15 de marzo de 2017

Cuando te des cuenta de lo importante que es tener salud física y mental...

Buenas noches:

Hoy he vuelto a encontrar un artículo más en La Mente Es Maravillosa, escrito por Edith Sánchez, que habla de la culpa, pero de la culpa creada por los demás, por familiares, por la religión, por la escuela, es decir, la culpa creada por la sociedad, una sociedad controladora, que no duda en acusarte, juzgarte y condenarte por la simple razón de no seguir paso a paso sus directrices. Creo que si preguntamos a personas con fibromialgia te contestarán que se sienten culpable por esto o por aquello, por lo de arriba o por lo de abajo, porque vivimos en comunión con la culpabilidad inducida por los demás y con la necesidad creada de tener que hacer felices al resto de personas que conocemos. Yo recuerdo que, como encontrara a alguien a quien no cayera bien, intentaba modificar mi conducta para poder caerle mejor, craso error; también recuerdo que había personas de mi familia que eran muy influyentes en mi y que me preocupaba demasiado lo que pudieran pensar o sentir por mi, hasta que fui entendiendo que yo era libre para hacer lo que quisiera mientras no menoscabara la libertad de los demás, pero que si alguien se quería enfadar, molestar o sentir mal con lo que yo hiciera, quien tenía el problema era esa persona. Leamos y luego analizaremos:

Edith Sánchez 14, Marzo 2017

Vivimos en un medio cultural que intenta imponer ciertas pautas de comportamiento. Se nos dice que hay premios y castigos por nuestros actos. Y cuando cometemos un error o hacemos algo contrario a ese “deber ser” o simplemente dejamos de hacerlo, aparece el sentimiento de culpa. Comienzan entonces nuestros problemas.

En cualquier espacio encontramos esa clase de normas. En la familia, el trabajo, la escuela, la cotidianidad. En todo momento nuestras decisiones pasan por esa especie de código de comportamiento encargado de diferenciar lo correcto de lo incorrecto. Una moral que nos acompaña a medida que nos convertimos en sujetos sociales.

“Yo no tengo la culpa de que la vida se nutra de la virtud y del pecado, de lo hermoso y de lo feo”.

-Benito Pérez Galdós-

Inclusive a veces las cosas parecieran ir más allá. Por ejemplo, en algunas religiones como la Católica, los creyentes nacen con una deuda llamada “pecado original”, que solo puede ser borrada a través del sacramento del bautizo. Nos declaran culpables antes de venir al mundo y no sabemos cuál es la razón para que se nos señale de esa manera.

Lo ideal es no dejarnos paralizar por el sentimiento de culpa. Es bueno reconocer los errores, hacer una reflexión, aprender. Pero no es sano cargar esa culpa toda la vida. Así nadie sería capaz de crecer personalmente y alcanzar sus metas. Si hay algo peligroso es un sentimiento de culpa tan fuerte que termine gobernando nuestras vidas.

No te juzgues tan severamente, ni permitas que los demás sean tus verdugos

Siempre estamos pendientes de la aprobación social. Muchas veces no somos capaces de dar un solo paso sin tener en cuenta lo que digan los demás. Y nuestra existencia, en vez de ser un tesoro, se transforma en un lugar frío, oscuro, sin esperanza. Nos aislamos, no nos atrevemos a dar ninguna clase de opinión y hacemos todo lo posible para volvernos invisibles.

La situación se complica cuando defraudamos a alguien o a nosotros mismos. Sin importar quién tiene la razón, lo primero que se nos impone es asumir una culpa que nos lleva a juzgarnos de una manera, a veces, cruel y despiadada. Así, la confianza en nosotros y la autoestima reciben un golpe brutal.

Puede suceder también que sean los otros quienes se encarguen de decirnos que nuestra conducta no es la adecuada y nos impongan una sanción injusta, arbitraria y desproporcionada. Inevitablemente, los únicos lastimados seremos nosotros. Piensa que merecemos el respeto que damos porque esa es una de las garantías para la convivencia.

Nadie tiene derecho a negarte una segunda oportunidad; ni siquiera tú mismo. Asumir las equivocaciones es un acto noble y que te enriquece espiritualmente. Todos estamos en igualdad de condiciones. Para que una culpa no se te convierta en obstáculo es necesario que te perdones, sepas perdonar y entiendas que tus semejantes no tienen poder sobre ti.

Deja que la culpa se quede en el pasado y ponte a caminar en el presente

Muchos confunden la frase “quien olvida su historia está condenado a repetirla” (atribuida al poeta español Jorge Agustín Nicolás Ruiz). Encuentran en ella un motivo para permanecer en el pasado. Si bien es necesario recordar para no cometer las mismas equivocaciones, también es cierto que nadie puede crecer arrastrando ese lastre de lo que pudo haber sido y no fue.

Tal vez uno de los errores más frecuentes es quedarnos anclados en el pasado. Comportamos igual que un reo condenado a cadena perpetua. Hasta ahí llegamos y nada ni nadie puede sacarnos de esa parálisis física y espiritual. En adelante, esa culpa dominará cada una de nuestras actuaciones hasta volvernos personas frustradas.

Somos una construcción en el tiempo y en el espacio. Nuestra vida es muy corta comparada con las distancias que hay en el universo. Aquí medimos el paso del tiempo en segundos, minutos y horas. Luego en días en noches. Y terminamos con ciclos de semanas, meses y años. La tierra no es más que un pálido punto azul en un infinito de tiempo, como lo describió Carl Sagan.

Si miramos el pasado de manera constructiva, el sentimiento de culpa desaparecerá y lograremos salir del estancamiento. Es la única forma de madurar. Si por el contrario dejamos que ese pasado nos acorrale y se imponga en nuestro presente, no tendremos posibilidades de avanzar. Somos artífices de nuestro destino porque el futuro está en nuestras manos.”

Bueno, me parece muy clarificador de lo que sentimos, en muchas ocasiones, las personas que padecemos de fibromialgia. Quiero dejar una cosa bien clara, lo que aquí escribo no excluye para nada lo que los avances científicos dicen que es la fibromialgia; por el contrario, se ha demostrado que hay muchas cualidades que comparten los enfermos de fibromialgia y algunas de ellas se explican claramente con muchas de las cosas que encuentro y sobre las que escribo. 

Cuando hablamos de culpa, siempre entra en juego el elemento sociedad, porque es la sociedad la que, escritas o no, impone unas normas de convivencia y de comportamiento. Por la sociedad, como dije antes, entendemos la escuela, la familia, la religión y toda persona que nos gobierna, que conocemos, etc, es decir, que la sociedad se compone de un ilimitado número de personas que son partícipes directa o indirectamente en nuestras vidas.

Cómo definiría yo la culpa, pues muy sencillo, la culpa es el juicio y la declaración de responsabilidad sobre los actos que entendemos y entienden los demás como malos; es decir, la culpa es lo que los demás y tú mismo utilizas para machacarte con que lo que estás haciendo está mal hecho y por ello te tienes que sentir mal.

Con la culpa no se nace, la culpa se hace. Entendemos que venimos al mundo sin “conciencia” sobre si lo que pasa está bien o mal, pero la sociedad a la que pertenezcamos, la religión que profesemos y la familia que nos educa nos enseña según sus valores; según los valores que ellos entienden, por lo que se va forjando nuestro carácter y con él, se va forjando la responsabilidad y el comportamiento que debemos tener con nosotros mismos y con los demás.

Las personas con fibromialgia solemos ser muy responsables -esa es una de las características que nos define según “alguien”. Responsables? Desde qué punto de vista? Quién define lo que es la responsabilidad? Desde tu criterio qué es responsable para con tu familia? y así un largo etcétera de cuestiones, porque no olvidemos que en algunas comunidades, matar a alguien porque va a robar tu coche está bien visto; en otras comunidades que hombres de cuarenta se casen con niñas de nueve años y las maten por mantener relaciones sexuales en la noche de bodas, está bien visto; en otras comunidades no bautizan a los hijos de los heterosexuales pero sí abusan de otros niños en los seminarios o colegios. Quién dicta las normas? Pues muy sencillo, las normas las dictan personas que han sido educadas en sociedades, en familias y bajo la estricta o lacia mirada de su comunidad.

Con esto quiero decir que no todos tenemos, ni tenemos por qué tener, los mismos valores ni los mismos criterios para entender si algo está bien, mal o regular, por lo que cada uno debe, dentro de su libertad y respetando la de los demás, actuar en función de lo que cree y de lo que siente, haciéndose feliz a sí mismo primero y luego a los demás, siempre que esté en su mano y que ello no suponga dañarse a uno mismo.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz