15 de abril de 2017

Niños jugando

Buenas tardes:

A veces un sustos no nos dejan avanzar, pero como siempre nos quedamos con lo positivo, me quedo con el alivio de que no ha sido nada serio. Cierto, no ha sido nada serio, pero siempre hace mella en nuestro cuerpo y, teniendo en cuenta que ya estaba saliendo de un malestar por el estrés que me ocasionó el principio de semana, ahora sigo dolorida, más de lo que ya debería sentirme, pero no se puede tener todo, así que asumimos y seguimos adelante con el buen humor inquebrantable que me aporta la tranquilidad de poder tener el tiempo que necesito para descansar y la posibilidad que estoy teniendo de comunicarme con mi marido sin interrupciones y en un tono tranquilo y cariñoso.

Hoy sábado, después de la visita al hospital, me encuentro en el sillón tumbada, dolorida y algo nerviosa pero bien. Los días van pasando y se va acabando la semana santa, así que hay que ir empezando a pensar en el retorno a la realidad pero sin dejar de disfrutar de esto que, por otra parte, también es realidad. Estoy aquí escribiendo para poder llegar a las personas que me leen, las que se ocupan de saber cómo nos va, las que quieren acercarse a la realidad de otras personas con fibromialgia por el simple hecho de sentirse acompañados o para saber que lo que les ocurre es real, es cierto, que no están locos, que no están inventándose nada, que todo es cierto, que la fibromialgia es real, que tiene muchos síntomas y muchos diferentes de unos pacientes a otros y en los mismos pacientes; pero qué difícil es reconocerlos todos en uno mismo o en nuestros amigos en la enfermedad.

Hoy el día está gris, aunque en el sur de Gran Canaria eso no es normal. El viento sopla como casi toda la semana santa y sin embargo los niños siguen jugando fuera, el las zonas comunes de los bungalows, sin sentir el aire que sopla, sólo se preocupan de comer y jugar, como debe ser a esas edades. A veces los miro sin que ellos me vean y desearía poder sentir de esa manera. No tener tantas preocupaciones y no pensar en el futuro como algo incierto y gris. Ellos simplemente se preocupan de lo que realmente es importante, de lo que nos mantiene con vida, la comida y la bebida, y de lo que realmente es la vida: vivir. Qué afortunados son y qué capacidad tenemos los adultos de romperles esos esquemas y hacerlos personas “serias” y enseñarles un nuevo sentido equivocado de la vida. Igual, si los dejáramos evolucionar  a su manera, si dejáramos que crecieran sin tanta norma, sin tanto encorsetamiento, dejándolos caminar hacia donde ellos quieran sin ponerles frenos continuamente, quizás entonces la vida sería diferente, la vida sería vida y no un corsé que nos somete continuamente diciéndonos dónde, cómo cuándo y por qué.

Bueno, después de volver a casa voy a intentar poner mis cosas al día; voy a intentar que mi vida vaya caminando hacia el lugar que debe ir, no hacia el corsé al que estaba sometida. Debo mirar con mucha ilusión y con cautela hacia dónde me quiero dirigir, porque no quiero que mi vida sea la que ha sido hasta ahora; mi vida debe ser la que yo elija y eso es lo que me va a hacer feliz. Empezaré por observar a los pequeños de la casa, escucharlos, y entonces, todo será más sencillo. Buscaré alguna actividad que la fibromialgia me deje realizar, una en la que me sienta realizada y que pueda hacer con la pasión. Empezaré por probarme a mí misma, por animarme a conseguir lo que quiero y por compartir lo mejor que tengo con quienes me quieren, me respetan y comparten mis peores momentos. Ellos son los que se merecen lo mejor de mí, además de mí misma.

Bueno, mis sentimientos en este momento están más que encontrados entre ellos, por lo que creo que no aclaro mucho lo que quiero, pero, si no me equivoco mucho, este es otro de los regalos que nos deja la fibromialgia, así que lo asumo como tal y sigo adelante.

Gracias por leerme, les mando besos abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz.