08 de marzo de 2017

Imaginación

Buenas tardes:

Increíble, me pareció estar viendo a mi madre en una de esas tardes en las que yo me quedaba tumbada, pensando en lo que quería y venía a decirme que no perdiera el tiempo, “mi tiempo”, pero creo que era algo más común de lo que creía en ese momento en el que solo piensas: jolín con mi madre, todo el día atosigándome.

Me gustaría que leyeran bien el artículo que ha escrito Cristina Roda en La Mente es Maravillosa  y que se trasladaran a dos épocas: a la niñez/adolescencia y a la de madre de niños/adolescentes.

 Cristina Roda Rivera 4, Marzo 2017 

Yo nunca he perdido el tiempo. A todos en algún momento de nuestra vida alguien nos ha dicho que hemos perdido el tiempo, pero ese alguien rara vez argumenta su juicio. Yo nunca perdí el tiempo, siempre respiré cada segundo. Otra cosa bien distinta es que pareciera pasar algo más lento a veces o multiplicase su velocidad sin que yo supiera que era una toma irrepetible.

Dicen que debemos aprovechar el tiempo y no perderlo, pero añoro los tiempos en los que el tiempo no era un capital preciado sino simplemente existente, del que nadie parecía conocer mucho. Esos tiempos en las manecillas seguían corriendo, pero su discurrir no nos despertaba angustia.

Si los científicos buscan el principio del tiempo para hallar el origen del universo, a mí me gustaría conocer el origen de la obsesión paralizante y estresante por aprovechar el tiempo, aunque detesten en lo que lo están empleando. Porque no lo viven, lo “emplean” en algo que les aporte productividad.

Que a veces pase el tiempo sin darme cuenta, respirando

Me parece que cuanto menos consciencia tengamos del tiempo, más ligeros nos sentimos. Añoro los tiempos de aburrimiento, añoro los tiempos en los que podía estar haciendo cualquier cosa sin pensar en la gran cantidad de asuntos importantes que no estoy haciendo o, peor aún, pensando.

Ya no me planteo tan a menudo si pierdo el tiempo o no, lo gano respirando cada segundo sin preguntarme si lo empleé correctamente. Me da paz, aunque no sé si es rentable. No me lamento por no haber sido mucho mejor en una época, un día, una noche. Ya no me culpabilizo por haber perdido el tiempo.

Todo el tiempo que “perdí” lo gané en aprender de sobra qué es lo que no tengo que repetir y qué tengo que hacer de otra forma. Todo el tiempo que “perdí” y muchas veces sufrí no me hace sentir culpable. De hecho me enseñó que nunca hay tiempos perdidos, sino nunca aprendidos.
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Eso de perder el tiempo debería reconceptualizarse, ¿no creéis? Nadie nos lo otorga, nadie nos lo concede a plazo fijo. No tenemos que dar explicaciones a nadie con lo que hacemos con él. Mientras para unos perderlo es todo aquello que no esté dedicado a conseguir una meta, para otros es lograr que vivir sea todo aquello que nos haga perder la sensación de estar ” malgastándolo”. Hay que dejar más tranquilos a los que no cronometran su vida en base a objetivos, sino que viven con el objetivo de no sentirse cronometrados.

Coge los tiempos que algunos llaman perdidos

¿Quiénes y por qué nos dicen que “perdemos el tiempo”? ¿Quién dictamina lo que es una pérdida o ganancia vital? ¿Hay jueces para ello? ¿Hay ceros añadidos a la hipoteca, números de hijos y total del tiempo neto para hacerlo? ¿ Hay contestaciones que te libran de la cuerda floja ? ¿Cuál es el dictamen de los años aprovechados? Al menos deberían explicarnos cuáles son los argumentos y su base empírica, para orientarnos.

Los tiempos que algunos llaman perdidos, son los que más me ayudaron. Qué gozo y qué envidia para algunos de los que nunca se turban, de los que nunca se espantan. Sin embargo, algunos tienen necesidad de tiempos que los turben, que los espanten o que simplemente los quebranten.

Me gustan los tiempos en los que la gente pensaba que estuve malgastando minutos. Son en los que solía notar más mi respiración y mis suspiros con más fuerza.
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Son los que hicieron multiplicar los minutos y las historias cuando vinieron los “tiempos de provecho”. Necesito saber qué es perder el tiempo por mí misma. Lo que para unos es malgastar tu vida en capítulos innecesarios, para mí resultaron las partes necesarias de una novela, que releída en varios tramos vitales adquiere significados distintos y con una incoherencia constructiva.

Que nadie se atreva

Que nadie se atreva a juzgar una etapa de tu vida, un período de depresión u ansiedad, una relación que parecía ser perjudicial desde todos los ángulos. Era tu tiempo y si lo perdiste es porque tú, en aquel tiempo, desconocías cómo poder ganarlo de otra forma. Estabas viviendo, estabas aprendiendo a equivocarte. ¿Qué mejor aprendizaje que ese?

Necesitabas esos errores para no volver a cometerlos más en el futuro porque hubiesen sido quizás más dañinos e irreversibles para tu bienestar. No hay tiempos perdidos, hay enseñanzas no muy bien aprendidas o digeridas emocionalmente.

No se trata de perder o no el tiempo, sino de saber que de una forma u otra nadie nos enseñó que hay que curar experiencias sin sentirnos extraños, sin creer que perdemos lo que fuimos, sin que nos atrevamos a pasar a otra nueva etapa en la que podamos aprovechar lo que perdimos en las anteriores. Sea el tiempo, sea otro concepto. Nada es perdido si es aprendido a nuestra manera.”

Bueno, después de haberlo leído como les he pedido, cómo se les queda el cuerpo? A mi fatal.

Cuando yo era una niña, sobre todo por ser niña, me exigían un aprovechamiento del tiempo porque sí; pero un aprovechamiento del tiempo en lo que los demás entendían que lo tenía que aprovechar, en ser educada como una niña, en tener valores diferentes a los de mis hermanos, en tener bien claro lo que se me exigía como niña y como mujer, en seguir los patrones marcados por las mujeres en ese momento, no se fuma, no se bebe alcohol, no se escupe por la calle, no se habla muy alto, no se ríe, sólo se sonríe y bastante pero quedándote en medio que no vaya a parecer que eres una buscona, es más, me sentía obligada a asistir al conservatorio de música porque a mi madre le parecía que debía aprender a tocar un instrumento y como no teníamos dinero para comprar un piano -ni para comer pero era importante que fuera una mujer de provecho- y mi primo se había comprado un violín porque había empezado a tomar clases, pues ala!!! la niña a tocar el violín, un instrumento que ahora soy incapaz de tener entre mis  manos por la obligación que me impuse de aprovechar el tiempo en lo que hiciera feliz a mi madre y en lo que ella no había podido realizar en su niñez. Era tanta mi obsesión por hacerlo y yo, como mujer, todo tenía que hacerlo bien, que veinte años después, y después de muchas discusiones con él, vi el un pueblo de Gran Canaria al que fue mi profesor de violín y me reconoció. Se acercó a mi y me dijo: Eres María Díaz, le dije que sí y me dijo: Bien me hiciste sufrir, esa capacidad y esas manos y tú sólo querías jugar al voleibol. Para ellos era una verdadera pérdida de tiempo y a mí era lo que me hacía muy feliz.

Después de dejar el conservatorio, cosa que mi madre me terminó perdonando, notaba que iba creciendo al mismo tiempo que crecían unas obligaciones que no se equiparaban a las que tenían mis hermanos y si encima se me ocurría meterme un rato en la habitación a escuchar música y volar con mis sueños, mis ilusiones, mi imaginación; entonces es que estaba perdiendo el tiempo. “Así se te va la vida”, solía decirme mi madre, pero no era cierto, la vida estaba ahí y yo sólo quería imaginármela a mi manera, como quisiera hacerla, como quisiera vivirla; pero no podía, porque era perder el tiempo. Reconozco que aquellos momentos de imaginación eran lo único que me sacaba de la vida que llevaba, era lo único que me dejaba escapar de una realidad que no quería vivir y que no debería vivir ningún niño y ninguna persona.

Así que, espero que hayan pensado lo que  les dije antes y que hayan recapacitado. Lo que para nosotros puede ser perder el tiempo, para otros puede ser la salvación de una muerte prematura anunciada. Es cierto que, en esta sociedad capitalista en la que vivimos todo es para ahora y ya, pues se me ocurre que imaginar, descansar la mente, idealizar también deben ser para ahora y ya.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz