25 de marzo de 2017

Amo a una persona con fibromialgia, a mi

Buenas noches:

Hoy ha sido un día largo y agotador, pero aquí estoy, viva. Anoche estuvimos en la fiesta del colegio de los niños. Es una festa que crean para recaudar fondos para dar unas becas a unos niños en África. Es la fiesta de la solidaridad donde los padres llevamos cosas para vender, se montan kioscos con comida, la comunidad hindú crea un chiringuito con comida, se pone un puesto de fruta y verdura, otro de ropa de segunda mano para quienes quieran comprar los uniformes para sus hijos, etc. La verdad es que es una reunión agradable donde hay grupos de música, etc. Estuvo muy animado y divertido, pero a mí me costó mucho entrar. Al llegar había mucho ruido y mucha gente y enseguida me quedé descolocada y no podía moverme tranquilamente, así que me bloqueé y me puse a llorar. Comencé a sentir la fibroniebla y la inseguridad y no era capaz de avanzar. Pablo me dio la mano y me ayudó a entrar hasta los puestos de ventas en los que compramos verdura. Se me fue pasando el agobio gracias a la compañía de mi gente pero cuando me encontraba a alguien que me preguntaba que cómo estaba, comenzaba a llorar irremediablemente. Las personas son, o mejor dicho, somos como somos, y me hace gracia que te pregunten que si estás más animada y yo le responda con lágrimas en los ojos y atragantada y me digan pues hay que tirar para adelante. Gracias, me acabas de dar la solución a mis problemas, gracias por considerarme tan estúpida de pretender quedarme estancada en mi desánimo y no entender que estoy enferma, que mi enfermedad se llama fibromialgia y que, a la hora que era, con el frío que hacía y con las personas y el ruido que allí me encontraba no intento salir adelante; es cierto, sólo necesitaba que tú me lo dijeras para dejar de sentir esta arrolladora enfermedad y con ella todos sus síntomas.

En el Chiringuito hindú me encontré con una antigua compañera de trabajo, Mapi. Una gran persona. Me emocioné tanto al verla que volví a llorar, pero esta vez fue de verdadera alegría. Estuvimos hablando largo y tendido, sobre unas cosas y otras, sobre hijos, sobre mi estado de salud, sobre la imposibilidad de volver a un trabajo duro como el que más y donde yo estaría absolutamente ciega y sorda. Hablamos de sus proyectos, de sus planes, de sus hijos, de los míos, y hablamos de la Red que hemos generado. Me confesó que me sigue en facebook y que sabe de algo, y que su madre creen que tiene fibromialgia, pero que aún están con otras patologías. También me dijo que su vecina también la padece, por lo que le insistí en que les diera nuestra información y que las llevara a la merienda que vamos a hacer la red de Gran Canaria el martes. Me dijo que hablaría con ellas  que me diría algo.

Al irse Mapi fuimos otra vez a los chiringuitos, estuvimos hablando con Berta, otra de las madres que conocemos desde hace mucho tiempo. Me preguntó que cómo me sentía y estuvimos hablando del tema, me dio su comprensión y me dijo que era una valiente; lo que pensé en ese momento fue “pues si conocieras a los que conozco yo. Si supieras cómo tiran de su vida hacia adelante….”

A las 23.10 llamé al móvil a Elba y le dije que si nos podíamos ir ya, que estaba dándome mucho frío. Me dijo que sí y al irnos al coche caminé un momento por un camino de tierra desnivelado. Sentí cómo sonaba mi cadera y luego llegó el dolor; Un dolor asombroso que no me permitió, al llegar a casa, ni bajarme del coche. Elba tuvo que llevarme al baño, acostarme en la cama y quitarme la ropa, porque yo no podía moverme. Me trajeron las pastillas y al rato me quedé dormida.

Esta mañana me levanté temprano, y muy dolorida, porque Inés tenía una fiesta de cumpleaños en el sur de la isla; en Puerto Rico. Hemos pasado todo el día allí. Hacía bastante fría, pero a eso de las seis y media, ya no aguantaba más las caderas y le pedí a mi familia que si nos podíamos marchar ya, así que nos fuimos. En el coche puse a calentar el sillón para intentar entrar en calor un poco. Llegué a casa y lo primero que hice fue sacar a los perros, luego me duché y ahora me he puesto a escribir el artículo. Estoy cansada, dolorida, desajustada, como si mi cuerpo fuera un encajable y las piezas fueran colocándose en su sitio pero dañando a su paso cada parte que tocan. Espero entrar en calor y poder dormir tranquilamente. Seguro que mañana estoy con más fuerzas, o no, pero he pasado un buen principio de fin de semana, sobre todo porque Elba ha estado en todo momento conmigo y eso me gusta; porque Inés se ha divertido mucho y me dice a cada rato que me ama y eso también me gusta; porque el equipo de Alberto le ganó al segundo equipo más fuerte que hay en su liga y porque hacía mucho tiempo que no salíamos para nada por lo que seguro que tendré agujetas de tanto paseo.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a otras personas.

María Díaz.