14 de marzo de 2017

una-vez-fui-pequena

Buenos días:

O no tan buenos. Hoy siento nostalgia, pero una nostalgia extraña, una nostalgia que no había sentido nunca. Podemos añorar a quien no conocemos? Podemos añorar a quien vemos en la distancia pero no podemos alcanzar? Qué lío, imagino que debe ser cosa de la medicación o del bajón anímico que siento hoy.

Estos días he estado muy contenta. He asistido con regularidad a la clase de yoga participando de ella completamente y realizando los ejercicios completos aunque a mi ritmo. También he caminado sintiéndome cada vez más segura. El sábado me costó mucho la salida de la clase de yoga y caminar hasta el colegio delos niños donde Elba me esperaba porque había ido a ver un partido de voleibol. Como no esperaba tener que ir caminando, no me había mentalizado así que pasé todo el camino llorando, con muchísima ansiedad y agarrándome de las paredes. Cuando llegué al colegio le dije a Elba que estaba en el bar que estaba en la otra acera porque no estaba en condiciones de estar dentro del colegio. No podía parar de llorar, las lágrimas brotaban de mis ojos como si fueran cascadas rebosantes de un agua cristalina y salada que llegaba hasta mis mejillas mojando lo que tocaba a su paso. Fue muy difícil contener toda la emoción negativa que había sentido después de encontrarme con una compañera de trabajo en el estudio y comenzar a responder a sus bienintencionadas preguntas sobre mi estado de salud. La casualidad quiso que mientras lloraba contándole cómo me sentía me escuchó una doctora que estaba también en la ducha y me dijo que me tranquilizara, que había cada vez mayor concienciación médica y mayor sensibilidad con los enfermos de fibromialgia; que en E.E.U.U. estaban con unos estudios avanzados y que pronto saldrían mejoras para nosotros. La verdad es que yo no podía contener las emociones que estaba sintiendo.

Cuando nos íbamos del partido del equipo de Elba, seguía llorando y así me pasé casi todo el sábado, hasta que mi hija me preguntó que si podía ir a un partido por la tarde. Mi respuesta fue inmediata: “sí, yo te llevo”. Fue una sorpresa hasta para mí, que me había ofrecido, después de casi año y medio, a conducir de nuevo; a armarme de valor y volver a coger el coche sola, completamente sola aunque con mi hija al lado. Cuando salimos de casa me sentía bastante segura, pero al doblar la esquina, empecé a llorar porque me agobié; nunca podré estar más agradecida a mi hija que con 13 años empezó a animarme diciéndome que lo estaba haciendo muy bien, que sólo tenía que aplicar lo que ya sabía y que lo seguía haciendo de maravilla. Muy linda, me decía que me concentrara en el camino mirando lo bien que iba dejando al resto de los coches detrás y lo bien que avanzábamos por la vía. Reconozco que no sé cómo pudimos hacerla tan maravillosa y cómo pudimos educarla así, pero como Elba siga de esta manera va a ser una adulta absolutamente  impresionante. Llegué al partido y también fui capaz de volver sola a casa. Ya a recogerla del partido no pude ir porque seguía sumida en un estado de ansiedad difícil de explicar.

Ayer lunes volví a ir caminando sola a yoga. Me lo había planteado y fue bien aunque me perdí un poco para encontrar el estudio. Cuando llegué me sentí feliz. Sé que es una felicidad que muy pocas personas pueden entender, pero que a mi me llenó el alma. Hice la clase y volví caminando hasta donde estaba aparcado el coche. Al llegar cogí las llaves del coche y me fui a casa en coche en vez de coger un taxi. Llegué bien, Luego bajé a buscar a Inés al colegio, fui a buscar a Elba al suyo y al volver a casa, paré en Decathlon y me compré unas cosas que necesitaba. Ahí sí que me agobié un poco, bueno, bastante y volví rápido al coche donde se habían quedado las niñas. Volvimos a casa y estuve tranquila esperando a que fuera la hora de ir a buscar a mi marido a su oficina. Lo recogí y volvimos a casa.

Sé que debería estar contenta pero no es así del todo. Tengo mucha ansiedad y no controlo exactamente los sentimientos que tengo sobre nada. Mi ira crece cada día contra mí, por ser incapaz de volver a dibujarme tal y como era; por ser incapaz de darle a los míos lo que me dan, devolver la serenidad a mi vida y a la de los que están a mi alrededor sin necesidad de que mi hijo me encuentre llorando y me pida que deje de hacerlo por favor. Es muy jodido sentirse así, sobre todo cuando te gustaba quien eras, cuando miras tus fotos y eres incapaz de reconocer a la persona que estás mirando, eres incapaz de traer a quien recuerdas que fuiste y, a veces, sobre todo por las noches, sueñas despierta con que eres ella, la que un día posó para cada foto que tienes en tu vida y de tu vida.

Pero debo estar contenta. Intento bajar mi medicación y siento que se acrecienta mi ira sobre todo lo que me recuerda que así no debo ni puedo seguir; sobre todo lo que hace que sienta que así no soy digna de tener una vida medianamente normal donde exista el amor, el cariño y la comprensión -que pueda recibir y dar; a veces, cuando pienso mucho en ello, lo que tengo es ganas de dejar de estar; de desaparecer de alguna manera de la vida de quienes me aman y me ven sufrir sin poder detener esta involución continua, esta involución que hace que deje de sentirme animal racional para sentir una irracionalidad digna de los seres más despreciables que te puedes encontrar por el camino. Sé que no soy esa, sé que es la enfermedad la que así actúa, pero que más da, lo sé yo pero los demás no me conocen como para poder valorar lo que era antes. Mis hijos sufren y verán mi deterioro diario y algún día no sabrán o no recordarán quien fui,; no es justo pero es ley de vida, así que me planteo si no es mejor desaparecer de sus vidas -por más que me duela- antes que destrozárselas por completo.

Imagino que esto es mucho de lo que se nos pasa por la cabeza a las personas que padecemos esta enfermedad y que aun recordamos quiénes éramos. Imagino también, que como dicen algunas religiones la vida es todo cambio y movimiento y que no debemos aferrarnos a nada ni a nadie, porque estaremos cambiando siempre y en cualquier lugar en el que nos encontremos.

Imagino todo esto y además imagino, pero sólo en ocasiones, que sería de mi si esta enfermedad no hubiera posado su sombra sobre mi ser. Imagino……

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz