nos enseñaron que nuestra higiene mental era muy importante, que teníamos que cuidarnos nosotros porque nadie nos iba a cuidar como lo haríamos personalmente. Qué bolsillos había que llenar mientras se dictaban las leyes de cuidado personal, las leyes morales que dejaban pagada la salvación de quienes se lo podían permitir y condenaban las almas de quienes no podían pagar bulas, impuestos, etc. Quién dijo que la forma de vivir era la que obligaba a entregarse a los demás primero y cuidarnos nosotros en último lugar. Quién dijo que nuestras vidas costaban el dinero que teníamos en el bolsillo porque era lo que podíamos invertir en salud o en terapias preventivas o, simplemente en disfrutar; mientras que los que tenían los bolsillos más pequeños sólo podían trabajar para mantener a su prole y no debían disfrutar de los lujos a los que nadie les había invitado. Quién dijo que la hegemonía del hombre sobre la mujer era mandato de vida y qué religiones fueron las que lo apoyaron y por qué? qué tiene de bueno que los hombres puedan mandar, matar, gobernar, heredar, violar, abusar, golpear a las mujeres porque simplemente, estaban por encima de ella; hemos pensado en algún momento a quiénes beneficiaban todas estas normas, leyes, mandatos divinos, etc.? Lo hemos pensado de verdad?

Bueno, en una ocasión escuché una ponencia de un doctor sobre fibromialgia, fatiga crónica y sensibilidad química múltiple donde una de las conclusiones que sacó fue que de la fibromialgia no se sabía más y no se había estudiado más porque era una enfermedad del 90% de mujeres. Por supuesto me declaro feminista incondicional, pero de las que ha ido aprendiendo, porque también fue educada en un mundo de hombres aunque con una madre muy moderna. Leyeron bien lo que pone en negrita? Leyeron bien que lo dijo un médico en una charla?, leyeron bien que a esa charla asistí yo y que nadie me lo contó?. Es increíble que un médico pueda hacer esa afirmación y que las mujeres no nos pongamos en pie de guerra no contra él, por supuesto, pero sí contra el sistema que lucha por investigar una cosa o no en función del sexo de la mayoría de sus pacientes. Saben ustedes que en los hospitales hacen más caso a un paciente masculino que a uno femenino porque entienden que las mujeres somos unas histéricas? Saben que con referencia al dolor los hombres también son atendidos primero porque entienden que si a ellos les duele mucho, que son la representación de la virilidad, es porque realmente duele? Saben ustedes quienes parimos? Saben ustedes el dolor que se siente al parir? Pues debe ser, como es lógico, que los hombres no lo saben, porque entienden -ya que normalmente son ellos los que realizan los protocolos de actuación y las normas- que parir duele menos que el dolor de cabeza que pueda tener cualquier hombre en cualquier momento. Esto no lo digo yo, busquen y encontrarán artículos donde se habla de esto; y lo del doctor que les digo no sé si lo encontrarán, porque lo dijo en una charla en Gran Canaria y no sé si se habrá distribuido o si no es el primer sitio en el que lo dice.

Ante todo esto tenemos que revelarnos. Tenemos que aprender a querernos, que no es malo por más que nos hayan dicho que sí; tenemos que aprender a ponernos en primer lugar en la fila de la felicidad, porque, además, entre más felices somos, más felicidad podemos repartir. Tenemos que darnos a nosotros para aprender a darnos a los demás de una manera sana y sin que nuestra salud vaya en ello. Debemos saber que la felicidad dura en el tiempo, no se perpetúa, que son momentos y que tenemos que aferrarnos a ellos el tiempo adecuado para después dejarla marchar y no caer en la depresión porque se ha ido. debemos saber que somos los constructores de esos momentos efímeros, que somos sus arquitectos y que nadie lo va a hacer por nosotros. diseñamos nuestra vida con muchas de las ideas que nos han inculcado, pero deberíamos repasarlas y, si no son ideas adecuadas, sanas o que nos permitan construir esos momentos de felicidad, tenemos que resetear nuestro aprendizaje para lograr diseñar momentos felices para nosotros y para nuestro grupo de iguales.

Yo puedo equivocarme mucho pero, a parte de la proporción neuronal que pueda ser, creo fervientemente que nuestra enfermedad se debe en gran medida a nuestra higiene mental, a nuestro amor propio y a lo que nos entregamos a los demás. Estoy totalmente abierta a los comentarios a favor o en contra, como siempre, a la idea que aquí plasmo; pero por favor, miren en su interior, lleguen hasta toda la vida que han vivido de manera introspectiva, analizando los momentos más críticos que hayan podido vivir y los más duros, y después de eso, cuestionen lo que digo.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder llegar a más personas.

María Díaz