02 de agosto de 2017

Desnudar el alma

Buenas tardes:

Qué extraño se me hace escribir líneas cuando paso por la vivencia de esperar resultados médicos; resultados de personas que tienen que determinar si creen o no en ti; si tu patología es determinante para estar incapacitada o no; de si tu patología es real o no -recordemos que aún quedan muchísimos médicos que no creen en nuestra condición. Qué difícil se me hace poder expresar lo que siento en estos momentos en los que la ansiedad es la tónica y la que dirige los actos que llevo a cabo casi cada día, a la espera de que sigan observándome, como si fuera un animal enjaulado, para determinar si lo que yo siento y lo que padezco -algo que ellos no pueden ni imaginar- es incapacitante o no.

Ayer hablaba con mi querida Erica. Estuvimos llorando juntas, emocionándonos por saber que nos tenemos y que por fin alguien, directamente relacionada con nosotras, nos entiende. Hablábamos de cómo fue su ultrajante tribunal médico; como la dejaron prácticamente desnuda para que enseñara unas cicatrices que no tenían absolutamente nada que ver con la condición. Ella lo relata como algo humillante, para después jubilarla por “loca”, porque en ningún caso la han jubilado por padecer la condición que padecemos ni por nada relacionado a ella. Esta realidad es algo que me he encontrado con algunas de las personas con las que he hablado y a las que se les ha reconocido la incapacidad; nunca ha sido por padecer fibromialgia o fatiga crónica o SQM; siempre es por ansiedad, depresión, etc.

Hablamos largo y tendido sobre este tema y yo le reconocía que estaba agotada de ver a tantos especialistas diferentes a los que, en cada primera visita, les tenía que contar lo que padecía desde el principio. Ellos no se pueden imaginar lo desagradable que es contar siempre lo mismo? Le comenté a Erica que yo me sentía “violada” cada vez que entraba en una consulta diferente a contar mis “miserias” a personas a las que no conocía de nada. Un ejemplo es el de ahora, es uno de los que me parece más sangrante. Me han dado cita para ir a ver a una psiquiatra, a la que no conozco de nada, a contarle cómo me siento, para que ella, que no me conoce de nada, determine si estoy apta para ir a trabajar o no. Se supone que la relación psiquiatra-paciente se construye con el tiempo y la confianza de la comunicación fluída; pues el tiempo que voy a tener para abrir mis entrañas a una desconocida es justamente sola una consulta. No les parece inhumano? Y estoy absolutamente segura de que no soy la única que vive esta injusticia. No soy la única que tiene que contar sus vivencias, sus intimidades, sus sentimientos, sus dolores, sus miedos, etc a alguien a quien está viendo por primera vez y de quien, en gran medida, depende la conclusión de tu evaluación.

En fin, esta es la realidad a la que nos enfrentamos y la que tenemos que sacar adelante cada día, así que hagámoslo con una sonrisa en los labios y con el deseo de que las cosas vayan cambiando para nosotros y para el resto del mundo. Hagámoslo soñando que el mundo puede cambiar y que los humanos podemos “humanizarnos” aún más y que tendremos en cuenta, en algún momento de nuestra evolución, al prójimo como un igual al que hay que cuidar y ayudar.

Gracias por leerme, les mando besos y abrazos de algodón rogándoles que compartan para poder ayudar a más personas.

María Díaz.