12 de abril de 2017

Árbol con botones

Buenas noches:

No iba a volver a escribir, me sentía triste y agotada, pero de repente me puse a leer los comentarios que muchas de las personas que leen el blog van dejando en los escritos y entonces me dije que sí, que valía la pena otro esfuerzo para hacer llegar el sentir de algunas de las personas que leen el blog. otras que están en la Red, otras que viven cerca de personas que tienen fibromialgia y otras que, irremediablemente se aburren con mis escritos.

Esta mañana hablo telefónicamente con una compañera que se sentía mal `por diferentes motivos. Después de un rato al teléfono me agradece el tiempo que le he dedicado y es entonces cuando me doy cuenta de que la que tiene que agradecer soy yo; yo he de agradecerle que haya confiado en mi para dialogar, para contarme una parte de su vida que es muy importante para ella; yo tengo que agradecerle que forme parte de forma tan activa del grupo de ayuda y apoyo y que esté presente cuando la necesitamos sin poner objeción; yo soy quien le tiene que agradecer que con el tiempo que lleva viviendo esta enfermedad, es muy capaz de enseñarnos cómo la vive y cómo hace para minimizar los síntomas; yo le tengo que agradecer su amor, su tiempo, sus palabras, su ayuda y su cariño. Tengo tantas cosas que agradecer.

Luego hablo con algunas compañeras de la red de ayuda y apoyo y lo mismo, están luchando como campeonas, a pesar de la enfermedad que sufrimos, a pesar de los problemas familiares, del tiempo que dedicamos a los hijos, de los temporales, de las parejas, etc; a pesar de todo eso están cogiendo muletas y fuerzas para seguir adelante; para seguir luchando por dar a conocer esta enfermedad para que podamos ayudar a quienes la padecemos y a quienes necesiten ayuda por ser familiar o por ser amigo. No podemos olvidarnos de que en esta ecuación el denominador común es el sufrimiento y padecimiento de la misma, es la incertidumbre, es el desánimo y la remontada; es el decaimiento y la subida de la montaña rusa. Esta es nuestra enfermedad, que afecta tanto a pacientes como a familiares y amigos. El otro día una compañera me decía que esto no era justo para su familia y yo le digo que esto no es justo para nadie, pero sobre todo no es justo para personas que estamos dispuestas a luchar y a seguir buscando ayudas. No es justo para nuestros familiares pero son ellos los que deciden quedarse o no a nuestro lado, por lo que no podemos cargarnos con la responsabilidad de la decisión que ellos toman.

Nada de esto es justo, pero debemos saber que tenemos que vivir con ello y compaginarlo con la convivencia familiar de nuestros hijos que quieren ir al parque o de nuestras parejas que quieren una vida diferente, esta es la que tenemos y la que podemos entregar, por lo que debemos sentirnos orgullosos por lo que damos y entregamos cada día.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz.