28 de mayo de 2017

Moneda

Buenas tardes:

Cómo se han sentido al ver que alguien a quien amas, o simplemente quieres, cambia de repente y se convierte en otra persona? Qué harías si mutara hacia alguien totalmente desconocido?

Muchas veces me he planteado cómo se deben sentir nuestros familiares al ver que cambiamos tanto cuando la fibromialgia comienza a hacer estragos en nuestras personas; Muchas veces me he imaginado lo perdidos que deben sentirse nuestros amigos al ver que prácticamente no queremos estar a su lado; muchas veces me pregunto por qué han de entendernos ellos cuando nadie les explica que sí, que esta enfermedad existe y que los padecimientos son los que son y no otros.

Es cierto, es cierto que también existen personas inmaduras que sólo te quieren si estás bien -es decir, que no te quieren-, malas que sólo han querido aprovecharse de lo que pudieras darle y no han querido estar cuando tú los has necesitado; inseguras, que se les ha venido el mundo encima por no saber responder ante esta situación, etc.

Pero si nos paramos a pensar, y yo no entro a valorar la condición o realidad de cada uno, y nos ponemos en el lugar de esas personas que están en nuestra familia o círculo de amigos, entenderemos que no debe ser fácil estar con alguien que, de repente empieza a tener bruscos cambios de humor, pocas ganas de socializarse, un cansancio descomunal y un humor exacerbado. Todo esto debe perder a las personas que comparten nuestra vida, máximo cuando casi ningún médico es capaz de explicarles cómo actuar y cómo pueden apoyarte y acompañarte en esta nueva trayectoria que debes emprender gracias a la fibromialgia.

Rompo una lanza en favor del círculo familiar y de amistad que nos acompaña, que nos apoya, que nos entiende, y que nos sigue amando a pesar de nuestros cambios y de nuestra aparente falta de interés hacia lo que antes hacíamos en compañía de todos ellos. Rompo también una lanza en favor de los fibromiálgicos que ha sido capaces de explicar a sus seres queridos en lo que consiste esta enfermedad; y rompo una lanza más en favor de quienes han hecho lo posible por adaptarse a la nueva situación y han comenzado a vencer a esta enfermedad junto a quienes la padecemos.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz.