17 de abril de 2017

WIN_20170417_16_12_37_Pro

Buenas tardes:

La verdad es que pese a las vicisitudes de la vida, hoy me siento muy afortunada; y digo hoy porque todos sabemos lo que significa esta enfermedad: ahora estás bien y dentro de diez minutos te encuentras sumida en un enorme agujero negro.

Sigo en el sur, porque el colegio de los niños coge el lunes después de semana santa como festivo, así que Inés -que es la que está con nosotros- no tenía que asistir hoy al centro. Hoy hace buen tiempo, cesó el viento y hace calor, lo que al fin me ha permitido ponerme un biquini. Al cesar el viento se acabó también la tierra que había cada día en el ambiente. No se pueden imaginar qué pinta de paraíso tiene esto ahora; no hay casi nadie, sólo extranjeros; Inés disfruta en la piscina nadando y saltando sin parar y yo la observo desde la terraza al tiempo que escribo este post. Es fantástico para conseguir un poco de relajación.

Aunque me levanté muy nerviosa, con mucho dolor y con las manos y los dedos inflamados, he conseguido tranquilizarme a medida que pasa el tiempo y al aire libre ya que en toda la semana santa no salí del bungalow. En el cielo no hay ni una sola nube y las palmeras le dan a este entorno un cierto aire de oasis en medio del silencio de la época propia del año. El dolor no ha pasado, pero con este sol y parece que lo vives de otra manera; qué lástima que no nos acordemos de eso cuando estamos en pleno brote. Es increíble, mi hija me llama desde la piscina para mandarme besos, no se puede pedir más; cuando me doy cuenta de que lo tengo todo…..

Sí, es cierto, también tengo fibromialgia y el cansancio se va tornando en fatiga crónica, pero eso no puede ser el fin de la vida; no puede serlo. La vida es algo más que sentirse enferma y no querer mirar las cosas positivas que tenemos y que podemos dar. Somos lo que proyectamos y yo -salvo en algunos momentos por la necesidad de ser honesta- quiero proyectar amor, buenas vibraciones -o vibras como dice mi querida Erica- quiero proyectar ánimo, serenidad y todo lo positivo que pueda tener dentro de mí. Es cierto, he pasado una semana santa envuelta en dolor, desánimo, miedo y mucho cansancio, pero ya está, ya pasó y ahora lo que hay es dolor e inflamación, pero también muchas ganas de coger el mundo con mis manos y poder entregárselo a las personas para que se sientan mejor. Eso es lo que me mueve y es por lo que voy a luchar.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz.