17 de marzo de 2017

Eres tú quien cultiva en el huerto de tu mente

Buenas tardes:

Increíble. Una se puede sentir sola, pero evidentemente la peor soledad es la que se siente estando acompañada. Intentas hablar, pero siempre se va a terminar la conversación con el daño, porque si no me entiende me ataca. Así se ha escrito siempre la historia hasta hoy, que me planto, que no quiero más, que no me apetece seguir sufriendo por lo que debería ser complicidad, cariño, amor y comprensión. Se acabó, se terminó y no quiero seguir soportando algo que ha hecho que mi enfermedad se disparara y comenzara a galopar cuando iba simplemente trotando. Se acabó el daño y como aun no sé dejar atrás y que no me afecte, se terminó.

Cuántas veces habré escuchado a alguna compañera de fatigas decir esto, expresar así la angustia ante la incomprensión, la soledad y el trato deplorable que vivían y que les llegaba desde sus familiares más cercanos. Cuántas veces habré escuchado el lamento de alguien por no haber hecho su sueño realidad por sentirse sometida  por alguien a quien amaba, cuántas veces habré cogido las manos de quien lloraba sin consuelo porque no había nadie que le diera amor, un amor que, lejos de creerse que se merecía, suplicaba porque creía que lo necesitaba; cuantas veces….

La vida realmente no es esto, no es estar sometida, mal valorada, embroncada contigo misma, la vida es otra cosa, la vida es salud, y dentro de tu enfermedad, vuelve a ser salud, porque es salud mental es amor propio, es tener ganas de vivir, de salir, de tomar el sol, de pintar, de enseñar, de compartir, de disfrutar y de darte a las personas; pero a todas las personas, no sólo a las personas de fuera de tu casa. La vida es sonreírle a la lluvia y salir a saltar en los charcos, es subir hasta el último piso porque allí necesitan un poco, o mucho de tu corazón, es entrar y salir sin miedo a lo que te vas a encontrar en cualquiera de los dos lugares, es saber valorar y saber valorarte, la vida es eso, vida, y está hecha para vivirla.

Sé muy bien el miedo que se pasa cuando tienes una enfermedad como la fibromialgia, miedo a salir, miedo a no ser capaz, miedo a quedarte sola, miedo a no saber actuar, miedo al rechazo; pero la verdad es que cuando te quitas las etiquetas de encima y te miras entonces al espejo, te das cuenta de que no eres menos que nadie, no eres la mitad, ni tampoco eres lo que es la enfermedad. Si, es cierto, eres una enferma pero capaz, muy capaz, por lo que no debes dejar que nadie y repito para que me lean bien, NADIE puede hacerte sentir mal por la enfermedad que sufres, eso es crueldad , eso no es amor, eso es tratar mal a alguien e intentar quitarle el valor que como persona tiene. No lo puedes permitir, no lo debes permitir.

Evidentemente la enfermedad hará que sientas más miedos de los que sentirías si no estuvieras enferma, pero también hará que encuentres personas en el camino que realmente merezcan la pena, porque la mayor parte de los que estaban en tu vida habrán desaparecido y no te equivoques, lo agradecerás con el tiempo, porque no eran de verdad, no eran sinceros, no te querían realmente, sólo eran personas insulsas que estaban contigo por no sentirse solas, pero que en el momento en el que tú dejaste de ser una sana y amena compañía o dejaste de sacarle las castañas del fuego, te convertiste en ese número de teléfono olvidado o ese recuerdo mudo al que ya no merece la pena rescatar.

En fin, así veo la vida y así se la he contado. Yo, haciendo caso de mis propias palabras, voy a comenzar a dejar de sentirme mal, voy a comenzar a vivir otra vez, a saltar en los charcos, a dejar de sentirme nadie, a dejar de ser sólo esposa y madre para pasar a ser persona y disfrutar de lo que la fibromialgia me ha enseñado, del mundo nuevo que ha abierto ante mis ojos, de las nuevas amigas, de la red que nos está ayudando a todas las personas que queremos pertenecer a ella, porque la vida me ha dado una nueva oportunidad, una oportunidad de sentirme viva, de poder sentir a mi lado a quien realmente quiere estar y lo hace con el corazón abierto, de sentir que ayudamos a las personas que nos necesitan y que esta maravillosa red nos ayuda también a nosotras sin dejarnos caer al suelo. Hoy es el día siguiente a mi vida anterior, es el día que aprendí de una vez por todas a no seguir esperando, a coger mis bártulos y hacer lo que me apetece en cada momento, sin esperar por nadie y sin tener que justificarme ante nadie. Es el día de la regeneración del amor propio y del reconocimiento a las personas que están a miles de kilómetros de distancia pero que las sientes tan cercanas, que parece que sus corazones pueden tocar el tuyo sin problema alguno. Esas son las personas de verdad.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón, rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz