29 de marzo de 2017

Se huele en el aire Vientos de Cambios

Buenas noches:

He encontrado este artículo de Valeria Sabater en La Mente Es Maravillosa que, imagino coincidirán conmigo, tiene mucho que ver con las personas que padecemos fibromialgia. Vamos a leerlo y ahora comentaremos.

 Valeria Sabater 25, Marzo 2017 

“A veces lo hacemos, nos adaptamos a lo que no nos hace feliz como quien se calza un zapato a la fuerza pensando que es su talla, y al poco, descubre que es incapaz de caminar, de correr, de volar…La felicidad no duele y por tanto no debe oprimir, ni rozar ni quitar el aire, sino permitirnos ser libres, ligeros y dueños de nuestros propios caminos.

Hace unos años una marca de jabones que comercializaba su producto para entornos laborales lanzó al mercado una gama en concreto que obtuvo bastante éxito. Impresa en la propia pastilla de jabón aparecía la frase “Happiness is Busyness” (felicidad es estar ocupado).

Si bien es cierto que líneas como el concepto de “flujo” Mihaly Csikszentmihalyi enfatiza la idea de que concentrarnos en una tarea en cuerpo y alma puede darnos la felicidad, en esta ecuación debe añadirse sin duda el factor que hace referencia a si esa tarea nos es significativa o no. De hecho, muchos trabajadores veían con triste ironía el eslogan de esos jabones, porque no todos se sentían felices por llevar a cabo una tarea que, si bien les aportaba una remuneración económica, lo que no tenían era bienestar psicológico.

Podríamos decir, casi sin temor a equivocarnos, que una buena parte de nosotros nos adaptamos casi a la fuerza a muchas de nuestras rutinas cotidianas, incluso siendo conscientes de que no nos hacen felices (o utilizando el símil de los zapatos, que nos hacen ampollas). Es como ir en el interior de una noria que nunca para de girar. El mundo, la vida, acontece nerviosa y perfecta ahí abajo, inaccesible y risueña, mientras nosotros seguimos cautivos de nuestras rutinas…

Nos adaptamos para sentirnos seguros

De niños nuestros padres nos ataban con un doble nudo los zapatos o zapatillas para que no se desataran y no tropezásemos. Nos arropaban bajo las mantas y la colcha con sumo cariño, subían hasta arriba las cremalleras de nuestros abrigos y chaquetas para que estuviéramos bien calentitos, atendidos, cuidados.

Muchas de esas veces estábamos algo incómodos por toda esa presión corporal, pero si había algo que sentíamos era seguridad. A medida que nos hacemos mayores y adquirimos responsabilidades de adultos, esa necesidad por sentirnos seguros sigue muy presente. Sin embargo, esta indefinible pulsión por la búsqueda continua de seguridad muchas veces no dirige nuestro comportamiento desde nuestra consciencia.

Por curioso que parezca, el más sensible frente a esta necesidad es nuestro cerebro. No le agradan los cambios, los riesgos ni aún menos las amenazas. Es él quien nos susurra aquello de “adáptate aunque no seas feliz, porque la seguridad garantiza la supervivencia”. Sin embargo, y esto debemos tenerlo claro, la adaptación no siempre no va de la mano de la felicidad; entre otras razones porque esta adaptación muchas veces no se produce.

Hay quien sigue manteniendo el vínculo de su relación de pareja sin que exista un amor real, sin que haya una complicidad auténtica ni aún menos felicidad. Lo importante para algunos es escapar de la soledad y para ello no dudan en adaptarse a la talla de un corazón que no va con el suyo.

Lo mismo ocurre a nivel laboral. Son muchas las personas que optan por mostrar lo que se conoce como “un perfil bajo”. Alguien dócil, manejable, alguien que llega a bajar méritos y estudios cuando redacta su currículum porque sabe que es el único modo de adaptarse a determinadas jerarquías empresariales.

Es como si en nuestra mente existiera un nuevo eslogan grabado, como el de la empresa de jabones citada al inicio: “Adaptarse o morir, renunciar para subsistir”.

Ahora bien…  ¿de verdad merece la pena morir de infelicidad?”

Bueno, dentro de lo que cabe, creo que este artículo habla claramente de salir de nuestra zona de confort -algo que yo hubiera llamado salir de nuestra zona de incomodidad.

Muchas de las cosas que comenzamos y que realizamos tiene más que ver con los aprendizajes y costumbres adquiridos que con lo que realmente queremos hacer, ya que venimos muy influenciados por lo que nuestros familiares y nuestra sociedad nos inculca. Es lo típico de la hija que quiere ser médico porque su madre lo era o el hijo que quiere ser juez porque su padre lo era. Todo va caminando en función de lo que vamos adquiriendo con las costumbres y con lo que el paso del tiempo hace de ellas en nuestra mente.

Las personas con fibromialgia tendemos a “aguantar” muchas cosas por miedo; por miedo a no conseguir otro trabajo, por miedo a que nadie nos quiera, por miedo a no poder realizar tareas simples para el resto de las personas; por todo ello he escuchado a compañeras decirme que aguantan o han aguantado malos tratos físicos y psicológicos, que han aguantado o aguantan en un trabajo que les cuesta mucho realizar y en el que no se sienten valoradas por miedo a no poder encontrar otro o por miedo de que le echen por bajo rendimiento. Hemos aguantado salidas con amigos porque si no no nos iban a volver a llamar; hemos aguantado el dolor para que nuestras familias tuvieran un buen día de playa o de campo; hemos aguantado las ganas de llorar porque no queremos entristecer a los que se encuentran a nuestro alrededor o porque no queremos que se cansen de nosotros; hemos aguantado tanto, malos tratos en la infancia, dolor para seguir adelante, etc. Y todo esto aderezado con la salsa de la vida, los perniciosos comentarios de quienes tenemos a nuestro lado siempre cuestionando y criticando lo que no hacemos o las quejas que tenemos. Todo esto lo aguantamos porque es cierto, nuestro cerebro nos pide seguridad, una seguridad que implica llevar una falda tres tallas menos porque es la vida que hemos elegido y la que este cerebro conoce. Cuando tú le dices al cerebro, vamos a cambiar, vamos a buscar lo que realmente nos hace felices, vamos a encontrarnos con la vida que yo sigo soñando, vamos a vivirla y a disfrutarla, pues nuestro cerebro se paraliza del miedo. Nuestro cerebro no quiere riesgos, no quiere que se le cambien los cimientos de nuestras vidas, porque cree que, al gestionar las emociones, sabe perfectamente lo que vive dentro de ti.

Pero nuestro corazón es otro, es un elemento importante en esta ecuación, es el corazón el que llora cuando la infelicidad se instala en nuestras vidas por no querer arriesgarnos a seguir adelante sin esa pareja que no era de nuestra talla, sin ese trabajo que sólo era necesario para pagar unas letras de una casa que no tiene sentido mantener, dejando también atrás a unos hijos, ya mayores, que empiezan a volar. Ese es uno de los momentos de hacer lo que queramos en la vida si no nos hemos atrevido antes. Es el momento de soltar la cuerda que nos ata a un lugar porque allí están nuestros hijos.Ánimo a todos, el momento es ahora; reúnete contigo mismo y piensa qué quieres hacer, visualízalo, disfrútalo en tu mente, dale forma, y cuando ya esté todo pensado HAZLO; hazlo por tí, por tu salud, por tu felicidad, por la felicidad de los tuyos que te van a ver más feliz que nunca. Hazlo, cambia de tu vida lo que no te interese, lo que no quieras; empieza por sacar de los roperos la ropa que ya no te gusta o que te queda grande o pequeña y regálala, no la guardes por si…. sigue cambiando de tu casa los objetos que no te gusten o que prefieras poner en otro lugar; habla con tus hijos en caso de tenerlos y explícales que quieres vivir tu momento, que si te apetecen y te quieren acompañar perfecto, pero que si no es así que tú lo vas a hacer; mira a tu pareja, la quieres a tu lado? te aporta lo que tú necesitas? tienes ganas de seguir aportándole lo que le aportas? Si todas las respuestas son afirmativas, invítalo, que si no quiere acompañarte es que algo se te ha escapado, pero no han crecido en la misma dirección. Es el momento de tomar decisiones con respecto a esa pareja. PERO HAZME EL FAVOR DE EMPEZAR A VIVIR. VIVE TU SUEÑO Y DEJA DE VIVIR EL SUEÑO DE LOS DEMÁS.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz