04 de abril de 2017

y si no tengo tanta prisa....

Buenas noches:

 El tema de esta noche es muy claro; lo ha escrito Valeria Sabater en La Mente es Maravillosa; está muy claro, cuando abres los ojos después de un daño, es muy difícil volver atrás, es muy complicado; abrir los ojos hace que empieces a ser otra persona, la persona de después del daño, de después de la experiencia vivida; la persona que han herido de una manera u otra y que se ha dado cuanta de que la vida no era lo que pensaba. Leamos y después analizamos.

Valeria Sabater 3, Abril 2017 

Hay heridas que en lugar de abrirnos la piel nos abren los ojos. Cuando eso ocurre, no cabe otra opción más que coger los pedazos rotos de nuestra felicidad perdida para recomponer la propia dignidad. Un amor propio necesario para seguir adelante con la cabeza alta y la mirada firme, sin mirar atrás, sin mendigar realidades imposibles…

Este acto de descubrimiento o de toma de conciencia de una verdad, no siempre llega tras un acto doloroso que nos golpea sin esperarlo y sin anestesia. En ocasiones, acontece de forma sibilina, tras muchos pocos que al final hacen “un mucho”, como un rumor discreto pero persistente, que al final nos convence de algo que quizá ya sospechábamos casi desde un principio.

Dentro de una concepción más espiritual, es común hablar de lo que se conoce como el “tercer ojo”. Es sin duda un concepto interesante y curioso que en sus raíces tiene mucho que ver con esta misma idea. Para el budismo y el hinduismo en este ojo se localiza nuestra conciencia y esa intuición que favorece un adecuado despertar personal. Un nuevo estado de atención en el que podemos percibir ciertas cosas que en otros momentos se nos escapan.

Porque ese es quizá el mayor problema que tenemos las personas: miramos pero no vemos. En ocasiones, nos dejamos llevar por nuestras rutinas hasta desdibujarnos en la insatisfacción. También es habitual que nos dejemos atrapar en ciertas relaciones en las que lo damos todo, sin percibir que lo que obtenemos a cambio es el veneno de la infelicidad.

Abrir los ojos a estas realidades no es un simple despertar a la conciencia, es un acto de responsabilidad personal.

Miramos pero no vemos: es momento de abrir los ojos

Fue el propio Aristóteles quien dijo una vez que son nuestros sentidos quienes se limitan a captar la imagen del mundo exterior como un todo. En este sentido, solo cuando hay una clara voluntad podemos ver la verdad, porque es entonces cuando la mente toma un contacto auténtico con lo que le rodea y con sus reveladores detalles.

Conseguirlo no es fácil. Porque se necesita intencionalidad, intuición, sentido crítico y ante todo valentía para ver las situaciones y circunstancias reales y no como nos gustaría que fueran. Decir que muchos de nosotros andamos por nuestra realidad con una venda en los ojos puede sonar algo desolador, pero cuando las personas acuden en busca de un terapeuta con el fin de encontrar el origen de su ansiedad, de su cansancio, de su mal humor y de esa apatía vital que les quita el ánimo y la esperanza, el profesional realiza varios descubrimientos.

Uno de ellos es la férrea resistencia a ver las cosas tal y como son en realidad. “Mi pareja me quiere, sí, a veces me trata mal pero luego, cuando arreglamos las cosas, vuelve a ser esa persona maravillosa que tanto me ama”. “Sí, al final tuve que dejar la relación con esa chica porque a mis padres no les agradaba, pero es que ellos siempre han sabido lo que era mejor para mí…”

Las personas nos negamos muchas veces a querer ver las cosas tal y como son por muy y variadas razones. Por temor a vernos a nosotros mismos y a descubrirnos, por miedo a tener que afrontar una verdad, por temor a la soledad, a no saber cómo reaccionar… Estas resistencias psicológicas son obstáculos mentales: empalizadas que actúan como mecanismos de defensa que alejan la felicidad.

No se nos puede olvidar que la felicidad es, por encima de todo, una acto de responsabilidad. Porque cuando por fin uno lo consigue, cuando logramos abrir los ojos, ya no hay vuelta atrás: es momento de actuar.

Cómo aprender a abrir tus ojos

Un modo sencillo, práctico y útil de aprender a abrir los ojos a la verdad es dando un descanso a nuestra mente. Sabemos que algo así puede resultar paradójico, pero no se trata en absoluto de silenciarla, de apagarla o de quitar las llaves al motor de nuestros procesos mentales. Se trata simplemente, de desacelerar, para de algún modo, encender ese “tercer ojo” del que hablan los budistas.

“Lo esencial, siempre es invisible a los ojos”
-El Principito (Antoine de Saint-Exupéry)-

Te enseñamos los pasos a seguir.

  • Sitúate en un lugar relajado, libre de estímulos que capten la atención de tus sentidos más físicos (sonidos, olor, sensaciones físicas de frío, agobio o presión ambiental…).
  • Cuando intentamos aquietar la mente, es común que al instante, irrumpan molestos pensamientos automáticos, intrusivos y carentes de utilidad: cosas que hemos hecho, que hemos dicho, cosas que nos han pasado, que otros nos han dicho…
  • Cada vez que llegue hasta ti uno de estos pensamientos intrusivos, visualiza una piedra que es lanzada a un estanque. Imagina como cómo impacta contra la superficie del agua para después, desaparecer.
  • A medida que logremos controlar y apartar los pensamientos automáticos y sin utilidad, llegarán poco a poco esos otros donde se inscriben los miedos, las molestias, e incluso esas imágenes que se hallan grabadas en nuestros subconsciente y a las que no habíamos prestado atención (una falsa sonrisa, una mirada despectiva…).
  • Es momento de reflexionar sobre esas sensaciones y esas imágenes para preguntarnos por qué nos hacen sentir mal. Lo importante en esta fase es evitar justificaciones y juicios rápidos (mi pareja me ha dicho esa palabra despectiva porque seguramente, yo lo he provocado). Debemos ver las cosas tal y como son, aunque nos parezcan crudas, aunque descubramos que son temiblemente dolorosas.

 

Para que este ejercicio traiga resultados y nos permita abrir los ojos, debemos practicarlo a diario. La verdad ascenderá tarde o temprano hasta nosotros para quitarnos la venda de nuestro corazón y esos cerrojos donde nos hallábamos atrapados e insatisfechos.

Tras esto, ya no seremos los mismos y solo cabrá una opción, una salida y una obligación personal: mirar hacia delante, hacia nuestra propia libertad y felicidad. Quedarse atrás queda ya terminantemente prohibido.”

Es increíble cómo la verdad muchas veces la conocemos, pero no queremos verla; otras veces esa misma verdad va apareciendo poco a poco y asentándose en nuestras vidas para, en un momento determinado, hacer que nos demos cuenta de lo que realmente pasa y de lo que realmente tenemos que cambiar.

Realmente es cierta la frase de “miramos pero no vemos” y por ello creemos que hemos tenido una intuición con algo; en realidad está a la vista, lo hemos mirado pero no le hemos hecho mucho caso por  la necesidad de seguir la rutina que tenemos, y es muy real que abrir los ojos es un acto de responsabilidad personal, porque los únicos responsables de nuestra felicidad somos nosotros mismos. Eso pasa en muchos casos con los enfermos de fibromialgia, que nos cuesta abrir los ojos por miedo a enfrentarnos a la realidad nosotros solos y enfermos, así que, en muchas ocasiones, preferimos no ver algunas realidades y seguir adelante con la infelicidad que sentimos.

No debemos tener miedo a abrir los ojos, debemos ser responsables y hacerlo para conseguir ser felices y llegar a conseguir las metas que nos vayamos poniendo. Cada vez que consigamos una meta, nuestra autoestima irá aumentando, por lo que debemos ser conscientes y buscar metas que podamos alcanzar para no frustrarnos. A medida que nuestra autoestima vaya en aumento, iremos alcanzando metas cada vez mayores y seremos más felices cada día. Este es un poco el espíritu de nuestra Red de Ayuda y Apoyo, alcanzar metas para poder ayudar y apoyar a las personas que padecen fibromialgia, a sus familiares y amigos, pero partiendo del origen y caminando despacio, porque debemos de tener pies firmes para encontrar caminos adecuados y permitir que nuestros ojos se vayan abriendo ante las cosas desagradables que vamos encontrando y poder identificarlas y apartarlas de nuestro camino.

Creo que este es un buen artículo para cualquiera, pero sobre todo para nosotros, los fibromiálgicos que hemos vivido con tanto peso en nuestro cuerpo y en nuestra mente y que debemos saber dejar ya atrás desentendiéndonos de lo negativo y buscando metas que nos aporten cosas positivas que nos ayuden a estar menos estancados en el dolor y vivir con más alegría y con más ganas de luchar por nosotros mismos.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz.