20 de junio de 2017

Día soleado

Buenas tardes:

Bonito y soleado día en Canarias. Bonita mañana con mi hijo. Me gusta disfrutar de ellos de forma individual también, los conoces más y son capaces de abrirse mejor y de contar más cosas.

Bueno, estoy contenta porque estoy siendo capaz de seguir la dieta que me ha mandado el doctor. Nada de dulces -por supuesto-, nada de lácteos, nada de carne….bueno, para abreviar, frutas, verduras y pescados blancos. Sólo de vez en cuando algo de salmón. Bueno, es un detalle que no me haya puesto cantidades máximas, porque si no…. Como decía la estoy haciendo a raja tabla y he conseguido bajar bastante peso desde entonces, por lo que me siento más ligera y ágil.

Otra de las cosas que me “obligó” o recomendó es hacer ejercicio. Siempre suaves como caminar y ejercicios de estiramientos. Ana y yo estamos caminando una hora y cuarto al día y para los días que, por lo que sea no podemos quedar, me he comprado un stepper y, la verdad es que lo utilizo y sí que cuesta hacerlo. está muy bien para los días que no podemos salir por cualquier cosa. te pones a hacerlo viendo la tele y trabajas mucho las piernas y el corazón, que es lo que más necesito en este momento, ya que estaba perdiendo toda la capacidad aeróbica que tenía.

Cuando ves los avances, aunque sean mínimos, te vas animando y cada vez te pones nuevas metas, aunque ahora los objetivos son a corta distancia, ya no puedo exigirme más.

Cuando el médico me dijo que mi capacidad para realizar la actividad que realizaba antes se había visto reducida un 70% y que sólo podría mejorar mi calidad de vida pero no mi cantidad de la misma, me quedé un poco en estado de schok. Lo primero fue salir del médico y dar un paseo por Barcelona intentando que pareciera que no pasaba nada mientras hablaba con mis hijos por teléfono. Lo siguiente fue ir de compras para relajarme, aunque por supuesto, “todo estaba bien”. El día siguiente ya fue otra cosa. Habíamos llegado muy tarde a Gran Canaria, por lo que sólo tuvimos tiempo de acostarnos y dormir. Al despertar estaba agotada y con muy pocas fuerzas; fue ahí donde me derrumbé, me di cuenta de que así podrían ser el resto de mi vida y fue cuando comencé a llorar sin poder articular palabra. Lloré y lloré porque no encontraba ningún consuelo en la soledad a la que me enfrentaba ese día.

Después de descargarme tuve que reaccionar y decirme a mí misma que esto no iba a poder conmigo, que yo y sólo yo era la única que podría salir de ese bajón y que, realmente, lo único diferente que había pasado en el médico era que le habíamos puesto nombre al resto de cosas, porque los síntomas ya los estaba sufriendo, así que convoqué una reunión con todos mis hermanos y mi padre para ponerlos al día de lo que había, después me fui a la inauguración de las olimpiadas del colegio de mis hijos y paré en una tienda de deportes para comprarme el stepper, y decidí que iba a ponerme las pilas con mi cuerpo, que iba a bajar peso y que iba a dejar de comer lo que el médico me decía que me hacía mucho daño.

Realmente estamos enfermos, pero sigo insistiendo en que la actitud que adoptemos ante la propia enfermedad determina mucho la calidad de vida que vamos a tener, por lo que debemos hacer las cosas que nos hacen sentir bien, debemos luchar por nuestra autonomía, debemos dejar de aguantar a las personas que nos resultan tóxicas, debemos dejar de leer lo que creemos que no nos aporta nada o lo que nos aburre y debemos hacer del movimiento y del aire libre nuestros mejores amigos.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que vivan sus vidas, que dejen de estar pendientes del resto en todo momento y que hagan lo que les hace disfrutar.

María Díaz.