11 de marzo de 2017

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Buenas noches:

Wow!!! Hoy sí; he encontrado esta joya, esta maravillosa joya en La Mente es Maravillosa, escrita por Sergio De Dios Gonzáles que deberíamos imprimir todos los padres, educadores, maestros, profesores, curas, monjas, personas, en definitiva, todos los que tengan que ver en un momento u otro con niñas en su camino. Leamos y luego opinemos:

Sergio De Dios González 5, Marzo 2017 

Las niñas que hoy ocupan parques y pupitres son las mujeres del mañana. Pero antes son las niñas de hoy y nada justifica que nos queramos comer a bocados su infancia para que en el futuro sean mujeres perfectas. Preparadas para ser madres, preparadas para llevar una casa, preparadas para moverse por el mundo, preparadas para ser las mejores en su profesión, preparadas para gestionar sus emociones, preparadas para masticar la frustración y no atragantarse… Si a ti te duele la cabeza de tanto “preparadas”, imagínate a ellas.

“La vida es la infancia de nuestra inmortalidad”

-Johann Wolfgang von Goethe-

 

La infancia no es una lanzadera de mujeres perfectas

La infancia no es la lanzadera de las mujeres perfectas. Por supuesto que no hay padre que no quiere desee sus hijos tengan el mejor futuro. Para eso se dejan la piel en el trabajo todos los días, para eso buscan al mejor profesor y hacen un esfuerzo por multiplicar las horas del día.

El otro día leía un artículo que decía que les preguntábamos demasiado a los niños y quizás sea verdad, lo que me ha enseñado la experiencia es que les escuchamos demasiado poco. Que tienen millones de redes sociales en las que expresarse, pero pocas espacios familiares en los que hacerlo.

Que nadie me entienda mal, no se trata de que ellas decidan, pero sí de que contemos con lo que ellas quieren ahora, incluso con lo que le gustaría en un futuro si nos agenciamos el poder de tomar decisiones por ellas: si asumimos ese derecho y esa obligación, no podemos obviar la responsabilidad que adquirimos con ellas. No se trata de consentir, sino de integrar y de ayudarles a que ellas descubran por sí mismas dónde quieren llegar. Hablo de algo que no tienen nada que ver con que los padres sean más o menos estrictos.

Si les queremos enseñar algo, enseñémoslas que la perfección no existe. Que a lo largo de su vida van a tener que enfrentarse a miedos, y que las valientes no son las que no los tienen, sino quienes los dejan a un lado y los superan. Las que lo hacen una y otra vez mientras observan, de reojo, como esos miedos se hacen pequeños.

“Quienes comparten nuestra niñez, nunca parecen crecer”

-Graham Greene-

 

Las mujeres perfectas no existen, pero sí las mujeres valientes

Enseñémoslas que la perfección no existe, pero que los miedos se multiplican cuando avanzamos: en la casilla de salida suele haber mucho menos que perder que en las casillas intermedias. Contémoslas que hay victorias que tienen precios que no merecen la pena pagar, porque no merece la pena ser el más popular si por serlo el precio es el acoso, la burla o le insulto.

Mostrarles que antes de asumir cualquier opinión como propia es mejor someterla a juicio. Hagámonos aunque esto suponga que lo hagan con nuestras opiniones y tengamos que dedicar tiempo a exponerlas. No les mostremos que la vulnerabilidad nos hace débiles, porque las corazas con las personas que queremos solo nos alejan de ellas. Enseñémoslas que ellas tiene un gran poder. El de romper con una pareja al primer indicio de maltrato, el de derribar una puerta e intervenir si sienten que alguien está en peligro, el de decir no cuando reciben una invitación de la que sospechan. Enseñémoslas que la libertad no implica anarquía y que quienes la temen no lo hacen por nuestro bien, por mucho que se hagan acompañar de muchas voces con pancartas y letras escritas a rotulador.

Enseñémoslas que si juntan su poder con la valentía se convertirán en personas que merecerán la pena, y que mientras se convierten en esa persona serán precisamente una persona que merezca la pena. Porque el mientras cuenta, cuenta tanto que si te paras a pensarlo, todo ocurre mientras morimos, mientras vivimos…y en ese mientras rico en perspectivas sucede una cosa y es que la felicidad tiene una extraña simpatía por las personas que merecen la pena.”

Bueno, cómo se les ha quedado el cuerpo? Yo reconozco que a mi la mente me ha dado un vuelco hacia mi infancia y ha dicho: JODER!!! y me imagino que a mi amiga Loli Padilla también, aunque ella es más educada que yo y lo habrá dicho de otra manera.

Lo que hemos leído aquí era muy cierto antes, pero lo triste es que sigue siendo muy cierto ahora, y no sólo por parte de las familias, sino de la sociedad en general. Las niñas han nacido para vivir su vida, la que ellas quieran y como ellas quieran. Si me lee la Iglesia me excomulga.

Nos hemos parado a pensar en algún momento, por qué a las niñas se les exige más que a los niños? -y el que no lo quiera creo que tiene un problema enorme. Nos hemos parado a pensar por qué las niñas son educadas para comportarse de una manera determinada y los niños tienen más libertades concedidas? Nos hemos parado a pensar por qué a las niñas se les medio intenta convencer para que practiquen un deporte determinado y a los niños otro? Sin ir más lejos, mi hija Elba practicaba fútbol y un día decidió dejarlo porque los mismos compañeros del equipo no querían jugar con ella en el patio del colegio, aunque sí en el campo de fútbol, y las niñas tampoco querían compartir juegos en el patio porque ella era la niña que jugaba al fútbol. Me parece absolutamente definitorio de esta situación de educación que están recibiendo nuestros hijos. Sin ir más lejos, yo tenía que escuchar a algunos padres de nuestro equipo, por no llamarlos energúmenos, cómo desde la grada le gritaban a mi hija cosas como: “un día más tarde y nace niño”. Es increíble cómo personas que ven un partido de personas pueden entrar a hacer esos juicios por el simple hecho de no ser del mismo sexo que su hijo.

No hemos evolucionado tanto, no hemos aprendido nada, el machismo sigue ahí latente y seguimos educando a nuestras hijas para que sea princesas y no demuestren emociones en público, etc. Pero cuándo vamos a aprender y a dejar que las mujeres sean libres para tomar sus propias decisiones, libres para estudiar lo que quieran, libres para no sentirse obligadas a tener hijos, libres para decidir qué tipo de vida quieren llevar? Seguimos teniendo un alto índice de maltrato, un alto índice de asesinato a las mujeres a manos de sus parejas sentimentales, un alto índice de mujeres que tienen que huir y esconder su identidad porque son acosadas por unos hombres que se creen sus dueños; y digo un alto índice porque aunque fuera una sería un alto índice. Cuándo vamos a enseñar a nuestras hijas a ser libres, a que pueden decidir, a que nadie les tiene que decir lo que hacer, a que luchen por sus derechos y por unos sueldos iguales a los de los hombres, cuándo!!!

Bien, me gustaría que todas las mujeres que padecemos fibromialgia echáramos un vistazo a la educación que hemos recibido, a la educación que nos han dado no sólo nuestros padres, sino la sociedad en la que hemos vivido. Ya, ya sé que hay investigaciones que dicen que la fibromialgia tiene que ver con temas neuronales, cosa que yo también creo, que tiene que ver con la herencia genética, que tiene que ver con diferencias en el ADN, etc. Yo creo que todo eso es así, que la fibromialgia tiene muchísimo que ver con todo eso, pero también creo que tiene que ver con la educación que se recibe, con la herencia de cuidadoras y de sumisas que nos han dejado a las mujeres. Pido por favor que entiendan que no descarto para nada los avances que hablan de genética, de neuronas ni ningún avance que haya hecho la medicina -lo aclaro porque cada vez que hablo del tema educacional me caen muchas críticas que no entienden que esto es una suma y no un resta a lo que puede ser la causa de nuestra enfermedad. Por lo tanto quiero dejar muy claro que nuestra enfermedad es una suma de todas las cosas que he expuesto incluida la educación.

Bueno, aquí les dejo mi pensamiento sobre lo que puede implicar la forma que tengamos de educar a nuestras hijas. Espero que les pueda ayudar en algo,

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz