16 de marzo de 2017

debemos hacer las cosas ordinarias con Amor extraordinario

Buenas noches:

Un día más en esta vida que nos hace sentir extraños en nuestros propios cuerpos, en nuestras propias mentes, en nuestras propias casas y con nuestras propias familias. Hay días como el de hoy en los que no tengo muy claro quién soy, dónde estoy y porqué, qué me apetece y qué quiero dejar atrás; es una absoluta incertidumbre, un absoluto desconcierto; es la mala jugada que nos hace nuestra mente debido a la trampa que nos pone esta enfermedad a todos los que la padecemos. Cómo es posible que te sientas bien un día, a una hora determinada y que no sientas tu mente responderte a otra hora, cómo es posible que esta enfermedad nos trate de esta manera tan cruel sin importarle lo que tienes que hacer, lo que has hecho, quién depende de ti, quién eres y hasta dónde tienes que llegar. Está muy bien pensar, como piensa el resto de la sociedad que no está en la misma situación que tú, que tienes y debes poder con esto, que tú eres más fuerte que lo que te está sucediendo y que lo único que tienes que hacer es seguir adelante sin importarte qué te está pasando, sin importante lo que estás sintiendo, sin importarte el miedo que sientes de no reconocer tu cuerpo, de verte crecer y crecer gracias a la medicación que tomas; de verte perder la cabeza y olvidar gracias a la propia enfermedad que te impide ser una persona “normal” y que te juega las malas pasadas de confundirte y perderte en el espacio y en el tiempo.  Qué fácil es juzgarme desde tus zapatos, qué fácil es aleccionarme sobre una enfermedad que no tienes ni la más remota idea de lo que significa, porque lejos de querer aprender sobre ella para poder ayudar a quien lo padece de tu familia, de tus amigos o de tus conocidos, lo que haces es explicarme lo que crees que debo hacer igual que hiciste tú cuando te dolió la muela quince días porque ya sabemos que el dolor de muelas es el peor que hay. En fin, debe ser muy sencillo superarla desde fuera, desde un cuerpo y una mente sanos, desde el perímetro de mis sentimientos y desde la voluntad que todo el mundo pone exceptuando nosotros, los que padecemos fibromialgia.

Yo recuerdo cuando estudié la carrera. Recuerdo cuando el deporte era lo que más me importaba y lo que realmente me hacía descargar todo lo negativo que vivía o que me había pasado. Recuerdo cuando jugar al voleibol era sencillo, cuando tenías esa coordinación para saltar y rematar un balón que venía por el aire sin dudar de tus capacidades. Recuerdo cuando hacíamos actividades acuáticas y cuando competíamos en natación; recuerdo también cuando un partido de hockey hacía las delicias de cualquier sábado por la tarde y cuándo uno de tenis te enseñaba a coordinar mejor para meter un saque en el rectángulo opuesto del campo contrario. También recuerdo cuando un partido de fútbol hacía saltar las críticas de tus familiares porque el fútbol era un deporte de hombres -y en aquella época éramos pocas las chicas que lo jugábamos. Recuerdo cómo los partidos de baloncesto hicieron de mí la más descoordinada de las compañeras del quinteto, pero cómo un balón de balonmano salía disparado como un misil gracias a la potencia que ejercía la gran velocidad con la que sacaba el brazo derecho en el tiro. Los temas de baile, aeróbic, etc no eran mi fuerte, la coordinación para las artes del movimiento corporal sutil no eran lo mío. Y después de pasar por algunos intentos en el béisbol, terminé haciendo mis pinitos en el padel, donde disfrutaba con mis remates al más puro estilo del voleibol y donde podía jugar con amigos, familiares o personas absolutamente desconocidas de las que aprendías mucho. Esa era mi vida, esa era la vida a la que sé que no podré volver más. Sé que ahora debo aprender a ser quien soy, y no es fácil, ya que sé quien fui.

Bueno, ya es hora de dejar de llorar, es hora de dejar los lamentos para otro momento y otro lugar, es hora de sentarse y pensar qué es lo que quiero y a partir de ahí, fijarme un objetivo claro sobre lo que quiero hacer con mi vida y tomar la decisión de hacerlo. Deportivamente sé que voy a intentar, no, voy a hacer un curso de monitor de yoga de iniciación mientras sigo asistiendo a las clases los lunes, miércoles y viernes. En tema de trabajo, me encantaría poder dedicarme a sacar la Red adelante y poder ayudar a los enfermos de fibromialgia a salir de dónde estamos y familiarmente, familiarmente quiero ser la mejor madre que pueda, quiero llegar a aceptar a mis hijos tal y como ellos quieran ser, llegar a ayudarlos en lo que pueda dejando a un lado lo que la fibromialgia no me permita hacer y esforzándome más en lo que sí me permita, motivándolos para que luchen por conseguir sus sueños y que realicen todos los viajes que puedan para que se enriquezcan como personas, para que mamen de las culturas existentes en el mundo, para que aprendan a ser solidarios con los más necesitados y para que se empapen de  la realidad de esta cruel pero maravillosa sociedad.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón regándoles que compartan para poder llegar a más personas.

María Díaz