11 de junio de  2017

Cuando amenazó con contar lo que sabía, no supe muy bien a lo que se refería, era una intriga para mí. Él se abalanzó sobre mí intentando, con sus fornidas manos, atraparme, asustarme y que le contara algo que yo, inocente de mí, no sabía ni lo que era.

Siguió apretándome los brazos contra la pared mientras yo lloraba desconsolada y atemorizada -nada iba a hacer que parara en su afán de sonsacarme lo que quería saber. No sé cuántos minutos duré aquel mal trago, aunque para mí fueron horas, hasta que apareció él, el único hombre que podía ayudarme en ese momento; el único hombre que me hacía sentir y me hacía vibrar con su sola presencia; el único hombre para el que yo tenía ojos y cada uno de mis sentidos; el único hombre….

Se acercó a mi atacante y con voz calmada le pidió que me soltara, que no quería cometer ninguna atrocidad pero que no iba a permitir que le dejara sin la única mujer a la que había amado. Yo eso no lo sabía, así que como comprenderán, me derretía por momentos. No me soltaba, la sangre dejaba de llegar a mis brazos de la fuerza con la que me agarraba, y mi espalda, brutalmente sostenida contra la pared, dolía como si estuviera pinchada con diferentes clavos alrededor de la misma.

Agarró a mi atacante por la espalda y lo intentó separar de mí, pero como no lo conseguía, no le quedó otro remedio que sacar su arma y advertirle antes de disparar. Un disparo certero, le dio pero la bala no se quedó dentro, por lo que me atravesó el tórax alojándose suavemente en mi corazón. Qué mala suerte, pienso en el suelo mientras varias personas intentan salvarme la vida. Qué mala suerte pero es real, me despido de este mundo feliz después de saber que el hombre al que amo me ama también a mí, pero ironías de la vida, fue el mismo que depositó esta bala asesina en mi corazón, por lo que la despedida ya la pueden imaginar.

Ya me siento muy cansada y no me quedan fuerzas para abrir siquiera los ojos, por lo que adiós, espero que nos volvamos a encontrar en otro mundo o en otra vida, y espero también que siga enamorado de mí allí. Adiós!!!

María Díaz.